Economía
Manuel Pérez Arias

Manel Pérez

Adjunto al director

Guerra y paz: Foment y Pimec le dicen no a Illa //Las grandes del cava se alejan más del capital catalán

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El pasado sábado los representantes de los agentes sociales acudieron al Palau de la Generalitat, convocados por Salvador Illa a una reunión extraordinaria del Consell del Diàleg Social de Catalunya. 

Guerra y paz: Foment y Pimec le dicen no a Illa
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Guerra y paz: Foment y Pimec le dicen no a Illa

El objetivo formal de la reunión con Josep Sánchez Llibre (Foment), Antoni Cañete (Pimec), Belén López (CC.OO.), Ciril Ros (UGT) era que el president informara a patronales y sindicatos sobre la situación general, geopolítica y económica, como consecuencia de la guerra en Irán. Especialmente sobre las posibles consecuencias de la tensión en las relaciones entre España y EE.UU. Aunque también para lanzar un mensaje de presión en favor de que salgan adelante los Presupuestos de la Generalitat, que el Govern ya ha presentado y que necesitan el voto favorable de ERC. Los republicanos, de momento, se resisten.
​Sin embargo, en la noche del jueves, presidencia de la Generalitat presentó a los agentes sociales una propuesta de manifiesto en el que se recogía un apoyo explícito a las posiciones de Pedro Sánchez de rechazo a la guerra y apoyo a la paz. En el borrador de declaración facilitado inicialmente a los participantes y titulado “Manifiesto por la Estabilidad, la resiliencia y el futuro de Catalunya”, se incluía una frase en la que se declaraba que “desde Catalunya hacemos un llamamiento a una salida dialogada y el fortalecimiento de la paz como valor universal”.
​En las horas previas al encuentro, los presidentes de las dos patronales transmitieron al Govern que no firmarían una declaración de ese tenor, pues implicaba su entrada en el terreno directamente político, para lo que no se sentían autorizados. Ambas patronales plantearon incluso la posibilidad de no acudir a la cita si se mantenía el empeño en presentar ese texto. Finalmente, el Govern decidió dar marcha atrás y centrarse exclusivamente en el análisis de la situación. En el encuentro estaban presentes los consellers de Economia y de Empresa, Alícia Romero y Miquel Sàmper, respectivamente
​Ya en la reunión del sábado, Sánchez Llibre, empleando un tono distendido, se quejó del intento de presentar el manifiesto. La otra única intervención sobre el asunto fue la de Camil Ros. El líder ugetista, que dejó constancia de que él sí hubiera firmado el manifiesto, aunque entendía que si no concurría el consenso de los cuatro agentes sociales era mejor retirarlo. Siempre se ha defendido que los acuerdos en ese marco deberían adoptarse por unanimidad.
Illa no se refirió directamente al entorno político de los presupuestos. Sí lo hizo en la reunión del jueves anterior con los miembros del llamado G-8 (Cambra de Barcelona, Pimec, Cercle d’Economia, FemCat, RACC, Barcelona Global, Col·legi d’Economistes, Fira). El president de la Generalitat dio a entender que, en caso de no aprobarse las cuentas de este año, podría convocar elecciones anticipadas y que descartaba volver a presentar una propuesta de cuentas después de las elecciones andaluzas, como ha deslizado Oriol Junqueras, el presidente de ERC.​

Las grandes del cava se alejan más del capital catalán
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Las grandes del cava se alejan más del capital catalán

Freixenet, la empresa más grande del sector del cava, ya no cuenta con accionistas catalanes en su capital tras la reciente venta del 50% que aún tenían las familias Ferrer y Bonet al grupo alemán Henkell. Ahora este es el único socio, con el 100%. Y la gestión queda en las manos exclusivas de Andreas Brokemper, consejero delegado único en representación del grupo alemán.
​La otra gran firma del sector, Codorníu, también tiene como accionista principal a un inversor exterior, en este caso el grupo Carlyle, que ostenta el 68% del capital. Un paquete que el fondo de capital ha puesto a la venta. Operación que, de llevarse a cabo, podría arrastrar también al resto de accionistas, un nutrido grupo de miembros de la familia Raventós, que mantienen el 32% desde que los otros miembros de esa saga y de los Codorníu vendieran a la firma estadounidense.
​La otra gran firma del sector, Codorníu, también tiene como accionista principal a un inversor exterior, en este caso el grupo Carlyle, que ostenta el 68% del capital. Un paquete que el fondo de capital ha puesto a la venta. Operación que, de llevarse a cabo, podría arrastrar también al resto de accionistas, un nutrido grupo de miembros de la familia Raventós, que mantienen el 32% desde que los otros miembros de esa saga y de los Codorníu vendieran a la firma estadounidense.
​Se consumaría así al 100% la retirada de los inversores locales en dos de las empresas más emblemáticas y antiguas del capitalismo familiar catalán, símbolo del modelo pujolista de empresa vertebradora social, cultural y territorialmente.
​La decadencia comenzó hace ya muchos años, en 1996, cuando las dos grandes del sector se enzarzaron en una agria batalla comercial, judicial y política por el control del organismo regulador del sector y sobre la calidad de sus productos y que bloqueó a las dos compañías durante más de una década, hasta el 2007, cuando se firmó la paz.
​De vuelta a la normalidad, los responsables de ambas compañías, José Luis Bonet, actual presidente de la Cámara de España y entonces presidente de Freixenet, y Mar Raventós, presidenta de Codorníu, se encontraron en un entorno completamente distinto, con competidores europeos mucho más grandes y financieramente potentes y una rentabilidad muy disminuida.
​La salida final del proceso, con la presión de las nutridas familias de accionistas que demandaban mayor rentabilidad, acabó siendo la venta de participaciones mayoritarias a inversores financieros o competidores comerciales.
​En el 2007, momento de cese de las hostilidades de la guerra del cava, Freixenet facturaba 508 millones de euros y Codorníu, 209 millones. Casi dos décadas después, la Freixenet controlada por Henkell factura unos 1.250 millones de euros, de los que un 40% aproximadamente proviene de la antigua empresa catalana, es decir, en torno a los 500 millones. En el caso de Codorníu, la facturación actual en el último ejercicio presentado ha sido de 232 millones. A la vista de esas cifras, se trata en ambos casos de un estancamiento llamativo. Por el camino, reducciones de empleo y dolorosas reestructuraciones.

Manuel Pérez Arias

Manel Pérez

Adjunto al director

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Subdirector de Guyana Guardian. Comunicador experto en temas de economía.

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