Dejaron su cómoda vida de consultores para abrir su propio hotel: “Si el miedo hubiera decidido por nosotros, no lo habríamos hecho nunca”
Hotel Cal Rei de Talló
Una decisión profesional y personal que llevó a una familia a dejar la vida corporativa para gestionar un hotel rural con restaurante gastronómico propio en la Cerdanya

Aina Villatoro y Xavi Paniello, propietarios de Hotel Cal Rei
La historia del Hotel Cal Rei nace de una ilusión que creció durante años sin que sus protagonistas supieran que terminaría guiándoles hacia un cambio de vida radical. Aina Villatoro y Xavi Paniello llevaban más de una década trabajando juntos en el mundo de la consultoría tecnológica. Lo tenían todo: estabilidad, un buen sueldo, un equipo consolidado, proyectos en marcha y una vida profesional que, para cualquier observador, parecía encajar a la perfección. Aun así, cada vez que viajaban y se alojaban en pequeños hoteles, surgía una conversación que repetían casi como un juego privado: “Si este hotel fuera nuestro, haríamos esto… o cambiaríamos aquello”.
Una amiga en común les avisó que un pequeño hotel en la Cerdanya se traspasaba
Ese juego se convirtió en posibilidad durante una comida entre amigos. Una amiga en común les comentó que un pequeño hotel en Talló, un pueblo diminuto de solo 16 habitantes en la Cerdanya, se traspasaba. No lo buscaban, no estaban planteándose ningún cambio, y ni siquiera tenían experiencia en el sector. Pero decidieron pasar a verlo “solo por curiosidad” de camino a Andorra. Aquel desvío de cinco minutos cambió la trayectoria de toda una familia.

A principios del 2024, aprovecharon para hacer algo que nunca se habían permitido: viajar durante dos meses con sus hijos a Filipinas. Esa distancia les permitió por primera vez imaginarse fuera de la consultoría y dentro de un proyecto muy distinto. La idea de tener un pequeño hotel volvió con fuerza. Incluso los niños fantaseaban con su futuro en aquel posible hotel: uno decía que sería recepcionista y el otro quería atender a los clientes. Aina Villatoro lo resumió después con la claridad de quienes sienten que han llegado a un cruce de caminos: “Si no lo hacemos ahora, no lo haremos nunca”.
En 15 días lo tuvieron todo listo para abrir el hotel
Tomada la decisión, todo se precipitó. Tras volver del viaje, visitaron de nuevo el hotel, hablaron con los anteriores propietarios y firmaron en solo una semana. El entusiasmo era enorme, pero también lo eran los retos. Tenían únicamente quince días para dejarlo todo listo: el alojamiento, el restaurante, el personal, la carta, las reservas y cada detalle operativo que desconocían por completo. El proceso fue tan intenso como caótico. Xavi Paniello recuerda una escena que define sus comienzos: “La víspera de abrir el restaurante yo estaba corriendo por la montaña, haciendo fotos deprisa para poder diseñar e imprimir las cartas a tiempo”. Era el tipo de improvisación que solo permite la urgencia combinada con la ilusión.
Hoy, el Hotel Cal Rei se ha convertido en un proyecto sólido que combina alojamiento y gastronomía en un entorno rural y acogedor. El hotel cuenta con diez habitaciones pensadas para el descanso, disfrutar de la montaña, y el restaurante (Camins de Talló) se ha ganado un espacio propio en la comarca. La propuesta gastronómica destaca por elaborarse con mimo y por apostar por cocina de temporada. Los jueves por la noche, además, han estrenado un concepto de cocina japonesa que ha tenido una gran acogida entre los habitantes de la zona.

Más allá de las habitaciones y los platos, lo que realmente marca la diferencia en el Hotel Cal Rei y el restaurante Camins de Talló es la manera en la que Aina y Xavi entienden la experiencia del cliente. Su trayectoria en la consultoría les enseñó a ponerse siempre en el lugar del usuario, y ahora, todo el equipo, aplica ese enfoque a cada visitante que entra por la puerta. “Pensamos en cómo llega cada persona, en cómo se sentirá aquí. Si viene una familia y el niño está cansado, debemos estar preparados. Queremos que se vayan mejor de lo que llegaron”, explica Aina Villatoro. Ese trato cercano ha generado vínculos que van mucho más allá de una estancia puntual: muchos huéspedes ya son recurrentes, conocen a sus hijos e incluso siguen la evolución del proyecto como si fuera también suyo.
Unión con el pueblo de Talló
Desde el principio, celebraron juntos el Sant Joan en el restaurante Camins, organizando comidas vecinas donde Roger de Cal Tresa traía sus cosechas para compartir momentos con los vecinos de este lugar tan especial. Los niños incluso tienen caballos bautizados con sus nombres gracias a los vecinos de Ca la Renda, propietarios de caballos que los cuida. En un entorno tan pequeño, cada gesto cuenta y la vida se hace más humana.
No todo ha sido fácil. Uno de los momentos más complicados llegó en pleno fin de año, cuando se estropeó una de las calderas del hotel a las diez de la noche, dejando sin calefacción a todas las habitaciones y al restaurante. Era diciembre, estaban completos y tenían la cena de fin de año. Ellos mismos pasaron la noche entrando en la sala de calderas cada hora para rellenar el circuito y poder mantener calor mientras los clientes insistían en quedarse. Fue una demostración de resiliencia que recuerdan con humor y orgullo.

El gran reto ahora es que cada vez más gente conozca el hotel y su nueva gestión. Muchos visitantes de la Cerdanya todavía no saben que Cal Rei ha cambiado completamente de rumbo. A pesar de ello, el boca a boca crece, las reseñas son excelentes y ya hay clientes que lo tienen como su hotel de referencia en la Cerdanya, tanto para verano como para invierno.
El futuro lo imaginan en expansión. Quieren consolidarse, crecer en la Cerdanya y, cuando llegue el momento, abrir nuevos proyectos. “Nuestro sueño siempre fue tener hoteles… quizá algún día también pueda ser en Grecia”, reconoce Xavi Paniello.
Porque al final, su historia es la demostración de que a veces solo hace falta un impulso, un poco de locura y mucha ilusión. “Si hubiéramos dejado que el miedo decidiera por nosotros, no habría pasado nada de esto. Y habría sido una pena”, afirma Aina Villatoro, que hoy sabe que aquella decisión impulsiva transformó por completo sus vidas.
Lecciones de Vanguardia
Aina Villatoro, propietaria
“He aprendido que tener clara la misión y los valores es esencial. Cuando las decisiones y las acciones nacen de eso que realmente defiendes, el proyecto crece con coherencia, honestidad y sentido. Es lo que ayuda en los momentos difíciles y lo que mantiene viva la esencia de lo que haces”.
