Muere Irene de Grecia, hermana y fiel escudera de la reina Sofía
Obituario
La tía materna del Rey, nacida el 11 de mayo de 1942, ha fallecido en la Zarzuela y sus restos serán trasladados a Tatoi (Grecia)

La Reina Sofía y la Princesa Irene de Grecia, en la 37º edición de los Premios BMW de Pintura, celebrados, en octubre de 2022, en el Teatro Real

La princesa Irene de Grecia, hermana y fiel acompañante de la reina Sofía, ha fallecido este jueves a los 83 años, en el palacio de la Zarzuela, como consecuencia del agravamiento de su estado de salud, tras sufrir un deterioro cognitivo y años después de superar un cáncer. La Casa del Rey ha comunicado el fallecimiento expresando el pesar de la familia real y del resto de familiares con el siguiente texto: “Sus Majestades los Reyes y Su Majestad la Reina Doña Sofía lamentan comunicar el fallecimiento de Su Alteza Real la Princesa Irene de Grecia a las 11:40 de hoy en el Palacio de la Zarzuela de Madrid ”
A falta de confirmarse oficialmente, siguiendo la voluntad de la finada, su despedida tendrá carácter privado con un velatorio familiar en la Zarzuela, y el posterior traslado de sus restos a Tatoi (Grecia) para ser enterrada junto a sus padres, Pablo y Federica, y su hermano, Constantino.
En los últimos días, la reina Sofía, que suspendió su agenda oficial, no se ha separado del lado de su querida hermana, con quien ha convivido los últimos cuarenta años y que, durante toda la vida, ha sido su fiel y discreta acompañante, su paño de lágrimas y la querida tía de todos sus sobrinos. Desde el fallecimiento de su madre, la reina Federica de Grecia, en 1981, con quien residía entre Madrás (India) y Londres (el Reino Unido), la princesa trasladó su residencia a la Zarzuela desde donde, en los últimos años, hasta que empeoró su salud, viajaba con frecuencia a Grecia, sola o en compañía de su hermana Sofía, para refugiarse en un pequeño apartamento de alquiler en el centro de Atenas.
Irene de Grecia nunca se casó, ni tuvo hijos, sus ocho sobrinos, cinco --Alexia, Pablo, Nicolás, Teodora y Philippos de Grecia--, por parte de su hermano Constantino, y tres, --Elena, Cristina y Felipe de Borbón--, por la reina Sofía, la llamaban tía Pecu, para definir su peculiar estilo de vida, más cerca de la bohemia que de la vida principesca.

La última vez que se vio en público a la princesa Irene fue el 7 de febrero del año pasado cuando, junto a la reina Sofía, y en compañía del resto de la familia real griega, asistió en Atenas a la boda del príncipe Nicolás con Chrysi Vardinogiannis. Usaba la silla de ruedas con la que también se la vio en el verano de 2024, cuando acudió a una cena familiar en Palma junto a los Reyes, la princesa Leonor, la infanta Sofía, la reina Sofía, y la recientemente fallecida Tatiana Radziwill. Un par de meses después acudió junto a la reina Sofía a un acto en el Teatro Real, donde se entregaron los premios BMW. Precisamente, en la edición pasada, celebrada el pasado 4 de noviembre, a la que ya no pudo asistir, los organizadores tuvieron un recuerdo para ella, ya que en años anteriores la función benéfica que sigue a la entrega de los premios se destinó a su organización Mundo en Armonía.
La princesa Irene sufrió, como el resto de la familia real griega, la pérdida el 9 de enero de 2023 del rey Constantino, cuyo funeral y posteriores ceremonias de recuerdo contaron con la presencia en Atenas de toda la familia. Recientemente, la reina Sofía recordaba lo unidos que estaban los tres hermanos cuando eran jóvenes y vivían en Grecia, una unión que ha perdurado durante décadas a pesar de los avatares privados y públicos.

En los últimos años, a pesar de su evidente debilidad, la princesa Irene nunca dejó de acompañar a la reina Sofía, tanto en la Zarzuela como cuando ambas se instalan unas semanas en Marivent, cuyo edificio y el paisaje a las dos hermanas les recordaban los tiempos felices en su país de origen y los veranos en la isla de Corfú. El pasado verano fue el primero en el que la princesa Irene no se desplazó a Marivent, ni tampoco lo hizo la reina Sofía que optó por quedarse en la Zarzuela acompañando a su hermana y solo viajó a Palma un día para asistir a la recepción que los Reyes ofrecieron en su residencia a las autoridades y sociedad baleares.
La hija menor de Pablo y Federica de Grecia nació el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) donde la familia real griega se había exiliado a raíz de la Segunda Guerra Mundial, hasta que con 5 años regresó a su país, sumido en una guerra civil, con su padre recién proclamado rey de Grecia. Su juventud, tras estudiar, como su hermana Sofía, en un internado de Salem (Alemania) se desarrolló en Atenas, donde estudió música y arqueología, siempre pegada a su hermana Sofía de la que le separaban algo menos de cuatro años.

La boda de Sofía de Grecia con Juan Carlos de Borbón, en 1962, supuso la primera separación de las hermanas, aunque tras el fallecimiento del rey Pablo, en 1964 y la proclamación de Constantino, tanto Irene, como Federica, la reina viuda, vivieron principalmente entre Madrid, Londres y Atenas. El golpe de estado de los coroneles y la tardía y errática actuación del rey Constantino de Grecia, provocó, en 1967, el exilio de la familia real griega; tras una primera etapa en Roma, Irene y su madre, la reina Federica, se trasladaron a vivir a Madrás (India) donde buscaron alivio espiritual en la filosofía hindú. La princesa, además, se involucró en trabajos sociales, primero con ayudas puntuales buscando dinero entre sus parientes reales para proporcionar mejoras en algunas aldeas de la zona en la que vivía y, más tarde, a través de su ONG Mundo en Armonía.

En esos años, Irene, que recibió algunas propuestas de matrimonio, se negó a casarse de acuerdo con su estatus de princesa, aunque fuera en el exilio, y tampoco mostró interés por mantener una relación amorosa. Su espiritualidad, su amor a la música, y su predisposición a la hora de acompañar, primero a su madre, y luego, a su hermana, fueron más importantes.
Tras la muerte de su madre, Irene, que en 1981, tenía 39 años, dejó su residencia en Madrás y se trasladó a Madrid, para vivir en la Zarzuela, en un pequeño apartamento de la zona de invitados, de donde a penas salía para no interferir en la vida de los entonces reyes Juan Carlos y Sofía. Viajaba a Londres para visitar a su hermano Constantino y también regresaba a menudo a la India para seguir ayudando a través de su ONG.
En los años 80, como cuñada del rey Juan Carlos, empezó a tener algunos pretendientes en Madrid como Jesús Aguirre, que posteriormente se casaría con la duquesa de Alba, y el entonces embajador de Alemania en España Guido Brunner. A ambos los espantó el propio rey Juan Carlos al darse cuenta de que su interés por la princesa Irene tenía que ver más con su afán de emparentar con la familia real (especialmente quien después fue duque de Alba consorte) que con la relación en sí con la princesa. Esta tampoco mostró mucho interés y siguió con sus aficiones y su peculiar vida.

Absolutamente discreta y sin más fortuna que unas pequeñas rentas y lo obtenido, a mediados de los 90, tras ser indemnizada por el gobierno griego por las propiedades que les habían sido expropiadas, Irene de Grecia vestía los trajes que le pasaba su hermana Sofía, era vegetariana y nunca tuvo ninguna propiedad. Las joyas que le dejó su madre las fue cediendo a sus sobrinas o las vendió para financiar sus programas en India.
Nunca llamó la atención, ni quiso protagonismo, siendo nieta, sobrina, hija, hermana y cuñada de reyes siempre huyó de los fastos de la realeza. Pasó su vida sin molestar, feliz de ser la sombra de su hermana Sofía y la tía más peculiar para todos sus sobrinos.