Un pescadero revela la diferencia al comprar entre los mayores y los jóvenes: “Me dicen 'ponme lo que tú veas'”
Historias de barrio
Un comerciante de un mercado madrileño explica cómo la edad influye en la forma de pedir, elegir y relacionarse en el mostrador

Un pescadero pone sobre la balanza el contraste entre generaciones en el mercado: “Los jóvenes me dicen 'ponme lo que tú veas'”
En el Mercado de Villaverde Alto, en Madrid, un pescadero se ha convertido en protagonista inesperado en redes sociales al poner palabras a algo que observa a diario detrás del mostrador. Con naturalidad y humor, explica que la forma de comprar pescado cambia mucho según la edad del cliente. “Me dicen ‘ponme lo que tú veas’”, cuenta en el TikTok del mercado, refiriéndose a una frase habitual entre los más jóvenes.
El comerciante, de la Pescadería Curado Morales, participa en una iniciativa impulsada junto a la Asociación Profesional de Comerciantes para dar visibilidad al mercado a través de contenidos en redes. En uno de los vídeos, que ha acumulado miles de visualizaciones, relata las diferencias que percibe entre los clientes adultos y los jóvenes, tanto en el trato como en la manera de hacer la compra.
Formas distintas de pedir en el mostrador
Para ilustrarlo, pone como ejemplo a una madre, uno de los perfiles más habituales en su pescadería. “La mayor viene y te dice: hola cariño, buenos días, ¿me puedes poner esto?”, explica. Según relata, este tipo de clienta suele tener claro qué quiere y cuánto necesita: “Ponme un kilo de esto, ponme un kilo de aquello, o un kilo y cuarto”.
La escena cambia cuando quien se acerca al mostrador es un cliente joven. “Hola, ¿qué pasa tío? ¿Me das uno de estos?”, imita el pescadero. A la hora de concretar cantidades, la respuesta suele ser mucho más imprecisa: “Va, ponme lo que tú veas, lo que tú quieras”, una confianza que, asegura, se repite con frecuencia.
La experiencia también se nota en lo que se aprovecha
Otra de las diferencias más claras aparece en el aprovechamiento del producto. Según cuenta, las clientas de más edad suelen pedir que les deje las cabezas y las espinas “para un caldito”, mientras que los jóvenes no les ven utilidad alguna. “¿Espinas? ¿Yo por qué quiero eso? Tíralo”, reproduce entre risas.
El contraste también se refleja en las preguntas y dudas. “Una madre me dice: ‘¿Pero eso estará bueno?’ Y antes de que le contestes ya te dice: ‘Bueno, ¿tú qué me vas a contestar?’”, relata. En cambio, con los jóvenes la elección suele ser más rápida y despreocupada. “Le dices si quieres de este o de este otro y te dicen: ‘Ponme lo que tú quieras, da igual’”.