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Ayuso estrena gafas en la Asamblea y suma un nuevo código a su imagen

Moda y política

La presidenta madrileña apuesta por unas gafas de líneas cuadradas en carey, un gesto estético que refuerza su imagen de autoridad y rigor en el escenario político

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, interviene durante el pleno que este jueves celebra la Asamblea regional 

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, interviene durante el pleno que este jueves celebra la Asamblea regional 

Daniel Gonzalez / EFE

El último pleno en la Asamblea de Madrid ha dejado una imagen distinta de Isabel Díaz Ayuso. Más allá del debate parlamentario, el foco se ha desplazado hacia un detalle concreto de su apariencia: la presidenta estrenó gafas graduadas en público. No es un cambio radical, pero sí lo suficientemente evidente como para generar conversación en un entorno donde cada gesto cuenta.

La montura elegida responde a un modelo clásico de líneas cuadradas, tamaño medio y acabado en carey. De estructura fina pero marcada, enmarca la mirada sin resultar excesiva. El efecto jaspeado en tonos marrones y ámbar aporta calidez y suaviza el conjunto, una elección que recuerda inevitablemente al arquetipo de Clark Kent, el periodista de gafas sobrias que ocultaba su identidad superheroica.

En términos de tendencia, la decisión no es casual. Tras varias temporadas dominadas por monturas metálicas casi invisibles o diseños transparentes, las formas geométricas con mayor presencia han recuperado protagonismo. Las siluetas rectangulares y cuadradas estructuran el rostro y proyectan carácter sin caer en la extravagancia. En el caso de Ayuso, cuyas facciones tienden a la curva, el contraste con líneas angulosas define más la mirada y afina visualmente las mejillas.

El tamaño escogido también resulta significativo. Ni demasiado pequeño ni ‘oversize’, el modelo enmarca el ojo y se integra en el rostro manteniendo visibilidad. En un pleno parlamentario, donde la comunicación no verbal es clave, esa medida intermedia transmite equilibrio: formalidad sin rigidez y personalidad sin estridencias.

El carey, por su parte, es uno de los grandes clásicos de la óptica. Surgido a finales del siglo XIX como material asociado al lujo artesanal, hoy se reproduce en acetatos que imitan el efecto moteado original. Frente al negro —más severo— o las monturas transparentes —más etéreas—, el carey ofrece un punto medio eficaz: aporta autoridad, pero con matices cálidos que lo hacen versátil y atemporal.

La escena conecta inevitablemente con lo ocurrido hace unos meses con Pedro Sánchez, que compareció en el Senado con gafas de Dior de inspiración ochentera. Como entonces, el estreno de gafas abre una lectura simbólica. Asociadas tradicionalmente al trabajo intelectual y la concentración, refuerzan una imagen de rigor. En política, donde la estética rara vez es inocente, una simple montura puede convertirse en mensaje.