Chanel, cuatro años después de su triunfo en el Benidorm Fest: desde la insatisfacción ante el recibimiento de su primer disco hasta un periodo actual de transformación.
Una artista reconstruida
La artista regresa con una propuesta más definida, superando las limitaciones anteriores.

Chanel, en una imagen de redes sociales.

Resulta imposible no recordarla siempre que una edición del Benidorm Fest llega a su fin. Al conmemorarse el cuarto aniversario de ese 2022 que transformó su destino, Chanel Terrero regresa al Palau d’Esports L’Illa en calidad de invitada especial para la gala definitiva de este 14 de febrero de 2026. Su triunfo mediante SloMo no únicamente le brindó el micrófono de bronce, sino que significó la legendaria tercera posición para España en Eurovisión después de alcanzar 459 puntos en Turín. Esa joven anónima que acompañaba a Shakira en los MTV Europe Music Awards de 2010 se ha convertido actualmente en una figura clave del sector.
No obstante, la trayectoria posterior al triunfo en Europa ha enfrentado diversos obstáculos técnicos y dilemas sobre su esencia musical. Aun con logros tales como prestar su voz a Ennui en Inside Out 2 o alcanzar certificaciones multiplatino con Clavaíto al lado de Abraham Mateo, la intérprete ha vivido una etapa de renovación interna. Después de un tiempo de introspección y ajuste, la vocalista oriunda de La Habana y formada en Olesa de Montserrat ha conseguido liberarse de los vínculos que restringían su enfoque artístico para acoger aquello que define como su “plan B”.
Rechaza cualquier vínculo con el caso.
La separación de su identidad y el abandono de lo que solía ser su sonido
La publicación de su álbum inicial, ¡Agua!, en enero de 2024, marcó una etapa de transición agridulce. A pesar de integrar doce canciones que navegaban por ritmos como la bachata y el reggaetón, la intérprete reveló en mayo de 2025 a LOS40 que no se sentía representada por la obra. “No tiene nada que ver conmigo. No tiene nada que ver en el pasado y no tiene nada que ver conmigo ahora”, declaró. Esa carencia de sintonía la impulsó incluso a realizarse un tatuaje conmemorativo sobre una pieza que sus previos colaboradores le exigieron añadir sin su consentimiento.
La crisis de identidad pública se agravó antes con la pérdida de los derechos de la coreografía original de SloMo, creada por Kyle Hanagami. Durante meses, la artista tuvo prohibido ejecutar los movimientos que hipnotizaron a Europa, viéndose forzada a crear una versión alternativa para sus directos. Esta situación legal supuso un “jarro de agua fría” que la mantuvo alejada de su esencia hasta que, en junio de 2025, anunció la recuperación de los derechos del icónico dance break y su abanico.
“Ahora empieza el plan B con el equipo que quiero, la seguridad que quiero y el aprendizaje que he vivido”, comentaba Terrero durante la charla mencionada previamente. Después de reconocer que al comenzar no se sentía “con el suficiente valor” para hacer valer su visión al ser principiante en el sector, la artista ha asumido el control de su trayectoria profesional. Esta firme resolución se manifiesta en un esquema laboral en el cual su parecer constituye, por vez primera, el pilar fundamental de toda acción.

Nueva etapa
La inauguración de su reciente etapa sonora por medio de la exploración
El presente periodo autónomo de la intérprete se caracteriza por un encadenamiento de temas que se distancian del pop comercial. La serie integrada por Antillas, Una bala y Zakaza —esta última enfocada en la herencia ballroom— ha actuado como introducción a su propuesta de mayor escala. Su reciente unión con Lapili en Matahari afianza una propuesta musical espiritual y combativa que evoca a iconos del pasado como Cleopatra, Medusa o la misma agente secreta que da título a la pista.
Esta noche, la audiencia del Benidorm Fest 2026 será testigo de la culminación de este proceso de transformación. Junto a otros ganadores como Blanca Paloma o Nebulossa, Chanel cierra un ciclo de cuatro años regresando al origen, pero con una propuesta renovada. La reconstrucción de su proyecto musical no solo marca un cambio de estilo, sino la consolidación de una artista que ha aprendido a decir “no” para encontrarse a sí misma.