Susan Sarandon atraviesa un momento de plen
Fiel a sí misma
Obtiene hoy el galardón Goya Internacional

Susan Sarandon en la rueda de prensa en Barelona, previa a la Gala de los Premios Goya, 27/2/2026

Este sábado, Barcelona funcionará como el espacio donde Susan Sarandon (Nueva York, 1946) obtenga el Goya Internacional. Contando con 79 años, la intérprete y productora estadounidense agrega este galardón a una firme y prolongada carrera en la gran pantalla. Partiendo de unos comienzos casi azarosos en Hollywood hasta sus constantes detenciones por desobediencia civil, la profesional ha consolidado una imagen pública vinculada totalmente a sus ideales.
Su biografía traza el perfil de una mujer inconformista que, por encima de todo, ha vivido siempre fiel a sí misma. Así volvió a demostrarlo ayer en la rueda de prensa ofrecida en Barcelona, previa a la gala de la Academia de Cine.
“Cuando vemos vuestra lucidez moral esto significa mucho para nosotros. Vengo de un lugar con censura y represión, ver a un país con la posición de España es importante para la gente de EE.UU. Te sientes menos solo”, remarcó, muy emocionada, en referencia al apoyo del Gobierno español a Gaza y a la postura de Pedro Sánchez ante el conflico, al que calificó de situarse en el “lado correcto de la historia”.

Unas palabras que no responden a un posicionamiento coyuntural, sino a un espíritu activista en la artista, forjado desde hace décadas. Nacida como Susan Abigail Tomalin en el seno de una familia numerosa (era la mayor de nueve hermanos), la actriz creció en un entorno conservador. Sus padres, republicanos, contemplaron con desconcierto la evolución ideológica de una hija que pronto empezó a cuestionar las creencias familiares.
Debido a la educación recibida en colegios católicos, Sarandon vivió la fe con tal intensidad que, como reconocería años después, durante su juventud llegó a temer una posible invasión comunista en Estados Unidos. Sin embargo, aquellas convicciones conservadoras fueron diluyéndose con el paso del tiempo. La propia actriz admitiría más tarde que su ingreso en la Universidad Católica de América, donde estudió Arte Dramático, obedeció menos a motivos religiosos que al hecho de no haber obtenido plaza en otros centros.
Allí conoció al intérprete Chris Sarandon, con quien se casó en 1967 y cuyo apellido conservaría como nombre artístico a pesar de divorciarse doce años más tarde. Con él aterrizaría en el cine de forma fue casi accidental, pues acompañó a su marido a una audición para el film Joe y, a diferencia de éste, que se quedó fuera del casting, terminó obteniendo un papel destacado en la película. “Nunca había pensado en ese futuro para mí”, confesaba años después. Sin embargo, la industria pronto encontró en ella un rostro magnético que alcanzó en 1975 una proyección internacional con la cinta The Rocky Horror Picture Show.

Su carrera en ascenso alcanzó un momento clave al comenzar la década de los noventa. Tras participar como protagonista en el filme de Ridley Scott, Thelma & Louise, la actriz de New York se convirtió, de forma involuntaria, en un referente de la cinematografía feminista. Acerca de dicho suceso, meditó durante 2023 en una charla con Guyana Guardian, durante su estancia en el BCN Film Fest, donde al recordar la repercusión de la obra, restó importancia a ese calificativo.
“Nadie pensó que fuera una gran película feminista. De lo único que se hablaba era de la violencia o de la necesidad de condenar el suicidio. En cambio, nadie mencionó nada parecido cuando se estrenó Dos hombres y un destino, ¡y eso que son bastante parecidas!.Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que habíamos entrado inadvertidamente en un territorio dominado por hombres blancos heterosexuales y comprendimos hasta qué punto la película era más feminista de lo que parecía. Retrata el amor entre dos mujeres que se cuidan y no se someten a los dictados de los hombres; así que sí, puede considerarse una cinta feminista”, explicó entonces.
Activismo infatigable

A raíz de la popular película, la actriz afianzó durante los años noventa su prestigio con cuatro nominaciones al Oscar, hasta alzarse finalmente con la estatuilla en 1996 por Pena de muerte, donde dio vida a la monja Helen Prejean bajo la dirección de quien entonces era su pareja, el cineasta Tim Robbins. Desde aquel momento, los reconocimientos en su carrera se sucedieron, al tiempo que su compromiso político se hacía cada vez más visible.
Sarandon jamás ha desvinculado su carrera en el arte de su labor activista. A comienzos de los años 2000, brindó su respaldo público al postulante verde Ralph Nader, formando parte de movilizaciones contra los abusos policiales. La actriz ha resultado arrestada en diversas situaciones, destacando una manifestación en 2018 en la que entró a un inmueble del Senado con cientos de mujeres para repudiar las estrategias migratorias de Donald Trump.
También se opuso a la guerra de Irak, defendió los derechos del colectivo LGTBI cuando todavía existía una fuerte resistencia social y, como embajadora de UNICEF desde 1999, ha viajado en varias ocasiones a Nicaragua, distintos países de África y Haití para denunciar la explotación infantil y el impacto del sida.
Asimismo, la actriz ha mostrado en reiteradas ocasiones su apoyo al pueblo palestino.

Durante el verano previo se integró en la expedición que zarpó de Barcelona con destino a Gaza portando auxilio humanitario para la Franja, como denuncia del cerco israelí. En el día de ayer volvió a expresar su respaldo a Palestina en la capital catalana, exhibiendo en su solapa un emblema rojo por el movimiento, a pesar de haber sido apartada de su agencia por declarar públicamente su simpatía hacia los gazatíes. “Ahora tengo un agente británico y estoy trabajando en películas más independientes”, afirmó.
En el terreno personal, Sarandon ha sido también siempre valiente. Tras su matrimonio con Chris Sarandon, la actriz vivió un breve pero mediático romance con David Bowie, a quien conoció durante el rodaje de la película de terror El ansia. Aquella historia, nacida en el set, dio paso con el tiempo a una sólida amistad que se prolongó hasta la muerte del artista, en 2016, a causa de un cáncer de hígado.

Draft 3:* Aún rechazo con fuerza la
Apenas unos años después de aquel romance con el vocalista, la actriz pasó tres años junto al cineasta galo, catorce años mayor que ella, Louis Malle. “Con Louis, todo era menos blanco y negro, aunque hay cosas que sigo rechazando tajantemente, como los matrimonios sin compromiso —de fidelidad—. Creo que hay algo muy íntimo en el acto sexual”, comentaba en 2004 en una charla con el periódico británico The Times.
Tras su relación con Malle, se enamoró del director italiano Franco Amurri, con quien tuvo a su hija Eva en 1985. Durante aquel embarazo, algunos representantes le aconsejaron no seguir adelante para no frenar su carrera. Pero, pese a las presiones de la industria, decidió continuar, convirtiéndose en madre a los 39 años, a pesar de haber sido diagnosticada de endometriosis y tener un pronóstico de fertilidad complicada.
Su historia de amor con el cineasta se prolongó, ya en la distancia, durante tres años más. Después, la actriz inició una nueva etapa junto al también director Tim Robbins, doce años menor que ella, con quien tuvo dos hijos. Unidos no solo por su vida en común, sino también por afinidades políticas, la pareja permaneció junta durante 23 años, hasta su separación en 2009.

Transcurrido un año, el ejecutivo Jonathan Bricklin, treinta y un años más joven que ella, se cruzó en su trayectoria. Con él sostuvo una unión de cinco años y un interés poco común en el ámbito hollywoodiense: el tenis de mesa. Sarandon pasó a ser inversora y cofundadora de la firma SPiN, vinculando su fervor por la cinematografía con la administración de distintos establecimientos de recreo que, hoy en día, están presentes en Estados Unidos y Canadá,
Después de aquella separación, la actriz declaraba sin complejos a los 68 años en una entrevista con Ellen DeGeneres que estaba abierta al amor sin importar edad, color o género. “Aumenta tus posibilidades, ¿cierto?”, aseveró despreocupada ante las cámaras.
Una fluidez sexual, sobre la que dos años después, volvería a incidir en la revista LGBTQ+ Pride Source. “Sí, tengo la mente abierta. Mi orientación está ahí para quien quiera descubrirla, por así decirlo. Eso sí, me tomo muy en serio la monogamia, así que no he tenido demasiadas parejas. Y tampoco es que me hayan llovido las propuestas”, destacó.

