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El jinete Luis Astolfi anuncia que padece ELA: “De momento, puedo valerme por mí mismo”

Tiene 66 años

El que fue y sigue siendo amigo íntimo de la infanta Elena asegura que piensa “seguir montando a caballo”

Luis Astolfi en Sevilla en abril del 2024

Luis Astolfi en Sevilla en abril del 2024

GTRES

El jinete sevillano Luis Astolfi, uno de los grandes referentes históricos del salto ecuestre español y amigo íntimo de la Infanta Elena, ha anunciado que padece esclerosis lateral amiotrófica (ELA). El propio deportista, que representó a España en cuatro Juegos Olímpicos, ha decidido compartir públicamente la noticia tras mantenerla en la esfera privada durante los últimos meses.

“De momento, puedo valerme por mí mismo para todo, y ojalá que siga siendo así. No me planteo nada que no sea positivo”, ha explicado con serenidad. En declaraciones concedidas a El Pespunte, reconocía que hasta ahora apenas había trascendido información sobre su estado: “La gente no sabe nada”. Pese al diagnóstico, asegura que afronta esta nueva etapa con entereza: “Yo, gracias a Dios, me encuentro bien”.

Luis Astolfi, en el 2020
Luis Astolfi, en el 2020GTRES

La ELA es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a las neuronas motoras encargadas de controlar los músculos voluntarios. Astolfi, de 66 años, ya percibe algunos síntomas: “Me lo noto un poco el habla y en un brazo que tengo un poquito peor”. Sin embargo, subraya que no siente dolor y que mantenerse activo es fundamental en su día a día. “Trabajar es una de las mejores cosas que me puede pasar. Así que, mientras pueda, seguiré montando y trabajando”, afirma con determinación.

Nacido en Sevilla en 1958, Astolfi creció en el entorno del Real Club Pineda, donde comenzó a montar con apenas once años. A lo largo de su carrera defendió la bandera española en cuatro citas olímpicas: Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, Juegos Olímpicos de Seúl 1988, Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y Juegos Olímpicos de Sídney 2000. Especialmente recordado es el cuarto puesto logrado en Barcelona 92, uno de los hitos del equipo español de salto.

En noviembre pasado, el Ayuntamiento de Sevilla y el Real Club Pineda le rindieron un emotivo homenaje tras el Gran Premio Ciudad de Sevilla. Fue uno de sus últimos actos públicos de relevancia, con la presencia de la Infanta Elena, gran apasionada de la hípica y persona muy cercana a él desde los años ochenta. La relación entre ambos se remonta a aquella década, cuando coincidieron en el circuito ecuestre y forjaron una complicidad basada en la pasión compartida por los caballos. Astolfi no solo fue compañero de concursos, sino también maestro y consejero de la hermana mayor de Felipe VI en cuestiones técnicas y estratégicas relacionadas con el salto. Con el paso del tiempo, esa conexión deportiva se transformó en una amistad sólida y duradera.

En distintas ocasiones, el jinete ha definido ese vínculo como “una amistad entrañable de toda la vida y mucha complicidad”. Cuando coinciden en competiciones, él la asesora con la naturalidad de quien conoce al detalle cada aspecto de la disciplina; ella, amazona constante y comprometida, escucha y pone en práctica sus indicaciones. “Es muy buena alumna”, ha comentado en más de una ocasión, destacando su disciplina y dedicación.

Trabajar es una de las mejores cosas que me puede pasar. Así que, mientras pueda, seguiré montando y trabajando”, afirma

A lo largo de los años, su cercanía ha despertado comentarios y especulaciones que nunca fueron confirmados oficialmente. Sin embargo, el tiempo ha consolidado una relación basada en la lealtad y el respeto mutuo, alejada de cualquier foco innecesario. La infanta ha sido una presencia habitual en momentos importantes de la trayectoria de Astolfi, y su asistencia al homenaje celebrado en Sevilla simbolizó décadas de amistad y apoyo recíproco.

Más allá de los focos, el jinete siempre ha proyectado una imagen de elegancia y discreción. Tras retirarse de la alta competición, centró sus esfuerzos en la cría, la organización de concursos y la formación de jóvenes promesas. Su entorno lo define como un hombre disciplinado, poco dado al ruido y fiel al trabajo constante.

Ahora, ante el mayor obstáculo de su vida, mantiene la misma filosofía que aplicaba en la pista. “No soy una persona de comerme el coco. Lo que pueda pasar, pues habrá que adaptarse y punto. Es lo que toca”, afirma con naturalidad. De momento, se siente “un poquito más débil”, pero insiste en que se ve bien y que seguirá vinculado al caballo mientras le sea posible.

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