Isabel Preysler y Tamara Falcó, madrinas de honor del nuevo local de Íñigo Onieva
Noche madrileña
Madre e hija deslumbraron con estilismos en negro en la inauguración del Vega Members Club

Isabel Preysler y Tamara Falcó, en la inauguración del nuevo local de Íñigo Onieva

La noche madrileña sumó este viernes un nuevo punto de encuentro para la élite social y empresarial. El Vega Members Club, impulsado por Íñigo Onieva, abrió oficialmente sus puertas el 6 de marzo a las 21 horas en el número 88 de la calle Lagasca, en pleno barrio de Salamanca. La inauguración reunió a numerosas figuras conocidas del panorama social, aunque dos nombres destacaron especialmente como madrinas de honor del evento: Isabel Preysler y su hija Tamara Falcó, que deslumbraron con estilismos en negro y una presencia muy comentada entre los asistentes.
El acto marcó la puesta en marcha de uno de los proyectos más ambiciosos del empresario. Apenas unos días después de participar en la Maratón de Tokio, Onieva regresó a Madrid para liderar la presentación del exclusivo club privado del que es socio ejecutivo. La iniciativa cuenta además con el respaldo del futbolista Cristiano Ronaldo, con quien ha colaborado para desarrollar un concepto inspirado en los selectos clubs sociales que triunfan en ciudades como Nueva York o Londres, pero adaptado al estilo social de la capital española.

Ubicado en el espacio que durante años ocupó el estudio de la diseñadora Elena Benarroch, el local ha sido completamente transformado por el reconocido interiorista Lázaro Rosa-Violán. El resultado es un ambiente elegante y sofisticado pensado para ofrecer privacidad a sus socios. Con una superficie cercana a los 1.000 metros cuadrados, el club combina zonas de reunión, salas reservadas y espacios pensados para encuentros discretos entre empresarios, creadores y profesionales influyentes.
La identidad estética del lugar bebe de referencias artísticas de figuras como Victor Vasarely, Eduardo Chillida, Wassily Kandinsky y Joan Miró, lo que aporta al conjunto un carácter contemporáneo y cosmopolita. Sin embargo, uno de los aspectos que más llama la atención es su estricta política de privacidad: dentro del club no está permitido el uso del teléfono móvil para realizar fotografías o grabaciones. El objetivo es que quienes lo visiten disfruten de las experiencias sin la exposición constante de las redes sociales.
El acceso tampoco es sencillo. El club tiene previsto limitar su comunidad a un máximo de 500 miembros, que deberán superar un proceso de selección diseñado para reunir perfiles relevantes en los ámbitos empresarial, cultural y creativo. Existen distintas modalidades de membresía, aunque la más exclusiva solo se obtiene por invitación directa. En ese caso, los candidatos deberán abonar un pago único de 15.000 euros que les garantiza acceso vitalicio, reservas preferentes y experiencias diseñadas a medida.