Historia moderna

Mengs, el iniciador del Neoclasicismo, persiguiendo la belleza en el Prado.

Arte

Bajo la premisa de rendir tributo a los antiguos maestros, Anton Raphael Mengs les otorgó un enfoque diferente. El Museo del Prado exhibe actualmente una notable muestra dedicada al artista de Sajonia que podrá visitarse hasta el 1 de marzo.

Detalle de ‘Autorretrato’, Antonio Raphael Mengs, c. 1760-61.

Detalle de ‘Autorretrato’, Antonio Raphael Mengs, c. 1760-61.

Madrid, Fundación Casa de Alba, Palacio de Liria

Fue aclamado como el descubrimiento de la centuria. Se trataba de una pintura mural romana hallada recientemente en un sitio poco conocido, que mostraba una imagen sugerentemente homoerótica. Daba la impresión de haber sido creada específicamente para cautivar al investigador Johann Joachim Winckelmann. Y efectivamente ocurrió. El sabio germano cayó en la trampa y pronto difundió que dicha obra representaba “la más bella de las que nos ha legado la Antigüedad”. Al confirmarse, sin ningún género de duda, que Júpiter y Ganimedes constituía un fraude moderno en lugar de una pieza romana antigua, Winckelmann deseó que el suelo se abriera bajo sus pies. No se logró probar, por ahora, que la pintura apócrifa fuera obra de Anton Raphael Mengs, aunque el vínculo entre los dos, anteriormente muy cercano y afectuoso, se distanció hasta romperse por completo transcurridos un par de años.

Júpiter y Ganimedes, falso fresco sobre lienzo moderno, en la Galleria Nazionale d’Arte Antica, palazzo Barberini (Roma)
Júpiter y Ganimedes, pieza que simula un fresco sobre tejido actual, que se halla en la Galleria Nazionale d’Arte Antica, palazzo Barberini (Roma)Roma, Galleria Nazionale d’Arte Antica, Palazzo Barberini.

¿Qué motivó a Mengs a realizar tal engaño? No resultaba extraño, en esos años, timar con supuestos recuerdos de la antigüedad a los desocupados aristócratas británicos que completaban su Grand Tour por Italia. Tampoco era inusual que un creador buscara fama midiéndose con los ilustres maestros de antaño. No obstante, todo indica que la finalidad de esta breve farsa fue, de hecho, avergonzar a Winckelmann.

Aquel individuo ya se había consolidado como el principal conocedor de la estética clásica a nivel global, debido a su vasta sabiduría personal, ciertamente, aunque igualmente por las nociones técnicas y aplicadas que Mengs, en su faceta de creador, le había transmitido sin que sus contribuciones fueran admitidas de forma abierta ante la sociedad. Se estaba gestando una corriente inédita, el Neoclasicismo, que pretendía descifrar el misterio de la excelencia para transformarse en el modelo supremo de referencia, mientras ambas personalidades de gran calado luchaban por reclamar su autoría original.

‘Lamentación sobre Cristo muerto’, Antonio Raphael Mengs, 1768
‘Lamentación sobre Cristo muerto’, Antonio Raphael Mengs, 1768Madrid, Galería de las Colecciones Reales, Patrimonio Nacional

La trayectoria de Anton Raphael Mengs (Aussig, Bohemia, 1728-Roma, 1779) no se debió únicamente a su capacidad, destreza y empeño, sino a un destino marcado de antemano. Su progenitor, artista en la corte del elector de Sajonia, seleccionó sus nombres propios como tributo a Antonio Correggio y Rafael Sanzio. Igualarlos para aventajarlos pasó a ser el objetivo primordial de su existencia, tal como evidencia, verbigracia, su Lamentación sobre Cristo muerto (1768), pintura sobre madera influenciada por el Pasmo de Sicilia del maestro de Urbino.

Nacido para pintar

Durante sus diversas temporadas en Italia, Mengs elabora una propuesta estética que integra el análisis del entorno natural con el estudio de los autores clásicos, los cuales, bajo su perspectiva, son principalmente nueve: Tiziano, Van Dyck, Rembrandt, Rubens, Pietro da Cortona, Guido Reni, Poussin y los referidos Rafael y Correggio, sumando además a los escultores griegos.

Es posible obtener una destreza diferente de cada autor: maestría en el cromatismo, las luces y sombras, el diseño, los pliegues, el gesto y la armonía. Su integración genera la receta mística de la estética eterna, un misterio que los clásicos conocían y que las exageraciones del Barroco terminaron por arruinar.

‘Carlos III, rey de España y de las Indias’, Anton Raphael Mengs, 1765
‘Carlos III, rey de España y de las Indias’, Anton Raphael Mengs, 1765Copenhague, Statens Museum for Kunst; bajo la tutela de Patrimonio Nacional, Colecciones Reales, Madrid, Galería de las Colecciones Reales

A partir de 1761, tras ser contratado por Carlos III, la trayectoria de Mengs se desarrollará alternando entre Roma y Madrid. Italia representa su hogar adoptivo, donde nacieron tanto su mujer como su descendencia, no obstante, en España aguardan importantes retos laborales, tales como el ornato del Palacio Real o el de Aranjuez.

Asimismo, en su función de pintor principal de cámara, terminará inspeccionando los cartones de la Real Fábrica de Tapices, dirigiendo a los demás creadores de la corte y pintando de forma constante a la familia real, junto a diversas obligaciones adicionales. Los soberanos de España representan los protectores perfectos para su obra: María Amalia de Sajonia comparte nacionalidad con el artista, mientras que Carlos de Borbón, un individuo instruido y receptivo a las corrientes de la Ilustración, transcurrió sus años jóvenes en Italia en calidad de rey de Nápoles.

Lo original es copiar

No obstante, Madrid jamás logra sustituir a Roma en los afectos del artista. Trata inútilmente de modificar el plan de estudios de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: en ese lugar la autoridad no recae en los creadores, a diferencia de la Academia de San Lucas en Roma, sino en la aristocracia, que ejerce su rol de protectora. Las confabulaciones y las preferencias personales corrompen tanto las ayudas económicas como las pruebas de ingreso. Mengs defiende el uso de parámetros técnicos y un sistema de enseñanza fundamentado en sus propios planteamientos y en los de Winckelmann, situando el trazo, el rigor anatómico y la emulación deliberada de la Antigüedad como bases fundamentales del aprendizaje estético. “Nunca hacer sin pensar y nunca pensar sin hacer” constituye su máxima.

‘Caterina Mengs de Angelis como musa de la Poesía’, Antonio Raphael Mengs, 1777
‘Caterina Mengs de Angelis como musa de la Poesía’, Antonio Raphael Mengs, 1777Colección particular

El resto de los intelectuales recibe con indiferencia sus planteamientos vanguardistas, y el sajón, frustrado, termina por renunciar a su puesto. No obstante, no se rinde por completo. Brevemente antes de fallecer, entregará a la Academia española su magnífica serie de vaciados. Se trata de réplicas de famosas esculturas de la antigüedad, abarcando desde la Flora Capitolina hasta la Venus de Médici, piezas que representan la perfección de armonía, limpieza y distinción que Mengs ha buscado durante toda su trayectoria profesional. De esta forma, los estudiantes que carezcan de medios para viajar a Italia dispondrán, en sus clases, de una Italia de yeso.

Hacia 1777, un Mengs debilitado consigue de Carlos III la autorización para una travesía final a Roma. Presenta indicios de intoxicación por el contacto con pigmentos nocivos, mas esto no evita que continúe ejecutando, desde su agonía, una Anunciación para el monarca que este obtendría tras su deceso.

Poco antes de su fallecimiento, le revela un secreto a su hermana: él es el creador de Júpiter y Ganimedes, el trabajo que cuestionó el prestigio de Winckelmann. Sigue siendo un misterio si sus palabras denotaban satisfacción o remordimiento.

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