Perseguidos: el acoso al colectivo LGBTIQ+ en el Tercer Reich
En el punto de mira nazi
Miles de personas LGBTIQ+ fueron criminalizadas, encarceladas y deportadas a campos de concentración en el régimen de Hitler. Algunos testimonios han sobrevivido al olvido histórico

Prisioneros del campo de concentración de Sachsenhausen, 1938. Portan un triángulo rosa, identificativo de los homosexuales
El Holocausto, como uno de los episodios más oscuros de la historia moderna, ha sido objeto de un extenso estudio que ha permitido desentrañar los horrores sufridos por millones de víctimas, en especial la población judía. Aproximadamente seis millones de judíos fueron asesinados durante los años previos al final de la Segunda Guerra Mundial, según estadísticas del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (USHMM). Sin embargo, entre las múltiples minorías perseguidas por el régimen nazi, las experiencias de la comunidad LGBTIQ+ han permanecido en gran medida en las sombras de la historiografía.
Aunque la represión de personas consideradas “no aptas” por la ideología nazi comenzó ya en los primeros años del régimen, los testimonios y los estudios sobre la persecución de homosexuales, lesbianas y personas trans han sido escasos hasta tiempos recientes. De acuerdo con estimaciones del USHMM, hasta 100.000 personas fueron arrestadas por su orientación sexual, de las cuales aproximadamente la mitad recibió algún tipo de condena, y hasta 15.000 de ellas fueron deportadas a campos de concentración, donde fueron identificadas con un triángulo.
En Alemania, la homosexualidad estaba penalizada desde 1871. El párrafo 175 del Código Penal del Reich permitía la persecución y el castigo de personas LGBTIQ+. No obstante, la vida de esta comunidad logró prosperar, en cierta medida, hasta el ascenso del nazismo en 1933, cuando Adolf Hitler fue nombrado canciller del Reich. A partir de ese momento, Hitler comenzó a planificar la creación de campos de concentración destinados a aquellos que no se ajustaran a su ideología de una “raza aria pura”.
Además de los judíos, otros grupos marginados incluyeron a homosexuales, lesbianas, personas trans, romaníes y otras minorías étnicas. En 1935, la legislación nazi no solo reafirmó la persecución de estos grupos, sino que también sancionó la supuesta inferioridad racial y biológica de aquellos que no encajaban en el ideal alemán. Fue entonces cuando las personas “no aptas” empezaron a ser sistemáticamente enviadas a los campos de concentración.

Con esta base legal de persecución establecida, es vital investigar cómo estas políticas se tradujeron en experiencias personales en los campos de concentración, donde se desdibujaron las líneas entre la vida y la muerte para muchos prisioneros LGBTIQ+.
Lucha por la vida
Aunque el encarcelamiento y la deportación a campos de concentración comenzaron alrededor de 1935, este proceso alcanzó su punto culminante en los años previos y durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En 1938, tras la anexión de Austria, países como Polonia, Checoslovaquia, Bélgica, Luxemburgo, Dinamarca, los Países Bajos y Serbia, entre otros, fueron ocupados por el régimen nazi. En estos territorios, los considerados “no aptos” para el proyecto racial nazi fueron deportados a guetos, campos de concentración u otros tipos de instituciones carcelarias, de los cuales se construyeron alrededor de 42.000 a lo largo de la guerra. Entre los campos más grandes y conocidos destacan Auschwitz-Birkenau, Buchenwald y Dachau.
En los campos, los prisioneros eran clasificados mediante símbolos o triángulos cosidos en la ropa, que indicaban la razón de su detención. Hombres y mujeres vivían separados. A los homosexuales varones se les imponía un triángulo rosa. Las lesbianas eran marcadas con un triángulo negro, junto con otros grupos marginados como los romaníes, los enfermos mentales y las personas sin techo.
Debido al fuerte estigma social y los tabúes en torno a las cuestiones de orientación sexual, los homosexuales ocupaban la posición más baja en la jerarquía social de los campos. Esto no solo los hacía objeto de discriminación por parte de los guardias, sino también de otros prisioneros, lo que reducía significativamente sus posibilidades de supervivencia.
Dado el contexto de brutalidad y estigmatización, los testimonios de los supervivientes LGBTIQ+ se convierten en una fuente inestimable para entender la complejidad de su sufrimiento. Algunas de estas historias ofrecen una perspectiva única sobre la experiencia del Holocausto.
Experiencias escalofriantes
Los testimonios son limitados. Lo demuestra el caso del Museo Judío de Praga, que en más de veinte años ha recopilado un millar largo de entrevistas a supervivientes del Holocausto sin que ninguna haya correspondido a personas LGBTIQ+. Sin embargo, entre los pocos relatos documentados al margen de este ejemplo, algunos destacan de manera particular.
Friedrich-Paul von Groszheim, un hombre homosexual, fue arrestado en varias ocasiones bajo el régimen nazi debido al párrafo 175 del Código Penal, que como hemos visto criminalizaba las relaciones homosexuales. Bajo la amenaza de nuevos encarcelamientos y torturas, los nazis le ofrecieron la libertad a cambio de someterse a la esterilización, procedimiento que finalmente le fue realizado. Solo así escapó a una posible muerte en los campos de concentración más adelante.
La documentación sobre lesbianas es aún más escasa, en gran parte debido al fuerte estigma que las rodeaba. Los pocos testimonios que se han conservado mencionan breves relaciones amorosas entre prisioneras, aunque los detalles son limitados y no han sobrevivido muchos relatos.
Entre las historias poco documentadas se encuentra la de una figura conocida como Hambo, un imitador de mujeres, cantante y artista de cabaret. Hambo fue internado en el campo de concentración de Theresienstadt, ubicado en la actual República Checa. Su carisma y talento lo hicieron muy popular entre los prisioneros, ya que participaba en numerosos espectáculos para entretener tanto a los guardias como a los reclusos. Tras sobrevivir al Holocausto, Hambo se instaló en Dinamarca, si bien se desconocen detalles de su vida posterior.
Al rescate de voces silenciadas
El estudio del acoso a la comunidad LGBTIQ+ bajo el régimen nazi es un área de la historia aún en desarrollo, pero que resulta crucial para comprender la amplitud de las políticas represivas del nazismo. Investigaciones recientes, como la obra de la doctora Anna Hájková Lidé bez dějin jsou prach: Queer touha a holocaust (“La gente sin historia es polvo: el deseo homosexual y el Holocausto”, 2024; de próxima aparición en inglés a través de University of Toronto Press), han comenzado a arrojar luz sobre estas historias olvidadas. No obstante, queda mucho por descubrir y analizar.
Visibilizar estos testimonios no solo enriquece la comprensión del Holocausto, sino que también permite reflexionar sobre la importancia de incluir a todas las víctimas en la memoria histórica. Al recuperar estas voces, la historiografía ofrece una visión más completa de los crímenes nazis y promueve, además, una memoria más inclusiva y diversa, recordando la fragilidad de los derechos humanos en momentos de extremismo y persecución.

