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Operación Barbarroja: el corazón de las tinieblas en el este de Europa

Segunda Guerra Mundial

Se publica en español una de las obras capitales sobre la guerra en el Este, ‘Barbarroja 1941’. Un retrato de las dimensiones totales, ideológicas y genocidas del choque entre dos tiranías

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El 22 de junio de 1941, tres millones de soldados alemanes cruzan la frontera soviética. Comienza la Operación Barbarroja, la mayor invasión terrestre de la historia y el inicio de un enfrentamiento que transformará la Segunda Guerra Mundial en una guerra total. Barbarroja 1941. La guerra absoluta (Ático de los Libros), de los historiadores franceses Jean Lopez y Lasha Otkhmezuri, describe ese choque titánico entre el Tercer Reich y la Unión Soviética. 

Abre el libro una imagen que evoca la famosa novela de Joseph Conrad: los soldados alemanes marchan hacia el “corazón de las tinieblas”. La invasión ha sido concebida como una cruzada racial contra el “judeo-bolchevismo”, una guerra de aniquilación cuyo objetivo es colonizar el Este y exterminar o esclavizar a sus habitantes. Más de la mitad de los prisioneros rusos capturados morirán de hambre, frío o malos tratos; millones de judíos serán asesinados o deportados. El frente oriental va a convertirse en un agujero negro de la civilización.

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Las victorias iniciales parecen confirmar el mito de la invencibilidad alemana que tantos triunfos ha cosechado en los inicios de la guerra. En las primeras semanas, el ataque alemán causa al Ejército Rojo, sorprendido y desorganizado por las sucesivas reformas de Stalin, más de 750.000 bajas, de las cuales casi 600.000 son muertos o desaparecidos. Pero tras las victoriosas marchas bajo el calor del verano llegan el otoño y el barro (la famosa rasputitsa), y el principio del desastre. El avance ha desgastado al núcleo de veteranos de la Wehrmacht.

Los autores desmienten el mito, mil veces repetido, de que la derrota alemana ante Moscú fue obra exclusiva del “General Invierno”. La verdadera causa, explican, fue un plan nacido de la arrogancia, los prejuicios racistas y la falta de cálculo sobre las necesidades logísticas, prácticamente imposibles de cumplir. La Wehrmacht no era el ejército moderno y motorizado que la propaganda presentaba: solo una de cada diez divisiones contaba con vehículos, muchos de ellos fruto del botín de las victorias de 1939-1941; el resto dependía de caballos para arrastrar la artillería y los suministros.

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Uno de los puntos fuertes de este imponente libro (también en extensión, 1.266 páginas) es la descripción metódica de la realidad de la Blitzkrieg alemana en Rusia frente a las mistificaciones de generales como Guderian o Manstein, que después de la guerra escribieron sus “recuerdos de soldados”.

El alto mando alemán había imaginado una guerra relámpago como la de 1940 en Francia, pero esta vez contra un territorio veinte veces mayor y con pésimas carreteras. Los mencionados prejuicios raciales y la subestimación del enemigo cegaron cualquier análisis racional. Hitler y sus generales creyeron que bastaría un golpe rápido para derribar al “coloso con pies de barro” soviético. En cambio, se toparon con una resistencia feroz y, sobre todo, con un enemigo capaz de reponerse a las pérdidas catastróficas.

A las puertas de Moscú, en medio de un campo de batalla arrasado, los alemanes encajan el golpe de Zhúkov y por un momento se tambalean. Es diciembre de 1941, momento en que, como el libro concluye, “todo el plan estratégico que esbozó Hitler en el verano de 1940 se viene abajo”: la URSS no ha sido derribada; Estados Unidos ha entrado en guerra; la economía alemana no puede ganar la guerra de la producción; y el peso del esfuerzo militar seguirá enfocado en Rusia durante los tres años siguientes, en lugar de vencer a Gran Bretaña, convertida en la gran base para el contraataque angloamericano de 1944.

El volumen logra un equilibrio más difícil de lo que se cree, pues consigue plasmar la brutalidad de ambos regímenes sin caer en la falsa equidistancia. Las páginas dedicadas a la violencia son estremecedoras: ejecuciones masivas de judíos por los Einsatzgruppen de las SS, aldeas arrasadas, el sitio de Leningrado convertido en un laboratorio del hambre. En contraste con la visión de una Wehrmacht puramente profesional y víctima de las ansias genocidas de Hitler, los autores demuestran que fue parte activa de esa barbarie.

Civiles de Leningrado huyen de los bombardeos, en diciembre de 1942

Novosti / DP

Del lado soviético, la represión tampoco tiene límites. El Ejército Rojo castiga con la muerte cualquier signo de debilidad de sus soldados. El Gulag proporciona mano de obra esclava para la retaguardia. La población civil queda así atrapada entre dos maquinarias totalitarias: el invasor nazi y su propio régimen.

Apoyados en fuentes en siete idiomas y en documentos soviéticos desclasificados tras 1991, los autores combinan una erudición exhaustiva con un vibrante estilo narrativo. Cada una de las cinco partes del libro se abre con escenas que condensan el drama humano de la guerra: reuniones de Hitler, interrogatorios, masacres. Barbarroja 1941 no es solo una crónica militar; es una reflexión sobre cómo la ideología convierte la guerra en genocidio. Monumental, precisa y humana, esta obra nos recuerda que en la guerra del Este no se enfrentaron solo dos ejércitos, sino dos visiones del mundo. Y que, en esa lucha, Europa entera descendió al infierno.