James Holland, historiador: “Uno no puede evitar preguntarse qué habría hecho si hubiese tenido que vivir la Segunda Guerra Mundial”

Tanquistas

Con su nuevo libro, ‘Hermanos de armas’, el autor británico nos sumerge en la historia de un legendario regimiento blindado británico, el de los Sherwood Rangers 

El historiador británico James Holland

El historiador británico James Holland

Ático de los Libros

James Holland (Salisbury, 1970) se ha consolidado como uno de los grandes historiadores de la Segunda Guerra Mundial, con más de una veintena de títulos que han sido verdaderos éxitos editoriales. Ha creado y presentado programas y series de divulgación histórica para la BBC, Channel 4, National Geographic y Discovery. Con motivo de la publicación de Hermanos de armas por Ático de los Libros, visitó nuestro país y pudimos entrevistarlo.

Hermanos de armas sigue a uno de los regimientos de carros blindados británicos, el Sherwood Rangers Yeomanry (SRY) en la última etapa del conflicto. Para reconstruir este periplo, Holland ha consultado diarios y cartas y ha entrevistado a los pocos veteranos vivos. El resultado es una obra extremadamente vívida, en la que la historia de los combatientes, sus padecimientos y sus triunfos se combinan con una meticulosa descripción de las operaciones, apoyada por un amplio conocimiento del terreno y fotografías de reconocimiento aéreo de la época.

Miembros del regimiento británico de tanques Sherwood Rangers Yeomanry

Miembros del regimiento británico de tanques Sherwood Rangers Yeomanry

Ático de los Libros

La Segunda Guerra Mundial es un tema inagotable. Pero, como el mismo Holland afirma: “Creo que nuestros interés por la guerra se explica sobre todo porque fue un inmenso drama humano. La gente común como nosotros se vio atrapada de repente en ese evento extraordinario. Uno no puede evitar preguntarse qué habría hecho si hubiera estado en esa situación”.

En lo que ya se ha convertido en una marca de fábrica de sus libros, el estilo ágil y didáctico transmite al lector las vivencias de la guerra de manera muy poderosa: el combate de blindados, en el que los antitanques, los Panzerfaust y los francotiradores alemanes podían convertir el minuto siguiente en una pesadilla de muerte y llamas –donde, según el humor negro de los tanquistas, la tripulación se “cocinaba” dentro de su vehículo–; y la vida en el interior de un Sherman, un espacio reducido donde convivían cinco soldados entre los olores a combustible, aceite, sudor y orina. El lector acompaña así a muchos de los miembros del SRY: “Lo que siempre trato de hacer, en lugar de bombardear a los lectores con un montón de personajes anónimos, es tener un elenco de personas a lo largo de todo el libro”.

Cambiando caballos por blindados

Cuando Hitler invadió Polonia en 1939, los Sherwood todavía eran un regimiento de caballería que luchaba contra los rebeldes árabes en Palestina. En 1942 cambiaron los caballos por los nuevos carros estadounidenses Grant. En las crestas de Alam el Halfa detuvieron la última embestida de Rommel hacia el canal de Suez. Dos meses después, en El Alamein, equipados con los nuevos Sherman, los SRY se vieron envueltos en un sangriento duelo en la loma de Miteiriya contra los panzer y los temibles cañones anticarro de 88 mm del Afrika Korps.

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Entre todas las formaciones británicas, Holland eligió a los Sherwood Rangers por la estrecha amistad que le une a David, hijo del teniente coronel Stanley Christopherson, quien mandó el SRY poco después del Día D hasta el final de la guerra. Junto a él, Holland visitó los escenarios de los combates de Christopherson y editó sus diarios, lo que le permitió entrevistar a numerosos veteranos del regimiento. Luego llegó la pandemia de covid, pero Holland ya había reunido suficiente material para empezar a trabajar. “Decidí centrarme en una sola unidad, los Sherwood Rangers, que eran básicamente una unidad de voluntarios a tiempo parcial, pero que a lo largo de la guerra se convirtieron en soldados de pleno derecho”.

“Disparar primero y no dejar de disparar”

Los Sherwood Rangers participaron en el Día D, con sus Sherman convertidos en carros anfibios DD (de propulsión doble) desembarcando en la playa “Gold”. El regimiento sufrió 40 bajas ese día, pero aún les aguardaba una larga y sangrienta batalla en el interior, que se prolongaría hasta finales de agosto. El 9 de junio, el soldado-poeta Keith Douglas, segundo al mando de uno de los escuadrones del SRY, murió por el estallido de un proyectil de mortero alemán cuando se encontraba fuera de su carro.

El combate en Normandía fue una dura escuela para los hombres del SRY. Lo que habían aprendido en África del Norte no servía allí. Tuvieron que adaptarse a las nuevas condiciones del terreno y las nuevas tácticas. Aquí, el enemigo, oculto en los setos, podía verlos, pero ellos apenas podían verlo a él. “Combatir con un Sherman es un desafío terrible –explica Holland–, el jefe de carro tiene la cabeza y los hombros sobresaliendo por la escotilla de la cúpula; el carro se recorta perfectamente en el horizonte y hay que ver el peligro antes de que ellos te vean a ti”.

Desembarco en el sector Jig de la playa “Gold” en Normandía en junio de 1944

Desembarco en el sector Jig de la playa “Gold” en Normandía en junio de 1944

Ático de los Libros

El comandante John Semken explicó a sus hombres que debían guiarse por una consigna sencilla: “Disparar primero y no dejar de disparar”. En lugar de mantener agrupados los Sherman Firefly –cuyo cañón largo de 17 libras alcanzaba casi un kilómetro por segundo–, los distribuyó entre los escuadrones. No obstante, el fogonazo del disparo era tan brillante (firefly significa “Luciérnaga”) que atraía de inmediato la atención enemiga.

Los aliados se enfrentaban a oponentes temibles. A pesar de sus pérdidas en el Este y de la campaña de bombardeos, la Wehrmacht seguía contando con excelentes carros de combate, como los Tiger y los Panther. Pero Holland trata de desmontar muchos de los mitos sobre la supuesta superioridad alemana que aún se repiten en multitud de publicaciones. No hay aficionado a la historia militar que no conozca las hazañas de los ases de carros de la Wehrmacht, como Michael Wittmann. “Los alemanes –explica Holland– estaban muy interesados en los ases, ya fueran de caza, de submarinos o de panzer. Pero el problema es que no los reservaron para entrenar a otras tripulaciones y los mantuvieron en el frente todo el tiempo. Inevitablemente, casi todos murieron en combate. Y cuando un héroe muere, no es una buena señal para la propaganda”.

Los Tiger y los Panther eran carros magníficos, admite Holland, “pero, siendo sinceros, su notoriedad procede tanto del temor que despertaba en los soldados aliados como de la propaganda alemana”. Los aliados, en cambio, optaron por fabricar máquinas fiables y simples, como el Sherman. Además, disponían de algo que a los alemanes les faltaba desesperadamente: petróleo.

Miembros del regimiento Sherwood Rangers Yeomanry preparan comida junto a su tanque

Miembros del regimiento Sherwood Rangers Yeomanry preparan comida junto a su tanque

Ático de los Libros

“A los alemanes y a los soviéticos se les ha dado demasiado crédito”

Cuando se le pregunta qué idea equivocada sobre la Segunda Guerra Mundial le gustaría desterrar de una vez por todas, Holland es tajante: “Creo que a los alemanes y a los soviéticos se les ha dado demasiado crédito”. Es cierto que los soviéticos sufrieron millones de bajas, pero “la guerra, a menos que puedas ganarla muy, muy rápido, acaba siendo una cuestión de números, y eso lo entendieron bien los aliados occidentales. No hay duda de que el mayor daño a la economía alemana y también a la japonesa lo causaron los aliados occidentales, no la Unión Soviética. Se derramó más sangre en la Unión Soviética, sí, pero los aliados occidentales fueron el factor determinante. Así que me gustaría que se les reconociera un poco más”.

Tras avanzar por Bélgica y Holanda, los hombres del SRY libraron las últimas batallas contra el agonizante Tercer Reich. También descubrieron sus horrores al liberar el campo de concentración Stalag X-B, donde cientos de prisioneros famélicos yacían sobre su propia inmundicia. Muchos de los veteranos arrastraron duras secuelas psicológicas a causa de la guerra.

Carros del regimiento de los Sherwood Rangers en Alemania

Carros del regimiento de los Sherwood Rangers en Alemania

Ático de los Libros

Holland, cuya lectura juvenil de los clásicos bélicos –como Cornelius Ryan o Richard Collier– avivó su interés por la Segunda Guerra Mundial, considera un privilegio haber conocido a tantos antiguos combatientes de todos los bandos. “Hay algo especial y muy valioso en leer los diarios o cartas de alguien: son increíblemente personales y están escritos en el momento, en ese día concreto de 1943 o 1944. Existe una responsabilidad de contar su historia lo mejor posible. Me involucro mucho emocionalmente. El carácter de las personas se percibe en cada página de un buen escritor de cartas o diarios: ves lo que les hace reír, lo que les preocupa, lo que les irrita. Conoces bien a esa persona, aunque sea su yo de veinte o treinta años. Y no todas las personas sobre las que escribo sobrevivieron a la guerra. Harry Heenan fue uno de esos casos: puedes ver claramente su personalidad y, de repente, un día, ya no está”.

Harry Heenan, uno de los miembros más queridos del regimiento, murió en septiembre de 1944. El libro se cierra con una conmovedora carta de Semken al padre de Harry: “Mucho me temo –escribe Semken al final– que esta carta resulte, en el mejor de los casos, profundamente insuficiente, pero quiero transmitirle mi pésame y hacerle llegar la tristeza de todo mi escuadrón por la pérdida de su hijo, a quien profesábamos el mayor respeto como hombre y un sincero afecto como amigo”.

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