El primer día de la historia y el último de los dinosaurios

Entrevista

Capitán Swing publica en español ‘Los últimos días de los dinosaurios’, aclamado libro de la paleontóloga estadounidense Riley Black que sacude nuestra visión de la evolución y de la importancia de nuestra relación con la naturaleza

La paleontóloga estadounidense Riley Black, autora de ‘Los últimos días de los dinosaurios’ (Capitán Swing)

La paleontóloga estadounidense Riley Black, autora de ‘Los últimos días de los dinosaurios’ (Capitán Swing)

Cedida

Hace 66 millones de años un asteroide de más de once kilómetros de longitud se estrelló contra la Tierra y dejó una herida geológica de 80 kilómetros de diámetro que acabó con el periodo Cretácico. Sesenta minutos después, la mayoría de los animales grandes había muerto. Los pocos supervivientes hallaron protección parcial en ríos y lagos o en madrigueras excavadas entre la vegetación calcinada, escribe la paleontóloga Riley Black en Los últimos días de los dinosaurios (Capitán Swing), obra que obtuvo en 2024 el Premio Friend of Darwin.

El cataclismo que provocó el asteroide tuvo una potencia explosiva 10.000 millones de veces superior a las bombas atómicas arrojadas al final de la Segunda Guerra Mundial, según estima Black. Los efectos fueron rápidos y desastrosos. En cuestión de minutos, el calor, las llamas, el hollín y la muerte cubrieron el planeta.

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Los paleontólogos estiman que alrededor del 75% de las especies conocidas que vivían al final del periodo Cretácico desaparecieron, entre ellos los miles de dinosaurios que dominaban el planeta. De no haberse extinguido, el mundo, con total seguridad, habría sido inhabitable para los primates bípedos que posteriormente darían lugar a los humanos. Por este motivo, algunos consideran que el día que impactó el asteroide puede considerarse como el primero de nuestra historia.

En su libro, Riley Black recrea qué sucedió en el momento del impacto, una hora más tarde, una semana, así como al cabo de 365 días, cien años, mil años, incluso cien mil años después de que la Tierra hubiese estado a punto de pulsar el botón de reinicio. Y lo hace adoptando en ocasiones el punto de vista de los animales en una obra que ha sido ensalzada por numerosos científicos. A continuación, Black traslada a Historia y Vida desde Salt Lake City, en el estado de Utah (Estados Unidos), sus reflexiones.

Representación de un asteroide de unos 10-15 kilómetros de diámetro que choca con la Tierra

Representación de un asteroide de unos 10-15 kilómetros de diámetro que choca con la Tierra

Dominio público

¿El día que impactó el asteroide en la actual península de Yucatán podría considerarse el primero de nuestra historia?

Hay muy pocos momentos en la historia de la vida en la Tierra en los que podamos señalar un instante concreto y decir “aquí es cuando todo cambió”. El devastador impacto al final del Cretácico es uno de esos pocos, porque en ese momento los dinosaurios habían prosperado en nuestro planeta durante más de 160 millones de años.

Pensémoslo de esta manera. El dinosaurio acorazado y con cola espinosa Stegosaurus vivió hace 150 millones de años, y el carnívoro Tyrannosaurus vivió hace 66 millones. Hay más tiempo entre ellos, más de 80 millones de años, que los 66 millones que nos separan del último tiranosaurio. Todas las pruebas fósiles que tenemos hasta ahora nos muestran que los dinosaurios seguían prosperando al final del Cretácico, además de muchas otras formas de vida prehistórica.

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Representación de Tyrannosaurus rex (izquierda) y Triceratops

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¿Qué habría pasado si el asteroide hubiese pasado de largo?

Si el asteroide no hubiera impactado, o incluso si hubiera impactado en un lugar diferente, la extinción masiva no habría ocurrido. Incluso si los dinosaurios no hubieran sobrevivido otros 66 millones de años, los acontecimientos esenciales que han dado forma a los últimos 66 millones de años no habrían sucedido. Los primeros primates probablemente hubiesen seguido siendo criaturas pequeñas, insectívoras, y habrían evolucionado de una manera tan diferente que los seres humanos como nosotros nunca hubiéramos existido.

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¿Cuál fue el hallazgo que más le llamó la atención al investigar para su libro?

Me sorprendió lo rápido que la vida se recuperó de la devastación. En términos relativos, un millón de años es, sin duda, mucho tiempo. Aun así, en rocas que se formaron un millón de años después de la extinción, los paleontólogos han encontrado pruebas de la existencia de bosques extensos, cálidos y densos, poblados por muchas especies de reptiles, mamíferos y plantas.

Todos los animales grandes, como los grandes dinosaurios, se extinguieron. Así que esos enormes reptiles ya no comían, pisoteaban ni derribaban la vegetación, comportamientos que mantenían los bosques abiertos. Las plantas pudieron crecer muy juntas y formar bosques densos donde muchos pequeños mamíferos exploraban nuevas formas de vivir y sobrevivir en estos hábitats tan ricos.

El hecho de competir por el espacio y el alimento llevó a los pequeños mamíferos a evolucionar de diferentes maneras

Riley Black

Las interacciones entre ellos, como el hecho de competir por el espacio y el alimento, las llevaron a evolucionar de diferentes maneras y a preferir distintas partes del bosque. Nuestros primeros antepasados primates, por ejemplo, se quedaron en los árboles y, en unos pocos millones de años, comenzaron a desarrollar rasgos como tener los ojos orientados hacia delante para poder calcular la distancia, así como pulgares y dedos opuestos para agarrarse a las ramas de los árboles.

Los bosques no solo se recuperaron rápidamente tras colisionar el asteroide, sino que formaron un entorno nutritivo en el que las aves, los mamíferos, los reptiles, los insectos y las criaturas que consiguieron sobrevivir comenzaron a sentar las bases del mundo tal y como lo conocemos hoy.

Investigaciones anteriores parecían establecer una relación causa-efecto entre el impacto del asteroide y lo que sucedió después. Sin embargo, en su libro sugiere que lo que destruyó aquel mundo fue una combinación de factores que, al conjugarse, crearon “el peor escenario posible para la vida en la Tierra”…

Es totalmente correcto afirmar que el impacto del asteroide provocó la quinta extinción masiva de la Tierra. Pero, al igual que ocurre con la extinción de cualquier especie, podemos rastrear la causa inmediata y relacionarla con algunos detalles concretos y ciertos acontecimientos fortuitos.

En el caso del asteroide, se alinearon varios factores que lo convirtieron en el peor de los escenarios posibles. El asteroide no solo era muy grande, sino que impactó en un ángulo bajo y a una velocidad increíble. Generó tsunamis y terremotos a miles de kilómetros del lugar del impacto. Eso ya habría sido suficientemente grave.

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Pero aún sucedió algo peor, el asteroide impactó en los restos fosilizados de antiguos arrecifes envueltos en piedra caliza. Estas rocas eran muy ricas en compuestos a base de azufre que la vida suele crear a medida que se desarrolla, pero cuando los compuestos a base de azufre se dispersan en la atmósfera, sabemos que a menudo crean lluvia ácida. Si el asteroide hubiera impactado contra otras rocas, quizá la extinción no habría sido tan significativa.

¿Qué rasgos del nuevo mundo fueron determinantes para la aparición de los mamíferos y, posteriormente, de los humanos?

Los bosques son fundamentales para nuestra historia. Podemos verlo en todo nuestro cuerpo. En la dirección en que miran nuestros ojos, como decíamos antes. Incluso el hecho de que podamos lanzar una pelota de béisbol, usar un martillo o escribir en un teclado se debe a la forma en que los bosques moldearon las extremidades y los cuerpos de nuestros antepasados. La mayoría de nosotros no trepamos a los árboles a diario, pero nuestra anatomía es una prueba evidente de que 60 millones de años de evolución en densos bosques nos han dado la forma que tenemos.

Copas de árboles de un bosque cercano al mar en Larvik, en Noruega

Bosque de Larvik, en Noruega

Getty Images

¿Encuentra alguna semejanza entre los dinosaurios que dominaban el planeta hace 66 millones de años, y la actual supremacía de los humanos?

Creo que la idea de dominio y supremacía en la vida en la Tierra es un mito. Nos gusta pensar que somos la especie dominante en la Tierra, y sin duda la moldeamos, pero nuestra existencia sería muy diferente si los insectos polinizadores desaparecieran y dejaran de ayudarnos a cultivar nuestros campos. Asimismo, si desaparecieran las bacterias del estómago que utilizan muchos animales para descomponer los alimentos vegetales, muchísimos organismos dejarían de existir.

Cuando hablamos de formas de vida dominantes, estamos planteando una narrativa sobre lo que nosotros, como seres humanos, pensamos respecto a cómo está ordenada la vida. Pero la vida no tiene el concepto de dominio tal y como lo entendemos nosotros. Ninguna especie, ni siquiera ningún grupo de organismos, está por encima de otra. Estamos estrechamente conectados entre nosotros: cada forma de vida da forma a las demás que la rodean. Y así, la vida puede seguir evolucionando.

Por las cumbres del clima que ya se han celebrado, da la sensación de que esperamos encontrar algo así como una especie de tecnología “curalotodo” que resuelva de un plumazo todos los problemas

La falta de compromiso con el futuro de nuestro planeta que están mostrando tantos gobiernos y empresas es atroz. No obstante, los intentos por reducir el cambio climático global han tenido cierto éxito y aún no estamos experimentando el peor calentamiento que se esperaba para 2025, pero no es suficiente. Sin embargo, sé que la tecnología no nos salvará.

La tecnología y la era industrial nos han metido en este lío. Quizá algunas nuevas tecnologías puedan ayudarnos a abordar algunos de los daños. Pero lo que precisamos es el valor para tomar el camino más difícil y hacer algunos sacrificios para que nuestro futuro tenga una oportunidad.

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El deshielo es una de las consecuencias directas del calentamiento global 

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No nos hacen falta necesariamente coches más limpios, por ejemplo. Necesitamos personas dispuestas a conducir menos y una planificación urbana que facilite caminar, andar en bicicleta y obtener lo indispensable. Lo que nos falta es un sentido de conciencia entre aquellos que podrían ayudarnos a implementar los cambios necesarios.

¿Hay alguna enseñanza pasada que pueda ayudarnos a leer mejor el futuro?

Muchos errores en la ciencia no tienen que ver con la naturaleza en sí, sino con nuestras ideas erróneas y con cosas que nos impiden ver con claridad. Si un científico piensa que la vida es una lucha por el dominio en la que lo que más importa es la fuerza y la ferocidad, creará distorsiones en su interpretación de la naturaleza. Así es como surgió el mito del “lobo alfa”, por ejemplo, o los debates que duraron décadas sobre si el Tyrannosaurus rex era un cazador o un carroñero, cuando sabemos que este carnívoro seguramente hacía ambas cosas.

Por eso, cuando los científicos presionan acertadamente para que se descolonice la ciencia, para que se tenga en cuenta la igualdad y la diversidad a la hora de decidir quién puede dedicarse a la ciencia, se trata de un proyecto para eliminar los prejuicios y considerar la naturaleza fuera de las narrativas tradicionales de colonización y supremacía de los seres vivos en el pasado remoto. Nuestras perspectivas influyen en cómo vemos el pasado. Si personas con perspectivas diferentes pueden examinar la misma prueba y su curiosidad les lleva a una conclusión común, podemos estar más seguros de que estamos viendo algo real y no simplemente una historia proyectada sobre el pasado.

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