Muchos extranjeros se sorprenden de que en Barcelona la venta ambulante de cerveza esté en manos de pakistaníes. Los turistas indios, en particular, no dan crédito a sus ojos. Pero en un plazo razonable, no solo el latero sino también la lata podrían proceder de la República Islámica de Pakistán. Murree, la histórica marca que prácticamente monopoliza la producción de alcohol en dicho país, ha recibido el permiso para su exportación, después de casi medio siglo encerrada. La única condición es que no lo haga a ninguno de los 57 estados que conforman la Organización para la Cooperación Islámica. Solo para infieles.
La mujer del César no solo debe ser honrada, sino también parecerlo. Sobre todo, parecerlo. Antes de 1977, Pakistán no era tan hipócrita. Pero aquel año, el primer ministro Zulfiqar Ali Bhutto, asediado por el islamismo al alza, proclamó de repente por televisión que el consumo de alcohol quedaba prohibido. Las malas lenguas dicen que lo anunció medio piripi.
A muchos militares no les hizo maldita la gracia, aunque no debió ser por eso por lo que lo echaron, ochenta días más tarde, antes de mandarlo a la horca. El caso es que el ejército de Pakistán se toma muy en serio el daño potencial que representa el alcohol. Tanto es así que la destilería por excelencia del país -la única en funcionamiento en algunos momentos de sus historia- está fortificada, dentro del perímetro de máxima seguridad del Cuartel General de las Fuerzas Armadas, en Rawalpindi. De hecho, en 1959, el dictador Ayub Khan requisó las oficinas centrales de la empresa -un palacete colonial del siglo XIX- para instalarse allí.
Hoy sigue siendo la “Army House”, la residencia del Jefe del Estado Mayor. Porque si el alcohol es una mala bestia, mejor atarla en corto. El maligno que responde al nombre de Murree desde 1860 produce nada menos que ocho tipos de cerveza, además de ginebra, ron, vodka, brandy y lo que llaman whisky (aunque no lo sea, ya que lo elaboran con melazas, como en India).
Entrada a la fábrica de cerveza y destilería Murree, en el cuartel general de las Fuerzas Armadas de Pakistán, en Rawalpindi
Murree debe su nombre a la localidad de alta montaña, a una hora de Rawalpindi, donde los británicos se refugiaban, a dos mil metros de altura, de los calores del Punyab. Murree se enorgullece de producir cerveza desde 1860, lo que la convierte en la marca de cerveza con más solera de Asia, en reñida pugna -cómo no- con una marca india: Lion.
Hoy como ayer, Murree es una estructura de estado, como se ve, que debe ser protegida. Tanto de los que querrían bebérsela como de los que querrían incendiarla. Ambas cosas no son excluyentes, como recuerdan en Karachi, que hasta finales de los setenta dispuso de bares y clubes que las juventudes islamistas clausuraron a garrotazos (saqueando antes sus existencias y regalándose algún trago largo antes de prender la cerilla).
La cara visible de Murree es la familia Bhandara, parsi o zoroastriana, como la esposa multimillonaria de Ali Jinnah, el fundador de Pakistán. Isphandar Bandhara representa a la tercera generación. Su abuelo se hizo con la empresa en vísperas de la independencia, comprando sus participaciones a hindúes, sijs e ingleses a la fuga.
Pero siempre hay algún oficial de guardia, bien situado en su organigrama. No en vano, Murree no solo es el valor más antiguo que cotiza en la Bolsa de Karachi, sino también uno de los primeros contribuyentes a Hacienda. De hecho, uno de los motivos que han retrasado su salida al exterior ha sido la oposición del ministerio de Finanzas del Punyab, que consideraba prioritario asegurar antes la cobertura de la demanda interna.
Porque Murree desafía toda lógica. En teoría, incluso en la mayor ciudad del país, Karachi, solo hay nueve puntos de venta: cinco despachos de bebidas disimulados, tres hoteles internacionales y un restaurante chino, Sin embargo, el negocio va viento en popa. En el último año fiscal, por primera vez, ha declarado ingresos superiores a los cien millones de dólares.
Seis de los ocho tipos de cerveza en lata que Murree comercializa en Pakistán, solo para no musulmanes. No vende online.
Murree se congratula de la buena acogida de sus zumos y refrescos sin alcohol, que produce desde hace 56 años. Los mismos que lleva proclamando que su verdadero objetivo, nunca alcanzado, es que la parte halal del negocio supere a la parte haram (anti islámica).
Por otro lado, dadas las conexiones marciales del negocio, que su bebida energética se llame Blitz podría ser considerado de mal gusto por algunos. Asimismo, Pakistán se quiere abstemio, pero luego produce una cerveza de nada menos que doce grados, a la que con razón llama veneno: Venom.
Fundación británica en 1860
Murree es una de las dos marcas de cerveza más antiguas de Asia
Mientras tanto, sus mil seiscientos trabajadores, casi todos musulmanes y relativamente bien pagados, tienen prohibido catar el fruto de su trabajo. De hecho, el 97% de los pakistaníes –todos los de fe islámica- lo tienen vetado. Todos excepto la exigua minoría de cristianos, hindúes, parsis y sijs, autorizados a solicitar un permiso por un número limitado de botellas al mes. En teoría, solo estos, previa exhibición de la licencia –en Islamabad hay unas dos mil en vigor- pueden libar las mieles del alcohol.
A los huéspedes extranjeros no musulmanes, en la práctica, no se les pide. Pero eso no significa que beber en Pakistán sea una experiencia placentera. En algunos de los hoteles autorizados -todos ellos de cinco estrellas- el bar se camufla a veces en el sótano, con rótulos engañosos. Aunque para eso se inventó el servicio de habitaciones.
Delitos y faltas
Cuando Murree dio la lata a la hija de Bruce Willis y Demi Moore
En Pakistán, una lata de Murree (se pronuncia entre Mari y Meri) puede ser una prueba de cargo. Para un musulmán la bebida es un delito que puede acarrear detención, cárcel y, solo en teoría, ochenta latigazos (que no lingotazos). Allí se ven poco, porque se disimulan, y tampoco era fácil verlas en el extranjero, aunque no imposible, porque hubo ediciones limitadas, en fábricas de cerveza de Austria o Chequia (esa es, por lo menos, la explicación oficial). Que no era imposible se demostró hace trece años, cuando la hija de los actores Bruce Willis y Demi Moore, Scout, pasó una noche en comisaría por ser sorprendida en el metro de Nueva York “con una lata abierta de cerveza”. Pakistaní para mayor delito. A la chica le faltaban todavía unos meses para cumplir los 21 años, preceptivos allí. Otro puritanismo, que en este caso reportó una gran publicidad a Murree, según la propia empresa.
En cualquier caso, en Pakistán el cumplimiento de la ley está pensado para las masas trabajadoras y su raquítica clase media. No para sus clases altas, musulmanas para más señas, para las cuáles ofrecer alcohol en sus fiestas se ha vuelto casi de rigor, sin que nadie las importune.
Por eso, una palabra en desuso en EE.UU. Desde la ley seca, “bootlegger”, es de uso cotidiano en Pakistán. Es el discreto conseguidor de alcohol, cuyo teléfono figura entre los más preciados en muchas agendas. Este también distribuye primeras marcas de contrabando, a precios astronómicos, pese a las sospechas de adulteración en muchos casos. Esta es mucho más grave para los pobres, cuya única alternativa son los destilados clandestinos, que cada año causan cientos de muertos.
Como el semi monopolio de Murree -que evita un estraperlo aún mayor- es prácticamente una estructura de Estado, es el gobierno quien fija, no solo su clientela potencial, sino también el precio de sus productos y hasta el número de puntos de venta. Para este año, Murree tiene autorización para subir sus precios -similares a los de India o España- entre un 10% y un 15%.
Isphanyar Bandhara, presidente ejecutivo de Murree, en junio pasado en su despacho en la zona militarizada de Rawalpindi. Su abuelo, también parsi, compró la empresa a los propietarios británicos en 1947
Parte de su teconología, por cierto, es española. Y aunque el permiso de exportación es solo para su cerveza, en casa el “whisky” factura casi el doble.
La salud financiera de Murree no es ajena a sus buenos padrinos. Durante años no tuvo competencia digna de tal nombre, con destilerías menores, como Quetta, Indus y Mehran, que empezaron o terminaron en la metrópolis de Karachi o sus inmediaciones. También la última novedad, la fábrica de cerveza Hui Coastal, levantada justo en el lado beluchi de la frontera provincial con capital de China, para saciar la sed de sus propios trabajadores chinos en el tramo pakistaní de las Nuevas Rutas de la Seda.
El éxito de esta marca, sobre todo Hui Cheng, de ocho grados, puede haber pesado para que Islamabad abriera la mano y autorizara a Murree a crear su propio departamento de exportación. Pero todavía le queda mucha espuma por delante.
Potencia etílica
Pakistán se ha convertido en el séptimo exportador mundial de etanol
Pakistán, como otras sociedades islámicas, puede insistir en que el desodorante de sus supermercados, el perfume del bazar y hasta el elixir dental de la tienda, estén libres de alcohol. Pero luego, del mismo modo que India protege a la vaca pero es uno de los primeros exportadores de otros bovinos del mundo, Pakistán es una gran potencia exportadora de alcohol etílico. Lo extrae de la remolacha y de la caña de azúcar -sector feudal por excelencia, con conexiones políticas al más alto nivel- y lo distrae a sus ciudadanos. Sus aplicaciones son múltiples, en el sector químico, industrial o alimentario.
Insospechadamente, Pakistán se ha convertido en el séptimo exportador de alcohol etílico del mundo, y sus exportaciones a la UE se han cuadruplicado en tres años hasta convertirse en su primer proveedor (con Países Bajos y España como primeros clientes). Algo que levantó quejas de competencia desleal por parte de los productores locales, hasta el punto que la Comisión Europea decidió hace cinco meses eliminar los aranceles preferenciales para las importaciones de etanol no combustible de Pakistán.
Sea como sea, en el subcontinente indio los principios están para ser ajustados. De este modo, los principales exportadores de alcohol etílico de la República Islámica, no solo ofrecen certificados halal por defecto, sino certificados kosher si lo exige el guion.
