Una “Flota Dorada” para Trump

El nuevo orden internacional

El presidente estadounidense promete ampliar la fuerza naval de su país en plena carrera con China

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El presidente de EE.UU., Donald Trump, el lunes en Mar-a-Lago durante la presentación de sus nuevos buques de guerra

TASOS KATOPODIS / AFP

En el mundo de Donald Trump, todo es dorado.

Desde la decoración de la Casa Blanca –molduras áureas en cada rincón– a su nuevo visado para extranjeros multimillonarios –la llamada Gold Card –, pasando por el ambicioso proyecto de escudo antimisiles destinado a proteger a EE.UU. De ataques aéreos –la ya célebre Cúpula Dorada–.

Oro por tierra, aire y también por mar: el magnate hace tiempo que fantasea con construir una “Flota Dorada” para insuflar una nueva vida a la Armada estadounidense, y el lunes dio un primer paso para materializar su sueño.

En un acto ante la prensa en su residencia privada en Mar-a-Lago, Trump anunció el lanzamiento de una nueva clase de barcos de guerra –“acorazados”, según él, aunque en realidad se trata más bien de destructores– que llevarán su nombre.

Estos buques, dijo el presidente estadounidense, serán “los mejores del mundo”, “cien veces más potentes” que cualquiera de los que se hayan construido hasta ahora. “Inspirarán miedo en nuestros enemigos”, aseguró el mandatario en su habitual tono grandilocuente.

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Imagen de uno de los buques “clase Trump”

Jessica Koscielniak / Reuters

Proyecto ambicioso

El republicano quiere modernizar la Armada con 25 nuevos buques equipados con la última tecnología

De acuerdo con las explicaciones de Trump, las nuevas embarcaciones pesarán entre 30.000 y 40.000 toneladas y estarán equipadas con la última tecnología, como inteligencia artificial y láseres de alta potencia. Además, podrán transportar misiles de crucero nucleares, un tipo de armamento del que los buques estadounidenses prescindieron al finalizar la guerra fría, cuando ya no era necesario marcar terreno ante la amenaza soviética.

El magnate –que compareció junto a sus secretarios de Estado, de Defensa y de la Armada, en un atril flanqueado por plafones que mostraban recreaciones virtuales de los barcos decoradas con su efigie– aseguró que el programa comenzaría “casi de inmediato” con la construcción de dos buques, y que la idea era llegar a las 25 embarcaciones de este tipo.

Para Trump, esta renovación de la flota militar es un asunto de máxima prioridad. “Necesitamos barcos con urgencia”, dijo. “Algunos de nuestros barcos se han quedado viejos y obsoletos, y vamos a ir en la dirección opuesta”, agregó el mandatario, que espera que su nuevo proyecto sirva para reanimar la industria naval de su país, creando “miles” de puestos de trabajo.

De hecho, hoy EE.UU. Va a la zaga de China en lo que respecta a poderío marítimo. Según datos del Departamento de Defensa estadounidense, el gigante asiático disponía en el 2023 de 332 embarcaciones de guerra, frente a las 291 de la superpotencia norteamericana.

Los astilleros chinos echan humo: de ahí han salido cerca del 60% de las embarcaciones construidas en todo el mundo este año (incluyendo las de uso civil). Y no parece que vayan a aflojar el ritmo. Pekín está regando de dinero el sector, consciente de que el futuro de la hegemonía global pasa por el control de los océanos.

Eso sí, este predominio tiene sus sombras: los buques y submarinos chinos no han sido testeados en situación de combate, a diferencia de los estadounidenses, por lo que su fiabilidad está en duda.

Pero esto es un consuelo menor para EE.UU., que se ve incapaz de igualar la hiperproducción de su rival.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington, alertaba en un informe reciente de que la industria naval estadounidense arrastra serios problemas que le impiden cumplir con las demandas de modernización de la flota de guerra: falta mano de obra especializada, las infraestructuras no están a la altura y la cadena de suministro es muy frágil.

Estos obstáculos, imposibles de eliminar de un día para otro, pueden echar por tierra las aspiraciones de Trump, que en los últimos meses ha visto cómo la Armada tenía que cancelar iniciativas como el programa de fragatas Constellation, que acumulaba tres años de retraso y que debía producir buques bastante más sencillos que los de la “Flota Dorada”.

El presidente estadounidense dijo el lunes que esperaba tener listo su primer barco en dos años y medio, pero ese calendario parece poco realista. No solo no existe todavía un diseño detallado de los buques, sino que todos los astilleros están saturados, por lo que es difícil que puedan hacer hueco a un encargo de estas características. Los precedentes más inmediatos tampoco invitan al optimismo: la última vez que EE.UU. Se propuso crear un nuevo tipo de barco de guerra –el destructor Zumwalt– se necesitaron cinco años para completar el proceso, que además terminó en fiasco, con sobrecostes multimillonarios.

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Y más allá de que el proyecto de Trump sea poco viable, están las dudas sobre su idoneidad. Numerosos analistas militares consideran que el armamento de los nuevos buques de guerra es poco práctico, y que no se adapta a las necesidades reales de la Armada.

El contralmirante retirado Mark Montgomery era tajante ayer en la cadena ABC: si EE.UU. Construye los buques de la “clase Trump” cometerá un gran error. Son barcos demasiado grandes y caros (cada uno puedo llegar a costar unos 10.000 millones de dólares), y poco adecuados para enfrentarse a China.

Pero esas críticas no parecen hacer mella en el ánimo de Trump, el presidente cegado por el color dorado.

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