Las Claves
- Trump anunció una intervención militar en Venezuela que resultó en la captura de Maduro y su traslado judicial a Nueva York.
- El discurso de Trump ignoró a Edmundo González Urr
Un Trump súbitamente envejecido mostrando en comparecencia ante los medios una representación del mundo basada de forma equitativa en Flash Gordon y el tío Gilito: esta es toda la información que posee la comunidad global para prever qué pretende realizar Estados Unidos tras haber vulnerado la autonomía de Venezuela y detenido a su dictador, trasladándolo ante las autoridades judiciales en Nueva York. Dada la asimetría de recursos entre Venezuela y Estados Unidos, la acción castrense de la que Trump informó en su propiedad privada de Mar-a-Lago representa la fase más simple de lo que, en favor del interés general, con suerte se integre en un programa donde la otra parte, la vertiente política, incluya alguna proyección lógica y plausible para contener las hostilidades que ha despertado un conflicto armado ajeno a toda normativa jurídica, tanto de Estados Unidos como internacional.
Salvo por los partidarios más leales de Trump, cuya postura evidencia su visión del sistema que está surgiendo, el entorno global ha insistido en señalar la falta de respeto a las normas bajo la cual se ejecutó la ofensiva. No obstante, no ha habido declaraciones sobre otra de las omisiones que Trump exhibió en su comparecencia ante los medios, la cual podría definir el rumbo del conflicto próximamente; nos referimos al desdén hacia el deseo democrático del pueblo de Venezuela, al ignorar por completo a Edmundo González Urrutia, quien ganó los comicios alterados por Maduro sin ser reconocido oficialmente. De haber otorgado Trump alguna función a González Urrutia durante la etapa de inestabilidad iniciada por la acción armada, las naciones del mundo se habrían visto ante la tradicional controversia entre métodos y objetivos: ¿resulta lícito que un país fuerce en otro el desenlace de un proceso electoral? ¿Tendría validez que el atacante apelara a una obligación de “injerencia democrática” parecida a la intervención humanitaria que el consenso global evaluó a partir del cierre de la centuria anterior?
Trump ignoró a Edmundo González, el triunfador de los comicios fraudulentos.
Trump no mostró tales señales durante su discurso, ignorando el hecho de que, de forma similar a Irak o Afganistán, el obstáculo mayor para Estados Unidos radicará en cómo establecer la validez del régimen que reemplace al de Maduro. Las menciones a la prosperidad derivada de la industria petrolera bajo control de EE.UU. Pueden verse como una contestación, asumiendo que una población complacida es, por naturaleza, apática ante los asuntos políticos, incluso ante posibles brotes de nacionalismo. Algo parecido ocurre con el rol sugerido para la vicepresidenta Delcy Rodríguez, a quien posiblemente la Administración norteamericana considere para liderar una transición hacia comicios inéditos. De ser así, esto indicaría que quienes planean la incursión en Venezuela han recordado lo vivido en Irak y Afganistán: según una visión extendida en Estados Unidos, desmantelar el Estado y la Administración vigentes en dichas naciones provocó una pugna interna sin salida. Delcy Rodríguez, junto a ciertos sectores militares del chavismo, representaría la jugada de Trump para evitar repetir aquel fallo histórico. No obstante, se trataría simplemente de eso, una tentativa. En otras palabras, un ensayo, no una seguridad absoluta.
Donald Trump, mientras ofrecía su discurso tras el despliegue táctico de Estados Unidos en Venezuela.
En cuanto a la configuración global que parece surgir a inicios de 2026, la agresión a Venezuela demostraría la vuelta clara al esquema de las áreas de dominio por encima de la autonomía estatal. Esta visión concuerda nuevamente con la simplificación de la realidad que sostiene Donald Trump, una postura que igualmente adopta Vladímir Putin en Ucrania. Xi Jinping, en cambio, aparenta restringirse a obtener ventajas para sus conveniencias particulares, guardando una separación cautelosa de las disputas generadas por terceros. Una sociedad internacional estructurada bajo el concepto de las áreas de dominio resultaría mucho más perjudicial que la nacida después de la II Guerra Mundial, aunque constituiría, a pesar de todo, un escenario viable. La dificultad radica en que, a juzgar por los hechos y discursos de Trump, mediante la ofensiva en Venezuela Estados Unidos no solo pretende establecer el criterio de las áreas de dominio, sino además ostentar con firmeza el liderazgo global absoluto. Dentro de una visión distorsionada de la realidad esto es factible. En cualquier contexto real, como el presente, se asemeja más a una imprudencia.