Meloni manifiesta que “no siempre está de acuerdo con Trump” y se muestra dispuesta a dialogar con Rusia.

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Durante su presentación anual, Meloni marca distancias con Washington: “Defiendo el derecho internacional, pero no creo que Estados Unidos vaya a atacar Groenlandia”.

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La mandataria de Italia, Giorgia Meloni, en el transcurso de su conferencia de prensa de cada año (Imagen de Filippo MONTEFORTE / AFP)

FILIPPO MONTEFORTE / AFP

Las Claves

  • Giorgia Meloni aspira a completar su ciclo parlamentario en 2027 priorizando la seguridad y el crecimiento económico de Italia.
  • La mandataria marcó distancias con Donald Trump en temas de derecho internacional y rechazó cualquier acción militar en Groenlandia.
  • Meloni rechazó enviar tropas a Ucrania y propuso designar un enviado especial europeo para dialogar coordinadamente con Vladimir Putin.
  • Respecto a Venezuela, la líder italiana vaticinó una etapa de

Giorgia Meloni no suele disfrutar de las conferencias ante los medios. Organiza casi exclusivamente una anual, aunque de gran duración: tres horas y superando las cuarenta interrogantes. “Esperamos volver a verla pronto”, comentaron ciertos reporteros. “Eso mismo decíais el año pasado”, contestó la mandataria. Por lo tanto, debido al carácter extraordinario del acto, la clásica reunión de cierre de ejercicio —transformada ahora en un evento de inicio de curso— de la presidenta del Consejo ante los comunicadores de Italia trasciende la simple formalidad y se transforma en un momento clave para definir la dirección política, especialmente a nivel nacional.

La conclusión es nítida: Meloni aspira a completar el ciclo parlamentario, en 2027, y sobrepasar el hito de longevidad de su gabinete, priorizando la seguridad y el avance económico, dos flancos frágiles de su ejercicio, definido hasta la fecha por una estabilidad indudable, pero falto de cambios profundos, cuestión que incluso el Financial Times resaltó hace poco. El paralelismo con España, “que crece mucho más que nosotros”, se manifiesta habitualmente, sin embargo, la líder del Gobierno lo elude, asegura mantener unos presupuestos estatales equilibrados y garantiza un proyecto para el sector inmobiliario.

De manera inevitable, se destinó como mínimo una hora de la intervención a los asuntos exteriores. Y respecto a los conflictos internacionales, su discurso se mostró más dubitativo. Después de todo, el rol de aliada predilecta de Donald Trump en Europa no representa siempre una situación sencilla en la actualidad. De este modo, la primera ministra buscó reducir su protagonismo: “No creo en la hipótesis de que Estados Unidos emprenda una acción militar en Groenlandia, algo que no compartiría” y que “no convendría a nadie”.

Posteriormente debió puntualizar: “Hay muchas cosas en las que no estoy de acuerdo con Trump; por ejemplo, creo que el derecho internacional debe ser firmemente defendido. Cuando no estoy de acuerdo, se lo digo a él, no tengo ninguna dificultad”. Y al tornarse los interrogantes más apremiantes, contestó: “¿Qué significa que tengamos que distanciarnos de América? ¿Salir quizá de la OTAN, retirar las bases militares estadounidenses, asaltar los McDonald’s? Hablemos de geopolítica”.

En relación con Venezuela, exhibió una mayor cautela. Evitó reiterar la postura de que Estados Unidos procediera de forma “legítima y con fines defensivos”, tal como se sostenía en una nota publicada brevemente tras la detención de Nicolás Maduro, y simplemente se definió como “confiada”, vaticinando “una nueva etapa de relaciones constructivas entre Roma y Caracas” con el reciente gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, según parece indicar la excarcelación de dos prisioneros italianos en centros penitenciarios de Venezuela.

Respecto a Ucrania, insistió en su negativa a mandar fuerzas militares: “No cuestiono a los países que quieren hacerlo, pero no lo considero necesario por parte de Italia, porque el principal instrumento identificado hoy para construir garantías de seguridad sólidas para Ucrania es un sistema inspirado en el artículo 5 de la OTAN”. En esta ocasión, Meloni coincidió con la postura del mandatario de Francia, Emmanuel Macron: “Ha llegado el momento de que Europa hable con Rusia; si se sigue hablando solo con uno de los dos actores, la contribución se vuelve limitada”.

Aclaró acto seguido: “La cuestión es quién debería hacerlo. Porque si cometiéramos el error de decidir, por un lado, restablecer la comunicación con Rusia y, por otro, hacerlo de forma descoordinada, prestaríamos un servicio a (Vladimir) Putin, que es lo último que deseo”. ¿Cómo escapar de esta encrucijada? La jefa del Ejecutivo sugirió una vez más la designación de “un enviado especial que hable en nombre de todos, tras haber sintetizado nuestras posiciones”. En todo caso, la posibilidad de reintegrar a Rusia en el presente G7 resulta “absolutamente prematura”.

Al cabo de tres horas, la sesión informativa finalizó. “Nos vemos el año que viene”, los reporteros se marcharon.

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