Las Claves
- Alain Orsoni, antiguo líder nacionalista corso, fue asesinado de un disparo letal durante el entierro de su madre en el pueblo de Vero.
Córcega, conocida como l’île de beauté (la isla de la belleza), representa asimismo una región con una profunda violencia histórica, vinculada a las mafias, la política o una combinación de estas. El suceso más reciente ocurrió ayer tras un homicidio sumamente conmovedor: Alain Orsoni, antiguo líder del movimiento nacionalista y hombre de negocios, de 71 años, perdió la vida en el sepelio de su progenitora en Vero, un pueblo situado a unos treinta kilómetros hacia el norte de Ajaccio.
Conforme a las pesquisas preliminares, Orsoni fue alcanzado por un único proyectil desde lejos, un solo impacto que resultó letal. El atacante logró huir. La reciente fiscalía nacional enfocada en enfrentar la criminalidad organizada se hizo cargo de la investigación.
El afectado ya había sido blanco de una conspiración para acabar con su vida en 2008. Su hermano Guy perdió la vida en un homicidio ocurrido en 1983. Como homenaje, Alain bautizó a su descendiente con el nombre de Guy, quien llegaría a ser un personaje relevante dentro de la delincuencia organizada de Córcega.
Alain Orsoni, formado académicamente en París, lideró el Frente de Liberación Nacional de Córcega (FLNC), una organización que ejerció la resistencia armada por décadas. Más tarde ejerció como representante en la cámara regional y estableció el Movimiento para la Autodeterminación (MPA). Poseía una gran presencia política y era conocido por su temple imperturbable. Tiempo después se orientó hacia el sector empresarial.
El líder ultimado decidió dejar Córcega en 1996 debido al conflicto interno que enfrentaba a los diversos grupos del nacionalismo. Orsoni residió 13 años en Florida y posteriormente en Nicaragua y en España. Se enfocó en la industria de las apuestas. Tras volver a la isla asumió el mando del emblemático equipo de fútbol AC Ajaccio, el cual compitió durante 14 campañas en la máxima categoría aunque actualmente, a raíz de un castigo por su administración económica, milita en la segunda regional.
Su familiar Guy falleció en 1983 y su hijo, que lleva el mismo nombre, destaca como un personaje fundamental del crimen en la región.
Aún se desconoce la trascendencia que tendrá el homicidio de Orsoni en un territorio habituado a la violencia. Pese a ser de distinta magnitud, el acontecimiento previo que sacudió a toda Córcega fue el fallecimiento, en marzo de 2022, de Ivan Colonna, el recluso del FLNC que cumplía una condena de prisión de por vida por el crimen del prefecto Claude Érignac en febrero de 1998, una acción que golpeó el núcleo de la República.
Colonna perdió la vida tras el asalto padecido en el centro penitenciario por otro preso, un islamista camerunés. Aun así, el nacionalismo corso sostuvo que el Estado francés resultó parcialmente culpable por no brindarle protección ni dejar que agotara su sentencia en la isla. A raíz de esto, se produjeron fuertes desórdenes y un repunte del independentismo, principalmente entre los sectores juveniles.
El impactante desenlace de Orsini podría colaborar, de manera indirecta, a situar nuevamente en la vanguardia de la política francesa el siempre complejo asunto corso. El pasado julio, tras una ardua negociación de más de tres años, el Gobierno francés ratificó una propuesta de ley que contemplaba enmendar la Constitución para admitir la naturaleza singular de Córcega como “comunidad histórica, lingüística y cultural que ha desarrollado un vínculo singular con la tierra”.
Orsoni pasó una temporada en Estados Unidos, Nicaragua y España para enfocarse en asuntos comerciales.
La dificultad reside en que el gobierno que promovió la medida, dirigido por François Bayrou, se disolvió tras dos meses, y su relevo, Sébastien Lecornu, tiene suficiente con subsistir e intentar un consenso —aún no conseguido— sobre el presupuesto de este ejercicio. Por esta razón, el asunto corso se ha demorado en el proceso legislativo, al igual que lo concerniente a la crisis de Nueva Caledonia.
La conflictividad corsa se origina, según los investigadores, en el estado de desgobierno y profundo atraso que experimentó el interior de la isla durante los cuatro siglos y medio bajo el mando de la República de Génova, que solo ejercía control en la costa. En 1769, apenas tres meses antes de que Napoleón Bonaparte naciera en Ajaccio, la ile de beauté se volvió francesa, si bien nunca se ha logrado una convivencia fluida, ni en lo político ni en lo cultural. El hecho de que, durante la II Guerra Mundial, los valientes corsos se liberaran de los nazis en 1943 por su cuenta, antes que la Francia continental, reforzó su sentimiento de identidad como comunidad.


