Exactamente 2.118 kilómetros separan Ripoll de Falkirk, pero políticamente la distancia es mucho más corta. Los independentistas de extrema derecha, alérgicos a la inmigración pero deseosos de ver a Escocia desligada del resto del Reino Unido, constituyen una tribu política que puede ejercer una enorme influencia sobre los resultados de las próximas elecciones autonómicas en el país.
Es un grupo en gran medida contradictorio, porque apoyan a Reforma UK (el partido populista de Nigel Farage) por promesas como la de deportar a 600.000 inmigrantes ilegales y no dar albergue a los solicitantes de asilo en hoteles, pero esa formación es unionista y contraria a la celebración de un nuevo referéndum de independencia. Cuando acudan a las urnas, ¿qué sentimiento se impondrá? ¿El soberanista o el de extrema derecha al estilo Trump?
La fractura dentro del unionismo es la gran baza del SNP para conquistar un quinto mandato en Escocia
Todo depende, según los analistas políticos, de su procedencia. De si se trata de exvotantes del SNP (nacionalista, con cuatro mandatos consecutivos) disgustados con su gestión de la salud pública y la educación, hartos de las listas de espera en los hospitales y las muertes por drogadicción, irritados por la cantidad de estudiantes (hasta uno de cada tres en algunos distritos) para quienes el inglés no es el idioma materno. O de si son exlaboristas y exconservadores que no quieren saber nada del sistema y la clase política tradicional, atraídos por Farage como alternativa a Keir Starmer y el Gobierno de Londres, por las mismas razones por las que Reforma UK lidera ampliamente las encuestas en el conjunto del Reino Unido.
La división en el unionismo es la gran baza a favor del SNP para conquistar un quinto mandato y comenzar una tercera década en el poder en Escocia, algo sin precedentes. El apoyo de los nacionalistas ha bajado de la cima de un 47.7% al actual 30%, después de los escándalos de financiación que determinaron la caída de
Nicola Sturgeon, y la desastrosa y breve gestión de su sucesor, Humza Yousaf. Pero el partido es el gran favorito para ganar las autonómicas de mayo debido al hundimiento del Labour bajo la gestión de Starmer, a pesar de
que su líder escocés, Anas Sarwar, es considerado competente.
Los conservadores hace décadas que no se comen un rosco en Escocia, pero el Labour derrotó al SNP en las últimas elecciones a Westminster, reduciendo su botín de escaños a 37 a 9. Pero desde que el impopular Starmer se instaló en Downing Street, el SNP se ha estabilizado (aunque a niveles más bajos de los que llegó a tener), mientras que numerosos votantes laboristas desencantados exploran otras opciones. Las encuestas sugieren que Reforma UK, el partido de Farage, será segundo y se convertirá en la oposición oficial, con una buena cosecha de escaños gracias al sistema de representación proporcional.
Además de los soberanistas de extrema derecha al estilo Aliança Catalana, la otra tribu que puede determinar quién manda en Escocia a partir de mayo, y si es o no con mayoría absoluta, son los unionistas progres de izquierda desencantados con el Labour. A la hora de la verdad, ¿darán prioridad a la ideología y se pasarán al SNP (de centro izquierda y pro inmigración), o a que sobreviva la Unión?
A Jown Swinney, el líder del SNP y actual primer ministro, no le importa nadar contra corriente y defender la inmigración como un valor positivo, por su aportación neta a la economía, la diversidad y la necesidad de mano de obra que pague las pensiones y ocupe empleos en un país con una población muy envejecida.
