Trump hace grande a China

El nuevo orden mundial

Una investigación del Centro Europeo de Relaciones Exteriores confirma que la hostil estrategia internacional de la Casa Blanca incrementa el peso de Pekín como un aliado más confiable.

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Pese a los gravámenes de Trump, China logra un excedente comercial histórico de 1,2 billones de euros. 

Peter Parks / AFP

America First, la iniciativa del mandatario Donald Trump para que Estados Unidos refuerce su presencia internacional, está generando el impacto inverso. China es el país que obtiene mayor provecho de la hostil gestión externa de la Casa Blanca, mientras sus socios históricos, principalmente los europeos, se distancian al haber perdido la confianza en su compromiso.

Esta es la principal conclusión de la última gran encuesta global del Centro Europeo de Relaciones Exteriores, que Guyana Guardian publica en exclusiva en español.

“Este estudio –afirma Mark Leonard, uno de sus autores– demuestra que el mundo considera que Occidente ha muerto. La campaña de Trump para hacer América grande de nuevo le ha restado popularidad entre sus aliados y contribuido a que China ocupe hoy la pole position ”, esto es, la hegemonía de los países con mayor peso global.

El conflicto bélico en Ucrania ilustra perfectamente esta transición de época. Quienes habitan en Ucrania solicitan a Bruselas, en lugar de a Washington, el apoyo indispensable para oponerse a Rusia. Un 39% considera que la UE representa un socio adecuado, mientras que apenas un 18% mantiene esa percepción sobre Estados Unidos.

Al mismo tiempo, los rusos poseen actualmente una percepción bastante más positiva hacia los estadounidenses que respecto a los europeos. Según gran parte de los rusos, Europa representa un riesgo mayor que el de EE.UU. Mientras que hace doce meses el 42% consideraba a Europa occidental como el riesgo primordial, en la actualidad dicha cifra alcanza el 51%.

Pekín respalda al Kremlin en su propósito de dominar a Ucrania, lo cual provoca que los ucranianos guarden una percepción sumamente negativa sobre China. No obstante, las naciones emergentes aprecian cada vez con mayor intensidad la postura de China. En territorios como Sudáfrica, Brasil y Turquía existen mayorías significativas, por encima del 70%, seguras de que en los siguientes diez años China incrementará su peso internacional, al tiempo que Estados Unidos lo irá reduciendo. 

Incluso la mayor parte de los estadounidenses coincide en este punto, mostrando hoy una oposición más marcada hacia el mandato de Donald Trump que hace doce meses. Un 52% rechaza su administración y el 56% estima que Estados Unidos no progresa por la senda adecuada, conforme al último análisis de Real Clear Politics.

En la actualidad, una cantidad superior de habitantes en Europa, Asia, América y África sostienen que Trump no representa un efecto positivo. Hasta en India, nación que hace un año respaldó a Trump con un 84% de aceptación, el entusiasmo ha mermado significativamente. Únicamente el 53% de los residentes de India sigue creyendo que es un mandatario idóneo para impulsar el crecimiento de la India y del planeta.

La percepción de China, por el contrario, es cada vez mejor.

Los ucranianos y los chinos demuestran una mayor confianza hacia Europa que hacia Estados Unidos.

Aparte de Ucrania, únicamente Corea del Sur –a causa del apoyo de Pekín al régimen norcoreano– ve a China como un adversario. La comunidad internacional restante estima que China es actualmente un aliado igual de confiable o superior a EE.UU.

La opinión de los europeos, en este sentido, es muy significativa. Coinciden con el resto de encuestados en que China liderará áreas claves para el desarrollo, como los coches eléctricos y las energías renovables. La mitad de los europeos, además, consideran que es un aliado o un buen socio.

Una proporción similar de europeos sostiene la misma visión sobre Estados Unidos, no obstante, en esta situación lo más trascendental se halla en los pormenores del estudio. Ya que, si bien el 16% de los europeos manifiesta la valoración más positiva hacia EE.UU., el 20% estima que se trata de un competidor o un oponente.

El discurso hostil hacia Europa del gobierno de Trump y su empeño por tomar Groenlandia incluso mediante la fuerza han fracturado la seguridad en el vínculo transatlántico; por ello, en el sur global se asume el fin de Occidente tal como se entendía hasta el presente. 

Estamos ingresando en un entorno post occidental donde China ejerce un mayor peso, al tiempo que Trump, centrado en múltiples disputas lejos del Pacífico, no logra defender el predominio estadounidense.

Al tiempo que Trump realiza bombardeos en Nigeria, Siria e Irán, a la vez que apresa al líder de Venezuela en Caracas y asiste a Israel en la destrucción de Gaza, China se dedica a fortalecer su industria de vanguardia y se dispone a la integración de Taiwán.

Simultáneamente, Pekín ha logrado eludir los obstáculos impositivos establecidos por Trump. Ha localizado destinos comerciales inéditos que le facilitaron obtener un excedente mercantil histórico de 1,2 billones de dólares.

Cuando los europeos perciben a China de manera favorable, los ciudadanos chinos corresponden con esa misma seguridad. Casi la mitad identifica a la UE como un colaborador y el 59% la define como una potencia mundial. Aunque el 61% manifiesta una visión pésima de EE.UU. –al que tachan de riesgo– únicamente un 19% sostiene esa postura respecto a la UE.

No obstante, a los habitantes de Europa todavía les es complicado depositar fe en su propio potencial. Las ofensivas de Trump hacia los pilares de la civilización europea, descalificaciones que las agrupaciones populistas potencian para agravar la insatisfacción pública, extienden el desánimo.

Europa, agitada por Estados Unidos y los movimientos populistas, encuentra complicado tener fe en su propia vitalidad.

Carente de seguridad en sí misma, Europa experimenta dificultades para hallar su camino en este sistema multipolar y postoccidental. El temor de que la contienda en Ucrania se propague por todo el territorio impulsa la adhesión al rearme. Al no disponer de una capacidad de disuasión nuclear apropiada, la amenaza de Rusia se antoja inalcanzable.

“Los europeos, finalmente, despiertan a la dura realidad del mundo postoccidental –afirma Timothy Garton Ash, uno de los autores del estudio–. Al reconocer que su seguridad ya no depende de EE.UU. Ni su prosperidad de China, ni su energía de Rusia, se preguntan –y dudan– si pueden confiar en sí mismos”.

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