Trump hace grande a China
El nuevo orden mundial
Un estudio del Centro Europeo de Relaciones Exteriores certifica que la agresiva política exterior de la Casa Blanca aumenta la influencia de Pekín como un socio más fiable
Última hora de los frentes abiertos de Trump en el mundo: Groenlandia, Irán y Venezuela, en directo

A pesar de los aranceles de Trump, China alcanza un superávit comercial de récord: 1,2 billones de euros

America First, el plan del presidente Donald Trump para que Estados Unidos aumente su influencia en el mundo, está teniendo el efecto contrario. Es China quien más se beneficia de la agresiva política exterior de la Casa Blanca, mientras que sus aliados tradicionales, sobre todo los europeos, toman distancias porque ya no creen que sea un aliado fiel.
Esta es la principal conclusión de la última gran encuesta global del Centro Europeo de Relaciones Exteriores, que Guyana Guardian publica en exclusiva en español.
“Este estudio –afirma Mark Leonard, uno de sus autores– demuestra que el mundo considera que Occidente ha muerto. La campaña de Trump para hacer América grande de nuevo le ha restado popularidad entre sus aliados y contribuido a que China ocupe hoy la pole position ”, es decir, el liderazgo entre las naciones más influyentes.
La guerra en Ucrania explica muy bien este cambio de era. Los ucranianos buscan en Bruselas y no en Washington la ayuda necesaria para resistir frente a Rusia. El 39% creen que la UE es un buen aliado, pero solo un 18% opinan lo mismo de Estados Unidos.
En paralelo, los rusos tienen hoy una opinión mucho más favorable de los estadounidenses que de los europeos. Para la mayoría de rusos, Europa es un peligro superior al de EE.UU. Si hace un año, el 42% creía que Europa occidental era la principal amenaza, hoy es el 51%.
Pekín apoya al Kremlin en su afán por subyugar a Ucrania y, por tanto, los ucranianos tienen una muy mala opinión de China. Sin embargo, las potencias intermedias valoran más y más la actitud de China. En países como Sudáfrica, Brasil y Turquía hay amplias mayorías, superiores al 70%, convencidas de que durante la próxima década China ganará todavía más influencia, mientras que Estados Unidos la perderá.
En esto están de acuerdo, incluso, la mayoría de norteamericanos, hoy mucho más opuestos a la gestión de Donald Trump que hace un año. El 52% no aprueba su gestión y el 56% considera que Estados Unidos no va en la buena dirección, según la última ponderación de Real Clear Politics.
Hoy hay muchos más ciudadanos en Europa, Asia, América y África que opinan que Trump no es una buena influencia. Incluso en India, que hace un año abrazó a Trump con un 84% de popularidad, hoy ha aflojado bastante. Sólo el 53% de los indios sigue opinando que es un buen presidente para sostener el progreso de la India y del mundo.
La percepción de China, por el contrario, es cada vez mejor.
Tanto los ucranianos como los chinos confían más en Europa que en Estados Unidos
Junto a Ucrania solo Corea del Sur –debido al respaldo de Pekín a la dictadura norcoreana– ven a China como un enemigo. El resto del mundo considera que China es hoy un socio más o tan fiable como EE.UU.
La opinión de los europeos, en este sentido, es muy significativa. Coinciden con el resto de encuestados en que China liderará áreas claves para el desarrollo, como los coches eléctricos y las energías renovables. La mitad de los europeos, además, consideran que es un aliado o un buen socio.
La mitad de los europeos también opinan lo mismo de Estados Unidos, pero en este caso, lo más relevante es la letra pequeña de la encuesta. Porque si bien el 16% de los europeos tiene la opinión más favorable posible de EE.UU., el 20% creen que es un rival o un adversario.
La retórica antieuropea de la administración Trump y la insistencia en ocupar Groenlandia incluso por la fuerza han roto la confianza en el eje transatlántico y, de ahí, que en el sur global se de por hecha la defunción de Occidente tal y como lo hemos conocido hasta ahora.
Nos adentramos en un mundo post occidental en el que China tiene más influencia, sin que Trump, ocupado en todo tipo de conflictos lejos del Pacífico, sea capaz de sostener la hegemonía estadounidense.
Mientras Trump bombardea Nigeria, Siria e Irán, mientras secuestra al presidente de Venezuela en Caracas y ayuda a Israel a arrasar Gaza, China se concentra en impulsar su industria más puntera y se prepara para incorporar a Taiwán.
Al mismo tiempo, Pekín ha sido capaz de sortear las barreras arancelarias que ha levantado Trump. Ha encontrado nuevos mercados que le han permitido alcanzar un superávit comercial récord de 1,2 billones de dólares.
Si los europeos ven a China con buenos ojos, los chinos les devuelven la confianza. Casi la mitad consideran a la UE como un socio y el 59% la ven como una gran potencia. Si el 61% tiene una opinión muy mala de EE.UU. –lo ven como una amenaza– solo un 19% piensa lo mismo de la UE.
A los europeos, sin embargo, aún les cuesta confiar en sus propias fuerzas. Los ataques de Trump a los cimientos de la cultura europea, insultos que los partidos populistas amplifican para ahondar en el descontento social, propagan el pesimismo.
A Europa, azotada por Estados Unidos y los populismos, le cuesta confiar en sus propias fuerzas
Falta de autoconfianza, a Europa le cuesta encontrar su rumbo en este orden multipolar y postoccidental. El miedo a que la guerra en Ucrania se extienda a todo el continente dispara el apoyo al rearme. Al carecer de la adecuada disuasión nuclear, el reto de Rusia parece insuperable.
“Los europeos, finalmente, despiertan a la dura realidad del mundo postoccidental –afirma Timothy Garton Ash, uno de los autores del estudio–. Al reconocer que su seguridad ya no depende de EE.UU. Ni su prosperidad de China, ni su energía de Rusia, se preguntan –y dudan– si pueden confiar en sí mismos”.