Groenlandia, voces de la resistencia: “Somos un pueblo, no un negocio”
El nuevo orden mundial
Las gentes de la isla ártica codiciada por Trump expresan en redes sociales su rechazo y su disgusto con orgullo nacional

Una mujer con la bandera groenlandesa ante el consulado de Estados Unidos en Nuuk, capital de Groenlandia, en una protesta el 22 de enero

Los groenlandeses, sometidos a una desorbitada escalada del hostigamiento de Donald Trump a la isla ártica en su obsesión por hacerla suya, observan con escepticismo el giro del presidente de Estados Unidos, quien dijo en Davos que no recurrirá a la fuerza, y anunció luego un preacuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que aparentemente satisface sus aspiraciones de dominio.
A la indignación acumulada en el territorio autónomo del reino de Dinamarca por meses de acoso, se suma ahora la sensación de vértigo ante una situación que, como dijo el viernes la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, continúa siendo “grave”. Frederiksen viajó ese día a Nuuk para coordinarse con el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, ante el proceso negociador que se abre con Washington.
“Claro que es un alivio que Trump diga que no quiere usar la fuerza militar, pero está todo lo otro que indica que no vamos a entrar en un periodo tranquilo”, dijo Avaaraq Olsen, alcaldesa de la municipalidad de Sermersooq –de la que forma parte la capital, Nuuk–, a la agencia de noticias danesa Ritzau.
Trump sigue refiriéndose a Groenlandia y a su población como un pedazo de algo que puede comprar en una tienda; creo que es muy preocupante”

Para los casi 57.000 habitantes de la vasta isla de 2,16 millones de kilómetros cuadrados ha resultado inaceptable e insultante que Trump diga que solo quiere “un trozo de hielo”. La expresión es intolerable. “Sigue refiriéndose a Groenlandia y a su población como un pedazo de algo que puede comprar en una tienda; creo que es muy preocupante”, afirmó Olsen.
En estos días, groenlandeses con presencia asentada en redes sociales están haciendo oír sus voces en inglés para explicar al mundo su rechazo y su disgusto, y para reivindicar su resistencia y su orgullo nacional. En sus cuentas campa la bandera roja y blanca groenlandesa –una enseña joven, adoptada en 1985–, que miles de personas enarbolaron en Nuuk el pasado 17 de enero en la mayor manifestación en la historia de este territorio autónomo dentro del reino de Dinamarca.
Este es el momento de unirnos. Este es el momento de demostrar de qué estamos hechos: un pueblo fuerte e inquebrantable, rico en historia, cultura e innumerables matices”

“Groenlandia no es un bien inmueble; somos un pueblo, no un negocio, y la soberanía no está en venta”, escribe Morgan Angaju Josefsen Røjkjær, propietario y cofundador de una agencia de trineos tirados por perros y de excursiones por el hielo en Ilulissat, localidad en la costa occidental cuyo fiordo preñado de icebergs es Patrimonio Mundial de la Unesco desde el 2004.
“¡El mundo entero debería venir a visitarnos a Groenlandia! (...) Algunos incluso están dispuestos a violar el derecho internacional solo para conseguir un pedazo de nosotros”, prosigue Røjkjær en su cuenta de Instagram, desde la que pide respaldo internacional en forma de turismo.

En la misma red social, Naja Marosi, que en el 2024 fue la primera representante de Groenlandia en el concurso de belleza Miss Grand International, defiende la soberanía de Groenlandia y llama a sus compatriotas a cerrar filas. “Este es el momento de unirnos. Este es el momento de demostrar de qué estamos hechos: un pueblo fuerte e inquebrantable, rico en historia, cultura e innumerables matices (…) Somos gente que durante demasiado tiempo ha luchado por ser vista, reconocida y representada”.
El debate público en torno a Trump y Groenlandia ha sacado a la luz un nivel de racismo que muchos sabemos que existe (...) Hablar con honestidad sobre el racismo y las actitudes coloniales que afrontamos no es ‘crear división’; es decir la verdad”

La modelo cultiva la identidad inuit –los pobladores autóctonos de la isla, presentes siglos antes de que llegaran los colonizadores daneses, y que son ahora el 85% de la población–, fotografiándose vestida con el típico traje femenino con collar de cuentas de vidrio de colores y botas altas. “Estas fotos representan la cultura inuit, la evolución de la artesanía y la vestimenta tradicional –explica en otro post–. Llevo ropa de inspiración tradicional del oeste de Groenlandia, de donde soy originaria, inspirada en el traje nacional groenlandés de mi tía”.
Cultura y política van de la mano. El virulento cortejo de Trump ha impactado en el camino hacia la independencia que Groenlandia estaba explorando -por acuerdo con Dinamarca del 2009, es posible celebrar un referéndum legal de autodeterminación-, y ha obligado a los groenlandeses a aparcar esta aspiración para protegerse mejor. Pero la renovada entente con Copenhague no significa que hayan sanado las heridas y agravios de la colonización.
“El debate público en torno a Trump y Groenlandia ha sacado a la luz un nivel de racismo que muchos sabemos que existe, pero aún duele verlo tan abiertamente –escribe en Instagram la cineasta Aka Hansen–. Se trata de historias que se han contado sobre nosotros durante generaciones, y de la rapidez con que salen a la luz cuando Groenlandia osa hablar de su propio futuro”.
Hansen luce en el rostro tatuajes inuit, una tradición que bastantes mujeres groenlandesas están recuperando. “Hablar con honestidad sobre el racismo y las actitudes coloniales que afrontamos no es ‘crear división’; es decir la verdad”, sostiene Hansen.
Groenlandia no es un bien inmueble; somos un pueblo, no un negocio, y la soberanía no está en venta”

Según una encuesta de finales de enero del 2025 encargada por los periódicos Berlingske (danés) y Sermitsiaq (groenlandés), la más reciente al respecto, el 85% de los groenlandeses no quiere que su isla se convierta en territorio estadounidense. Esa misma encuesta indica que el 84% desea la independencia de Dinamarca, pero el 45% la quiere solo si no tiene un impacto negativo en su nivel de vida. La turbulencia de los acontecimientos internacionales y el agresivo interés de Trump por su isla -un interés del que podrían haber prescindido- están poniendo a prueba la calma de los groenlandeses.

Folleto del Gobierno groenlandés
Manual de supervivencia en caso de crisis: acumular comida, agua y munición para cinco días
El Gobierno de Groenlandia presentó esta semana un folleto de consejos para la población en caso de crisis o emergencia, que según afirma llevaba tiempo en preparación, pero que cobra ahora un significado especial por el acoso de Donald Trump, aunque el presidente de Estados Unidos haya asegurado que no usará la fuerza y se prevean conversaciones entre Washington, Copenhague y Nuuk. El folleto, titulado Preparados para la crisis: autosuficiencia durante cinco días, recomienda entre otras cosas tener en casa alimentos suficientes para ese periodo de tiempo, tres litros de agua por persona al día, papel higiénico, y una radio a pilas, así como armas, munición y útiles de pesca. La gran mayoría de la población de Groenlandia es inuit, para quienes caza y pesca han sido históricamente los principales medios de subsistencia. “Hemos sobrevivido mucho tiempo en este país sin tecnologías avanzadas; existe un espíritu groenlandés y sabemos cómo gestionarlo”, subrayó en la rueda de prensa el pasado miércoles el ministro de Asuntos Sociales, Aqqaluaq Egede, informa Afp desde Nuuk. El Ejecutivo aclaró que decidió escribir este manual el año pasado, cuando hubo cortes de electricidad de diversa duración.