Internacional

Nigeria desmonta la Venecia africana.

Abuso contra los pobres

La destrucción de miles de casas para crear un recinto de lujo deja desamparada a la población que habita sobre el agua en Lagos.

Una imagen de dron del 22 de enero de 2026 muestra la destrucción de gran parte de Makoko, conocida como la Venecia de Nigeria 

Una toma aérea del 22 de enero de 2026 muestra la destrucción en extensas áreas de Makoko, conocida como la Venecia de Nigeria. 

Sodiq Adelakun / Reuters

Representaba su posesión más valiosa dentro de ese entramado de cauces oscuros. Diariamente, Taiwo Shemede, con 38 años de edad, acudía a su centro educativo y orfanato Part of the Solution, ubicado en el centro del vecindario palafítico de Makoko, y se maravillaba con el entusiasmo de sus estudiantes, quienes previo al inicio de las clases entonaban canciones y danzaban siguiendo el compás de los tambores ejecutados por los jóvenes de mayor edad. Conformaban un grupo bullicioso y contento. Establecido por los parientes de Taiwo durante el año 2015, gracias al respaldo de contribuciones regionales y extranjeras, la institución y hogar brindaba enseñanza sin costo a 385 infantes de la comunidad acuática de Makoko, localizada en Lagos y apodada la Venecia de Nigeria debido a que las viviendas se alzan sobre el líquido elemento y sus más de 200.000 residentes transitan en embarcaciones movidas mediante varas de madera. Makoko destacaba por ser humilde, digno y único. 

El antes: esta imagen de dron, tomada en 2023, muestra los canales inundados de Makoko, surcados por piraguas y canoas. 
Con anterioridad: esta imagen de dron, captada en 2023, muestra los canales saturados de Makoko, recorridos por piraguas y canoas. Pau Coll / Ruido Photo

Edificado encima de una albufera somera en el año 1860 por pescadores del grupo egun, el vecindario de pasajes anegados era transitado diariamente por millares de canoas que circulaban entre chozas de madera y techos de uralita apoyados en postes de madera. Ni las pertenencias académicas de Taiwo ni el hermoso aunque deficiente distrito de Makoko –donde la miseria, la falta de higiene y la explotación de menores eran comunes– perduran actualmente: al concluir diciembre y comenzar el presente año, los mandatarios nigerianos despacharon a numerosos agentes, máquinas excavadoras y bulldozers para demoler por encima de 10.000 viviendas en una maniobra de desalojos implacables.

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Resultó ser una intervención fugaz y despiadada. Al carecer de opciones de alojamiento o indemnización, miles de individuos pernoctan a partir de ese momento en sus embarcaciones o al aire libre. Gran parte de la población escapó únicamente con su vestimenta debido a la inesperada aparición de la maquinaria, perdiendo la oportunidad de recuperar sus bienes. Diversos afectados apenas lograron recuperar en el último instante ciertos bultos de prendas y rescatar láminas de uralita y maderas con el fin de edificar otros cobijos.

Miles de personas tuvieron que huir ante la irrupción por sorpresa de las excavadoras y la policía y ahora malviven en sus canoas o a la intemperie 
Miles de individuos tuvieron que desplazarse ante el arribo inesperado de los equipos pesados y los oficiales, y hoy en día subsisten con penurias en sus embarcaciones o a la intemperie. Sodiq Adelakun / Reuters

Al dialogar con este periódico, Taiwo describe un abandono total. “Toda la comunidad, donde hemos vivido durante generaciones, ha sido destruida. Nos hemos quedado sin hogar. La escuela y el orfanato han sido también destrozados. Es tan triste…”.

Esta imagen, anterior a la destrucción, muestra la singularidad del asentamiento de Makoko, uno de los barrios más antiguos de Lagos, Nigeria 
Esta imagen, capturada antes de su destrucción, muestra la singularidad de la población de Makoko, uno de los barrios con más trayectoria en Lagos, Nigeria. Pau Coll / Ruido Photo

Conforme a los testimonios de los residentes y distintas entidades humanitarias, una docena de sujetos, de los cuales siete eran niños, han muerto y decenas quedaron heridas por los derrumbes efectuados sin precauciones, las refriegas con la policía o la exposición a gases lacrimógenos.

Babajide Sanwo-Olu, mandatario del estado de Lagos, afirmó que se indagarán los presuntos fallecimientos de los que señaló no tener evidencia, y sostuvo que el derribo en Makoko es limitado y obedece a criterios de higiene y protección, puesto que varias viviendas precarias estaban situadas a escasa distancia de cables de alta tensión.

Los habitantes le recriminan haber faltado a la verdad y experimentan una sensación de engaño. Pese a que los responsables les garantizaron inicialmente que únicamente demolerían los hogares situados a 30 metros de las torres eléctricas, la eliminación de los inmuebles ha superado los 500 metros del área de riesgo, alcanzando inclusive edificaciones construidas sobre suelo estable.

Los residentes critican un proyecto de edificación de viviendas unifamiliares y complejos hoteleros exclusivos; “Los pobres les molestamos”, exclaman.

Pese a que en los periodos de 2005 y 2012 las autoridades nigerianas ya ejecutaron acciones de desalojo en Makoko, las cuales provocaron una víctima mortal, los pobladores tuvieron un respiro momentáneo cuando en 2017 un magistrado dictaminó que era inconstitucional derribar el asentamiento sin proporcionar indemnizaciones o vías opcionales a los habitantes.

Actualmente, el Gobierno ha resuelto omitir dicha sentencia legal y asestar el golpe final a la comunidad flotante más grande de África.

Dos niños sobre una pieza de plástico observan la destrucción de Makoko, donde vivían más de 200.000 personas 
Un par de niños sobre un pedazo de plástico observan los restos de Makoko, lugar que acogía a más de 200.000 pobladores. Sodiq Adelakun / Reuters

Diversas entidades locales y globales han respondido ante el abuso sufrido por uno de los poblados con menos recursos en Nigeria. Nnimmo Bassey, quien encabeza la Fundación de Salud de la Madre Tierra (Homef por su acrónimo en inglés), criticó el comportamiento “inaceptable y reprochable” de los gobernantes. “Destruir el hogar de una comunidad sin dar ninguna otra opción ni negociar dónde toda esa gente va a vivir es como sentenciarles a muerte”. Según Isa Sanusi, encargado de Amnistía Internacional en Nigeria, esto representa un quebrantamiento evidente de la dignidad. “Lo que ha hecho el Gobierno de Lagos es un desprecio deliberado por las normas internacionales de derechos humanos, privando a las personas de su refugio y dejándolas sin hogar”.

Arrasar con la morada de un colectivo sin brindar alternativas ni dialogar sobre el destino de esas personas equivale a dictarles una condena fatal.

Nnimmo Bassey

Director de la ONG Homef

En opinión de Taiwo, graduado en Gestión Empresarial y vástago del balee, dirigente comunitario, no se trata meramente de carencia de compasión, sino de avaricia. “Los pobres les molestamos, nunca les hemos preocupado. El Gobierno ha incendiado casas, nos dispara y lo destruye todo porque ha vendido Makoko a los especuladores inmobiliarios, esa es la razón real”. De acuerdo con los residentes, frente a la expansión poblacional de la urbe de Lagos, que supera los 25 millones de pobladores, el Gobierno nigeriano ha identificado en los terrenos inundables donde se erigía Makoko, localizados muy cerca de uno de los sectores más privilegiados de la metrópoli, una ocasión excepcional.

En la anterior estancia de este reportero en Makoko, hace un par de años, los residentes locales señalaron de qué manera la compañía de bienes raíces nigeriana FBT Coral Estate Ltd, enfocada en, de acuerdo con su portal digital, “crear vías para reducir el déficit de vivienda de Lagos”, había comenzado labores de desecación y vertido de arena ante el vecindario de Makoko. A través de un informe corporativo consultado por Guyana Guardian , donde se promocionaba la adquisición de viviendas en preventa, se sugería la estrategia de remodelación proyectada para el sitio que ocupaba la Venecia africana. “Este proyecto transformará el área marginal del barrio de chabolas de Makoko en una próspera ciudad inteligente de Lagos del siglo XXI”.

La propuesta de FBT Coral Estate contempla la edificación de un malecón de 7 kilómetros de extensión y 58 hectáreas, superficie comparable a 35 manzanas del Eixample de Barcelona, para dar vida a una versión de Manhattan nigeriana. Este desarrollo albergará un entorno de alto nivel para 400.000 habitantes, dotado de hoteles de cinco estrellas, residencias de autor, áreas verdes, complejos comerciales, un paseo junto al agua y tres dársenas para yates. El mercado para tal sofisticación está asegurado: en Lagos se contabilizan más de 6.300 nigerianos que disponen de más de un millón de dólares en sus activos bancarios.

Los organismos oficiales argumentan razones de protección y salubridad para ejecutar un desalojo implacable.

En el transcurso de esta semana, diversos habitantes de Makoko se concentraron ante la residencia del gobernador de Lagos con letreros que manifestaban un profundo enojo. Entre las arengas que reclamaban justicia, dignidad y respeto (“Nuestros hogares no son escombros”, “Las vidas de Makoko importan” o “Demolición sin alternativa es injusticia”) resaltaba una que denunciaba con furia una injusticia contra los desposeídos y juraba persistir en un conflicto que, actualmente, parece estar sentenciado: “No dejaremos que construyáis una megaciudad para ricos sobre los huesos y la sangre de los pobres”.

Xavier Aldekoa

Xavier Aldekoa

Corresponsal en África Subsahariana

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Graduado en Periodismo y perpetuo alumno de Ciencias Políticas. Apasionado de los equipajes espontáneos y de observar con atención durante mis trayectos, siento una especial inclinación hacia África y sus habitantes.