Alexéi Navalni fue asesinado con una toxina extraída de la piel de una rana
La democracia en Rusia
El principal opositor ruso habría sido envenenado en la cárcel ártica en la que estaba recluido

Alexéi Navalni en una imagen cuando todavía se encontraba libre, encabezando una manifestación
Alexéi Navalni, el principal opositor ruso, fue asesinado con una toxina, según las conclusiones a las que ha llegado el Ministerio de Asuntos Exteriores británico y en la que coinciden otros servicios de seguridad europeos.
La toxina se conoce como epibatidina, y se extrae de la piel de una rana que se encuentra en estado silvestre en diversos países sudamericanos. La sustancia habría sido utilizada para eliminar al opositor, que falleció de forma repentina el 16 de febrero de 2024. Tenía 47 años.
Yulia Navalnaya, viuda del disidente ruso, anunció el hallazgo en una conferencia de prensa durante la conferencia de seguridad de Múnich. Estuvo acompañada por los ministros de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Alemania, Suecia y los Países Bajos. Navalnaya anunció la muerte de su esposo en la misma reunión en 2024.
Navalni se encontraba recluido en una cárcel a unos 64 km al norte del Círculo Polar Ártico cuando murió. Había sido condenado a décadas de prisión en un “régimen especial”.
Los aliados de Navalni han acusado repetidamente al Kremlin de su asesinato, acusaciones que Moscú ha tachado de absurdas. Las autoridades rusas insisten en que murió de una combinación de enfermedades, incluyendo una arritmia cardíaca provocada por la hipertensión.
Sin embargo, se han encontrado rastros de epibatidina tras el análisis de muestras de material halladas en el cuerpo de Navalny.
El comunicado concluye: “no hay una explicación inocente [de la toxina] para su presencia en el cuerpo de Navalny”. El Reino Unido ha denunciado el envenenamiento ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, alegando una «flagrante violación» de la Convención sobre Armas Químicas por parte de Rusia.
El Kremlin tiene un largo historial de uso del veneno como arma contra sus enemigos. La muerte de Alexander Litvinenko en Londres por polonio radiactivo en 2006, el ataque con agente nervioso contra el exespía Sergei Skripal en Salisbury en 2018 y un intento previo de envenenamiento contra Navalny han consolidado la reputación de Rusia de recurrir a toxinas para silenciar a críticos y desertores.