Internacional

Kim Jong Un releva a la vieja guardia en el congreso quinquenal del Partido

Corea del Norte

El dictador dice haber sacado al país del estancamiento en los últimos cinco años 

Discurso de Kim Jong Un en la apertura del IX Congreso del Partido de los Trabajadores de Corea, que se celebra una vez cada cinco años 

Discurso de Kim Jong Un en la apertura del IX Congreso del Partido de los Trabajadores de Corea, que se celebra una vez cada cinco años 

KCNA / Reuters

Pyongyang vive su semana política más trascendental, con la celebración del IX Congreso del Partido del Trabajo de Corea. Su Secretario General, Kim Jong Un, ofreció este jueves el discurso inaugural ante cinco mil delegados, como disparo de salida de siete días en que se fijará el rumbo político y económico para los próximos cinco años. La cita ha servido para visualizar el relevo del 60% de la cúpula del partido. En parte por jubilación de la vieja guardia y en parte por el ascenso de los más fieles escuderos de la dinastía comunista.  

Aunque el espionaje surcoreano había especulado con que la hija adolescente de Kim, Ju Ae, podría ser elevada a sucesora in pectore, ni siquiera apareció en el estrado. Quien sí ha sido  promocionada dentro del presidium del congreso es la ministra de Exteriores, Choe Son Hui, clave en el florecimiento de la relación con Rusia. Mientras tanto, conserva su puesto y su ascendente la hermanísima Kim Yo Jong. 

También se mantiene el primer ministro Pak Thae Song y  el presidente del Presidium permanente, Choe Ryong Hae. Este último es formalmente el jefe del Estado, a quien entregan sus credenciales los embajadores. Pero esto podría cambiar si, como se especular, Kim Jong Un recuperara para sí mismo el cargo de presidente, suprimido en los noventa. 

Las 23 caras nuevas en la cúpula -de un total de 39- suponen la salida de otros tantos dinosaurios políticos. Entre ellos el exjefe de inteligencia y exnegociador nuclear o el fajador en las negociaciones con Corea del Sur. En caso de que Donald Trump le vuelta a tender la mano a Kim Jong Un, sus respectivos equipos serán otros. 

Apertura del Congreso, este jueves en Pyongyang 
Apertura del Congreso, este jueves en Pyongyang KCNA / EFE

Kim Jong Un abrió su turno confesando que la situación, en el momento del anterior congreso, era crítica. “Casi no podíamos sostenernos, con una industria anticuada”. Pero que en los últimos cinco años, “el país ha superado el estancamiento”. Por una vez, no es pura propaganda. A pesar de las penurias, inseparables de su régimen estalinista, Corea del Norte no se hunde.

En realidad, la economía de la República Popular Democrática de Corea lleva tres años creciendo más que la de su vecina capitalista y democrática, la República de Corea. Aproximadamente el doble, según las estimaciones del banco central de Corea del Sur. A pesar del aislamiento y las sanciones, la economía norcoreana creció un 3,7% en 2025, el ritmo más rápido en ocho años.

Kim Jong Un -ante los retratos de su padre y de su abuelo, Kim Jong Il  y Kim Il Sung- celebró los avances en autosuficiencia  y los progresos en defensa. Estos últimos, tampoco son humo, como demuestran sus últimos misiles intercontinentales, en que algunos ven una mano rusa. Aunque la cooperación militar con Rusia se remonta a la guerra fría, el tratado de defensa mutua es cosa de los últimos dos años. 

Tras los ejercicios militares conjuntos de EE.UU., Japón y la Corea del Sur de Yoon Suk Yeol, Vladimir Putin escribió a Kim Jong Un: “Estamos en la misma trinchera”. Meses después, eran soldados norcoreanos los que morían en Rusia para repeler la invasión ucraniana de Kursk. 

Tanto el partido de Putin como el Partido Comunista de China han felicitado al Partido del  Trabajo de Corea a las puertas de su congreso, por “sus logros”. 

Foto recientemente distribuida de Kim Jong con su hija en el Gran Teatro de Pyongyang, en junio pasado 
Foto recientemente distribuida de Kim Jong con su hija en el Gran Teatro de Pyongyang, en junio pasado RPDC/ Ap-LaPresse

A principios de esta semana, Kim celebró la conclusión de 10.000 pisos nuevos en Pyongyang, con lo que “se ha alcanzado el objetivo de construir 50.000 viviendas del VIII Congreso”. Una calle entera, según dijo, será para familiares de los soldados caídos en Rusia. 

Pequeños avances materiales, pese a la ausencia de libertades, a los que Kim añade sus conquistas diplomáticas, no menos dudosas. “Hemos solidificado de forma irreversible el estatus del país en el exterior, provocando un cambio monumental en el orden político y en nuestras relaciones”, manifestó, en probable alusión a su estatus de potencia nuclear, reconocido entre dientes hasta por Donald Trump. 

En su discurso, Kim Jong Un hasta reconoció que “debían revisarse las deficiencias” ⁠en materia de desarrollo, sin entrar en detalles. Si la hambruna de mediados de los noventa ha  quedado atrás ha sido en gran parte por la tolerancia a mercados informales -agrícolas, pero no solo- en que compradores y vendedores son casi siempre mujeres. Un modesto desahogo, hasta hace poco reservado a la élite comunista de Pyongyang. 

Pero las aperturas son miserables y de duración impredecible. Recientemente pudo verse a algunos turistas rusos -prácticamente los únicos autorizados, junto a los grupos de chinos- en una estación balnearia de playas desiertas. 

Tanto si son conquistas como espejismos, se espera que esta semana de bullicio político (es un decir) termine, como no podría ser de otro modo, con un despampanante desfile militar. La división de Corea aún produce monstruos.  

Corea del Sur

Lee Jae Myung exorciza el fantasma de la asonada con los tres ejércitos

Los jóvenes surcoreanos hace tiempo que le perdieron el miedo al régimen del otro lado de la Zona Desmilitarizada. La mayoría desactiva las constantes alarmas de seguridad en el móvil. Tampoco les teme el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, que este mismo viernes recordaba que el presupuesto militar de su país “multiplica por 1,4 el PIB de Corea del Norte”.

Pero también en Corea del Sur hay muertos muy mal enterrados y el presidente Lee, en una ceremonia de ascenso de oficiales de los tres ejércitos -la primera en nueve años- instaba a las Fuerzas Armadas a borrar cualquier rastro de ley marcial, para servir al pueblo. También prometía más dinero para Defensa -como le exige Donald Trump- aunque a cambio de que por fin sea un general coreano -y no uno estadounidense- quien tenga el mando sobre el ejército surcoreano en caso de guerra. 

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños

Corresponsal de 'Guyana Guardian' en Bangkok

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Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de Guyana Guardian en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.