Irán cierra el estrecho de Ormuz.

Gasolinera de Teherán tras el ataque

Arde Irán y las cotizaciones del petróleo también corren el riesgo de encenderse. Irán ha cerrado el estrecho de Ormuz en su costa meridional, por el que pasa el 20% del petróleo mundial que consumimos, abarcando casi toda la producción de Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, y dos tercios de la de Arabia Saudí. Una interrupción del flujo, sobre el papel, puede potencialmente causar un shock mundial.
Amadeo Alentorn, responsable de inversiones de Renta Variable Jupiter AM, señalaba que este escenario equivale a “la obstrucción de una arteria crítica”. En este caso “en respuesta a la reducción de la oferta, los precios del crudo aumentan” y “la inflación sube en todo el mundo”.De allí que este domingo el cartel de los países de la OPEP+ (el bloque de países de Oriente Medio junto a otros aliados liderados por Rusia) se reunirá para discutir un aumento de la producción. En los últimos días los delegados de la organización habían afirmado que, probablemente, acordarían, después de una pausa de tres meses, un modesto aumento de 137.000 barriles diarios (mbd) para abril, ante el repunte la demanda del verano boreal, que incluye la temporada vacacional en EE.UU.. Todo apunta a que la cantidad ahora será superior.
La OPEP+ valora la posibilidad de aumentar la oferta para evitar un repunte de precios
Los precios del Brent superaron el viernes los 73 dólares, niveles similares a los de hace un año, aunque en este 2026 el barril se ha incrementado un 20%. Arabia Saudí tiene la capacidad de desviar la mitad de su producción sin pasar por Ormuz mediante un oleoducto.
La incertidumbre que rodea la energía en Oriente Medio en todo caso no ha frenado los planes de ataque de Donald Trump. Por varios motivos. El primero, es que en los últimos años EE.UU. Ha alcanzado la plena soberanía energética. Gracias al fracking, es el mayor productor mundial de petróleo, con casi el 20% de la cuota mundial, casi 20 mbd, muy por delante de Arabia Saudí. Ya no depende tanto de Oriente Medio como en el pasado.
Además, el crudo iraní tiene un cuota que ha ido oscilando en el curso de los años, pero no estamos hablando de un proveedor decisivo para el suministro de petróleo del planeta como en la década de los setenta. La producción de Irán, unos 3,1 millones de barriles por día, representa poco más del 11% del total de los doce miembros de la OPEP pero apenas 3% del consumo mundial de petróleo y, además, de esta cantidad el país solo exporta la mitad. Hablamos por lo tanto de un pez relativamente pequeño a nivel comercial.
Segundo, la Casa Blanca sabe que si la producción iraní sale perjudicada a raíz de la invasión el mayor afectado no será Occidente ni EE.UU., sino China, que es su mayor rival. El 80% del crudo iraní que se exporta viaja con destino a Pekín. Según un cálculo aproximado, petróleo procedente de Irán representa cerca del 8,5% del total del consumo chino. No es un porcentaje enorme (de un país que se va electrificando rápidamente) pero es algo.
Y, por último hay un tercer aspecto. Donald Trump sabe que en la actualidad el mercado del petróleo está bien abastecido. Ya en ocasión de los bombardeos anteriores de junio se vio como la cotizaciones del crudo se incrementaron de forma moderada hasta un 4-5%, salvo reconducirse a posteriori.
El cálculo del magnate es que el barril podrá subir en los mercados, pero sin que se genere un shock inflacionario, (que supondría frenar la deseada bajada de tipos de interés de la Reserva Federal que tanto necesita en vista de las elecciones de octubre). Por cierto: un aumento de los precios beneficiaría a Vladimir Putin, quién fue recibido con alfombra roja por el mismo Trump.
