Internacional

Diego García, paraje ignoto del Índico.

Baúl de bulos

Base militar oculta está cerrada

Diego García: un punto ciego en medio del Índico… y unas cuantas gaviotas

Diego García: un punto ciego en medio del Índico… y unas cuantas gaviotas

Martín Tognola

Las antiguas civilizaciones seguían los ríos hasta que adelantos en la navegación les permitieron cruzar los mares y los océanos, a veces a ciegas, como es el caso de Colón. Así arrancó la senda de la globalización que tanto aprovechó Occidente a lo largo de 500 años para su mayor gloria, prosperidad y hegemonía religiosa, militar, cultural y económica. Pero colorín colorado, este cuento se ha acabado, al menos para los europeos, según sentencia de Trump.

Cuando Trump señala a Canadá y Groenlandia y todo el mundo dirige su mirada a esa infrapoblada vastedad ártica, va y manda raptar a Maduro, que ha sido reemplazado por un gobierno títere proclive a atender a los intereses de los gigantes petroleros.

Y mientras el mundo entero contempla lo que está pasado en Venezuela o México, aprieta las tuercas al paupérrimo régimen cubano, que, si todo sigue el plan trazado, caerá por su propio peso, sumido en el caos y en las puertas de una posible guerra civil, así arrancando de cuajo la espina más dolorosa que lleva Estados Unidos clavada en su tierno corazón

Los proyectos hoteleros que solo existen en la mente

Pero no pasa nada. Porque tanto a los cubanos como a los gazetíes les espera un futuro dorado jamás soñado, en el que desempeñarán felices tan nobles oficios como son los de camarero, botones o prostituta en los deslumbrantes hoteles y resorts que por ahora sólo caben en la febril imaginación de Donald Trump y sus avariciosos secuaces inmobiliarios.

Ahora, le toca a Irán, otra espina que Washington lleva clavada en su desmesurado orgullo de superpotencia herida, al tiempo que otro foco de ebullición social, en este caso contra la férrea pero cada vez más debilitada dictadura de los ayatolás, seguramente con no poca ayuda de la CIA.

Pero mientras ordena Trump el despliegue del imponente portaviones USS Gerald Ford a esta zona tan conflictiva, a miles de kilómetros al sur, en medio del Índico, dispone de una base militar que ríete tú de su Marina patrullando las aguas del golfo de Omán. Nos referimos al archipiélago de las islas Chagos, situado al sur de la India a medio camino entre Tanzania e Indonesia, siendo la mayor de ellas Diego García.

Hete aquí una breve y esquemática historia de este archipiélago habitado desde finales del siglo XVIII por esclavos traídos de Madagascar y Mozambique y que fue colonia francesa hasta la derrota de Napoleón y la firma del tratado de París en 1814, cuando tanto las Chagos como Mauricio se convirtieron en posesiones británicas.

Si bien Mauricio obtuvo su independencia en 1968 en pleno auge de la descolonización del Imperio británico, las Chagos no sólo no corrieron la misma suerte, ya que Londres las exigió a cambio de dicha independencia, sino que, en Diego García, la isla más grande y poblada, se estableció una enorme base militar de uso conjunto británico-estadounidense, pero no antes de expulsar de muy mala manera a la población autóctona.

Desde entonces los chagosianos andan por el mundo como almas en pena, siempre pendientes del Tribunal de Justicia de la ONU, que es quien podía fallar a favor de su retorno a casa. Y pese a que en enero el Gobierno de Keir Starmer firmase la devolución de las Chagos a sus legítimos pobladores en el exilio, no queda nada claro cuál será su destino.

La base militar funcionaría como un centro similar

Envuelta en un secretismo total, y por supuesto vetada a periodistas, la base militar de Diego García ha desempeñado un papel decisivo en numerosas guerras, que van de Vietnam pasando por Afganistán o Irak. Se cree que también sirve como una especie de Guantánamo, aunque sin testigos fiables resulta harto difícil comprobarlo.

Trump apunta a Irán con lo mejor de su imponente fuerza naval. Ha amenazado a los ayatolás con abrir fuego; les ha dado unos días para pensárselo; mientras espera que una revuelta popular ponga fin a tan nefasto régimen totalitario. Acto seguido, retirará sus portaaviones y buques de guerra y se proclamará el Gran Hacedor de la Paz.

Pero no habrá clausura de Guantánamo en Cuba, como prometió en su día Obama, ni de la base de Diego García, ese punto ciego en medio del Índico, en el que, según el Gobierno británico antes de llegar a un acuerdo de cohabitación en la isla con Washington, estaba únicamente habitado por un puñado de labradores y unas cuantas gaviotas.