El general que buscó aplacar la furia épica
Guerra en Oriente Medio
Dan Caine, jefe del ejército de EE.UU., trató de persuadir a Trump del enorme riesgo que suponía atacar Irán

El general Caine asistió el martes pasado al discurso de Trump del estado de la Unión en el Capitolio de Washington

Una vez más, la fuerza de la razón perdió ante la fuerza de las armas.
Frente a Donald Trump, presidente impaciente que quiere resultados inmediatos, rápido en apretar el gatillo, que parece ver la fuerza militar como la panacea para los problemas del mundo, el máximo responsable de su ejército, el general Dan Razin Caine, emerge como la voz de la conciencia.
Aunque subrayó el peligro, Caine lo hizo sin enfrentarse a Trump y edificando el gran despliegue militar
Ya es más que notorio que el ardor guerrero de Trump, que se escaqueó de Vietnam alegando espolones, resulta superior al de un profesional forjado y preparado para el combate.
Aunque el mandatario estadounidense lo negó, respuesta habitual cuando algo no le gusta o no le encaja, Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., se convirtió en una especie de Pepito Grilloen las conversaciones con Trump y su equipo del sí, señor que le rodea.
En esas reuniones y en otras en el Pentágono, Caine fue franco sobre las posibles desventajas de lanzar una gran operación militar dirigida contra Irán, expresando preocupaciones sobre la escala, la complejidad y el potencial de bajas estadounidenses de una misión de ese tipo, según sacaron a la luz diversos medios en EE.UU.
Esas preocupaciones no han coincidido con la retórica proveniente de la Casa Blanca, donde Trump se ha mostrado confiado en lo fácilmente que el ejército de las barras y las estrellas podría lograr la victoria, aunque no se definió cuál era la medida del éxito, espoleado por el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro.
Pero Irán no es lo mismo, recordó Caine. Sus consejos, según desveló Reuters ayer, se volvieron a escuchar horas antes de lanzarse este sábado la operación Furia Épica, que desestabilizó totalmente Oriente Medio. Este teniente general, tres estrellas de la Fuerza Aérea, insistió en que esa misión era aventurarse en un conflicto impredecible, un escenario con una posible recompensa, pero también un gran riesgo por la capacidad de Teherán para replicar con ataques de represalia.
Expiloto de combate de F-16 que pasó un tiempo como enlace militar con la CIA, Caine rara vez divulga sus opiniones personales sobre política. Sus partidarios señalan que hace lo que se supone que debe hacer el máximo jefe del ejército, ofrecer al presidente del país el mejor asesoramiento militar que facilite su agenda, unas políticas que el principal general de la nación no tiene por qué dictar.
A pesar de sus prevenciones, Caine, de 57 años, trata de no caer en lo que cree que consistió el error de su predecesor, Mark Milley, que chocó con Trump de manera ruidosa por la intención del presidente de desplegar militares para aplacar las protestas internas. Eso le hace más reservado. Al tiempo que no podía predecir el resultado de un intento de cambio de régimen en Irán, como jefe militar cumplió con la orden de hacer el mayor despliegue militar en Oriente Medio desde la invasión de Irak, en el 2003.
Tras pasar gran parte de su carrera en el mundo de los espías y los operadores especiales, Caine es miembro del círculo de confianza de Trump, que incluye al vicepresidente J.D. Vance; al secretario de Estado, Marco Rubio, y a Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca. Pero su primera lucha para acceder al cargo fue contra Trump, quien dijo que Caine le expresó una vez su adoración, que “mataría por él”. En su confirmación, el general retirado dijo que esa escena nunca existió.
A la hora bélica, sus consejos parecen pesar poco. Trump, que alardeó de ser el presidente que nunca había iniciado una guerra, se aburrió de la paz.
