Internacional

Irán: segunda historia de Esther

Análisis

No es casual que al inicio del último Sabbat antes de Purim, Estados Unidos e Israel hayan atacado al régimen teocrático

Un hombre lleva equipaje en el lugar de un ataque con misiles iraníes contra un edificio residencial, en Tel Aviv 

Un hombre lleva equipaje en el lugar de un ataque con misiles iraníes contra un edificio residencial, en Tel Aviv 

Ronen Zvulun / Reuters

Del dos al tres de marzo las comunidades judías de todo el mundo celebran este año la fiesta de Purim. En ella se conmemora la salvación del pueblo judío del intento de aniquilación por el Imperio Persa en el siglo V a.C. La historia es bien conocida, hasta el punto de que Salvador Espriu la glosó en 1948, ubicándola en otro tiempo y en otro contexto. Esther, una joven judía cautiva en Babilonia, accede a convertirse en la segunda esposa del emperador Asuero para salvar a su pueblo del complot que había urdido uno de los consejeros reales. Está recogida en el Libro de Esther, que forma parte de los Escritos judíos y el Antiguo Testamento cristiano.

No de forma casual, al inicio del último Sabbat antes de Purim, Estados Unidos e Israel han atacado al régimen teocrático que desde 1979 constituía la principal amenaza de Israel. Tampoco parece casual el nombre de la operación militar, Furia Épica, que parece evocar la también épica acción de Esther, considerada una heroína por el pueblo judío. El ataque respondía también a la voluntad de Estados Unidos de acabar con el régimen dictatorial que también desde aquel año estaba financiando el terrorismo internacional, apoyando al mismo tiempo a las revueltas internas que desde hacía casi un mes habían tomado las calles y estaban sufriendo una represión sangrienta. Tres en uno.

Irán ha atacado con misiles las bases estadounidenses ubicadas en Catar, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait, cometiendo así un grave error

El método empleado ha sido parecido al de Venezuela, aunque más invasivo. En esta ocasión también se ha neutralizado al jefe del estado y acabado con parte de la cúpula del régimen, pero con un despliegue militar que ha comportado daños colaterales. Como respuesta, Irán ha atacado con misiles las bases estadounidenses ubicadas en Catar, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait, cometiendo así un grave error: quedarse sin el único apoyo que podían haber tenido en el mundo islámico. El país queda ahora a merced de olas encadenadas de acciones y reacciones que no harán sino soliviantar a la población civil. Eso es lo que busca Estados Unidos: revertir la Revolución islámica de 1979 que derrocó al sah de Persia.

A nadie se le escapa que ese ataque pretende también cortar el suministro de petróleo a China, que adquiría el 90% del crudo producido en Irán, que tiene las terceras mayores reservas de petróleo del mundo. Ya habían hecho lo mismo con las primeras, las de Venezuela. En esta ocasión, sin embargo, Estados Unidos logrará controlar el estrecho de Ormuz, teniendo así la capacidad de bloquear la principal ruta comercial china hacia Occidente. Trump, al que le quedan tres años de mandato, quería además evitar que Irán tuviese capacidad nuclear, algo que sí podría haber desestabilizado la balanza en el equilibrio de fuerzas entre Irán e Israel, que sí las tiene. Visto desde este punto de vista, ha cumplido con sus objetivos, eso sí, con el estilo empresarial que le caracteriza.

Ni la física cuántica, con su paradoja del gato de Schrödinger, podría haber logrado retroceder las agujas del reloj con tanta eficacia

La operación militar se prevé corta. Como en Venezuela, se trata de descabezar al régimen, neutralizar su capacidad bélica y controlar el país en términos políticos y económicos. Y, como en el caso del país iberoamericano, ni China ni Rusia han acudido en apoyo del país atacado, como si en el encuentro de Alaska se hubieran acordado ya las reglas de juego esta partida geoestratégica. La opción que parece cobrar enteros, tras la casi segura breve pero intensa guerra civil, es el restablecimiento de Reza Pahlavi como nuevo sah de Persia, quien por cierto vive exiliado cerca de Washington desde 1979. Ni la física cuántica, con su paradoja del gato de Schrödinger, podría haber logrado retroceder las agujas del reloj con tanta eficacia.

Sin embargo, Estados Unidos se equivocaría si no permitiera al pueblo iraní adoptar un modelo propio de democracia. Como decíamos en otro artículo, publicado el 25 de julio pasado, los países deberían tener el derecho a desarrollar democracias adaptadas a sus tradiciones culturales, sean de base individual o comunitaria. Hacer lo contrario, y maximizar el modelo liberal, sería una nueva forma de colonialismo cultural, porque la historia nos demuestra que, entre la democracia griega y la anglosajona, existen varios modelos de construir un modelo democrático. Es justamente eso lo que despertó la revolución islamista del ayatolá Jomeini.

El paso final parece la reforma del sistema de Naciones Unidas, punto final del nuevo orden mundial surgido tras la cumbre de Alaska

Con Cuba a punto de caer como fruta madura, tras el férreo bloqueo económico, con el impacto que eso tiene en la población, Estados Unidos casi habrá completado su intervención en América (falta Nicaragua) y en Oriente Próximo. Podrá así concentrarse en hacer presión en el centro del tablero geoestratégico, el mar de China, para proteger a la otra perla de la corona: Taiwan. Es ahí donde Trump debería limitarse a pactar con Xi Jinping un modelo de relación que evite lo que sería sin duda un verdadero conflicto global, en este caso de consecuencias imprevisibles para toda la humanidad. Mientras tanto, ha dejado a Ucrania en manos de Europa para que sea ella quien asuma el coste de un conflicto en el que no le va nada y que en cambio tiene entretenida también a Rusia.

El paso final parece la reforma del sistema de Naciones Unidas, punto final del nuevo orden mundial surgido tras la cumbre de Alaska, que aparentemente no había producido ningún fruto concreto.