Internacional
José María Ridao

José María Ridao

Escritor y diplomático

La guerra del tiempo

Asedio frente al régimen de los ayatolás

Al igual que ha sucedido en cada una de las guerras de las que ha sido testigo el siglo XXI, también ésta, la que Estados Unidos e Israel han lazado contra Irán, ha dado lugar a una controversia entre profecías simétricas. De un lado, Donald Trump y Beniamin Netanyahu auguran que el mundo será más seguro porque acabar con un tirano como Alí Khamenei y sus planes nucleares es la garantía de que un régimen de libertades se abrirá paso en Irán, y sus vecinos en Oriente Próximo dejarán de entirse amenazados.

La otra profecía, la de que ningún cambio de régimen forzado por una intervención extranjera es viable, y más si sólo se realiza desde el aire, vaticina que a Irán le esperan tiempos trágicos, en los que las fuerzas de oposición a la República Islámica competirán a vida o muerte por ocupar el vacío de poder provocado desde fuera, como ocurrió en Libia, Siria, Irak o Afganistán. Y por lo que respecta a la situación en Oriente Próximo, lo que esta misma profecía viene a advertir es que una eventual guerra civil en Irán, un país divido por líneas políticas y religiosas que se replican en los Estados limítrofes, podría acabar arrastrándolos a todos.

Una persona sostiene un cartel de apoyo a Netanyahu yTrump frente al Consulado de Israel en Los Ángeles
Una persona sostiene un cartel de apoyo a Netanyahu yTrump frente al Consulado de Israel en Los ÁngelesPatrick T. Fallon / AFP

Si la victoria de Trump y Netanyahu no es aplastante, será una derrota

A tenor de las últimas y desconcertantes declaraciones de Trump y Netanyahu, ni uno ni otro saben gran cosa acerca de qué ocurrirá a partir de ahora, lo cual no quiere decir que lo sepan quienes han rechazado su acción. Un escenario de guerra es por definición impredecible, pero mucho más impredecible si quienes dan el primer golpe no han definido previamente un objetivo verosímil y quienes lo padecen están dispuestos a desbordar los límites del conflicto, ampliándolo. El hecho de que unos cientos de iraníes salieran a celebrar en las calles la muerte de Ali Khamenei y de que otros tantos se manifestaran lamentándola no son indicio de cuál será el desenlace de una guerra en la que el principal misterio es por qué ha comenzado. Netanyahu visitó Washington y Trump rechazó pública y enérgicamente sus planes. Poco después cambió de opinión y abandonó de un día para otro la vía diplomática en la que Irán creyó advertir progresos. ¿Por qué? Si como se ha dicho los informes de inteligencia daban cuenta de la extrema debilidad del régimen iraní, la iniciativa más prudente no era bombardear Teherán, sino apoyar a los grupos de oposición que podrían ganar la partida interna. Y si más allá de lo que se conoce, lo que hubiera sucedido es que Netanyahu dispusiera de algún instrumento de presión sobre Trump que, vistos los extremos de insensatez a los que lo ha arrastrado, más que presión rozaría el chantaje, de nada serviría especular acerca de la estrategia internacional de Estados Unidos porque Estados Unidos carecería de estrategia. Simplemente, estaría a merced de las debilidades de su presidente.

Porque lo cierto es que ni a Estados Unidos ni al mundo les convenía esta guerra; una guerra que ni siquiera será útil a Israel, a no ser al Israel que representan Netanyahu y su gobierno, dispuestos a arrasar una región llevando un libro sagrado por bandera. Que la fuerza sin derecho y sin justicia no puede prevalecer para siempre es un principio que pocas veces la historia ha desmentido, si es que lo ha hecho alguna vez. La pregunta, por tanto, no es sólo qué va a pasar a partir de ahora, sino también cuándo este principio se dejará sentir en Oriente Medio, después de tanto sufrimiento. Más que especular acerca de profecías simétricas, habría que considerar la eventualidad de que dos líderes mesiánicos, dispuestos a exportar por la fuerza la democracia que están destruyendo en sus países, se hayan precipitado en un avispero. Ojalá consigan salir, no porque merezcan la victoria en la guerra estúpida que han desencadenado, sino porque quien no la merece en absoluto es la República Islámica. Sus bazas son limitadas pero, al parecer, ni Trump ni Netanyahu, en su soberbia, han sabido distinguir la que podría resultar decisiva: el tiempo correría contra ellos y a favor de Irán. Con el agravante de que, a diferencia de lo que sucedió en la anterior escalada bélica, en junio, su victoria tendría que ser aplastante. Si no, nada la distinguirá de una derrota.