Internacional

Estrangular a Irán no asfixiará a China

Alianza energética y logística

Pekín tiene contratos a 20 años vista con la República Islámica pero el apoyo político no será militar

Terminal portuaria en Qingdao, Shandong, provincia costera en la que recala la mayor parte de las exportaciones de petróleo iraní OUT

Terminal portuaria en Qingdao, Shandong, provincia costera en la que recala la mayor parte de las exportaciones de petróleo iraní OUT

- / AFP

Estrangular a Irán supone un revés para China, pero no la asfixia. Cada día está más claro que muchos otros lo pasarán peor, si el precio del petróleo supera los 100 dólares por barril (150$ si la guerra se prolonga, según el ministro de Energía de Qatar). Pekín mantiene el apoyo político al régimen de Teherán, eslabón clave en las Nuevas Rutas de la Seda. Pero Irán tendrá que defenderse solo.  

El presidente chino Xi Jiniping tiene motivos para verle las orejas al lobo. EE.UU. Lleva cuatro años de guerra indirecta con la Rusia de Vladimir Putin. Donald Trump, no solo no ha cumplido su promesa de hacer las paces, sino que en pocas semanas ha secuestrado al venezolano Nicolás Maduro y ha asesinado al iraní Ali Jamenéi, sus homólogos. Mientras espera que el cubano Miguel Díaz-Canel caiga como fruta madura. El nexo que los une es su alianza con China, verdadero rival de Washington. 

Sin embargo, EE.UU. Podría descubrir a su pesar que, a diferencia de varias de las tierras raras que atesora la República Popular de China, los hidrocarburos venezolanos e iraníes son perfectamente sustituibles. En cualquier caso, no son movimientos que allanen el camino de la República Popular de China. Se le ha dado la vuelta a la tortilla y esta tiene hasta motivos para sentirse expropiada, ya sea a cuenta de TikTok en EE.UU. O de los puertos de Panamá de los que ha sido desalojada la hongkonesa Hutchison. En la misma línea, el nuevo presidente chileno, José Antonio Kast,  da marcha atrás al cable submarino de fibra óptica que debía unir Valparaíso y Hong Kong. 

A China no la pillan desprevenida, sino con sus reservas estratégicas de petróleo en máximos históricos. Para aguantar entre 4 y 8 meses, según las fuentes. No en vano, la soberanía tecnológica y energética es una fijación de Xi Jinping. Transformar a  China en “potencia energética” será el caballo de batalla del próximo plan quinquenal, según se desprende en las Dos Sesiones en curso, su principal cita política anual.

El fervor por el coche eléctrico y las energías renovables hacen al país menos vulnerable. El consumo de petróleo está a punto de tocar techo y podría empezar a descender a partir del año de viene, cuando se venderán más coches eléctricos e híbridos que de combustión. 

Si la evolución de las bolsas asiáticas esta semana sirve de termómetro, las grandes perdedoras son Tailandia y Pakistán, con descensos del 7,7% y el 6,1%. En un segundo grupo están Hong Kong, Taiwán e Indonesia, con caídas superiores al 3,5%. La corrección va del 2% al 3% para Singapur, Malasia, Corea del Sur y Japón. En Shanghai, un 1%. 

Todo ello, cuando China debía ser la gran perdedora, habida cuenta de que Irán es su tercer suministrador de petróleo (alrededor del 13%), tras Rusia y Arabia. Más del 80% del crudo iraní termina en China, aunque en gran parte lo hace mediante flotas fantasmas, que recalan en Malasia, para desembocar en refinerías independientes de Shandong, que viven de su descuento.

Una hipotética caída de la República Islámica de Irán sería un revés para China, entre otras cosas, porque firmaron un contrato de suministro de petróleo  por 25 años, en 2021, a cambio de gigantescas inversiones en infraestructuras, energéticas o no. Pero sus oleoductos y gasoductos con Rusia y Kazajistán son inmunes a las turbulencias en los estrechos de Malaca (también los de Birmania) u Ormuz. En este último caso, su control por parte de los Guardianes de la Revolución no equivalen a un cierre para China, como descubrió este jueves un buque granelero. 

Es difícil predecir cuánto durará esta guerra, en la que EE.UU. Podría estar gastando mil millones de dólares diarios. Podría depender del stock de misiles y de interceptores. También podría agotarse la paciencia de los países del Pérsico. Dubái se vendía como un refugio seguro para capitales y personas, que ahora se interesan por Hong Kong o Singapur. 

Si Trump renuncia a seguir intentando un cambio de régimen, las empresas chinas serán las mejor situadas para la reconstrucción. Pero Irán no es solo un socio energético de China, sino también logístico, como lo es de Rusia (corredor Norte-Sur).

Ahí sí tendría mucho que perder China si la destrucción del país fuera catastrófica o el Pentágono se empantanara en Irán como hizo en Irak. Aunque esto último también podría sellar el fin de su hegemonía. 

Todo ello, con la visita de Trump a China prevista para final de mes. El hecho que Xi no haya dicho una palabra sobre la guerra lleva a creer que se mantendrá. Pero tres semanas son una eternidad, en Teherán o Tel Aviv. 

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños

Corresponsal de 'Guyana Guardian' en Bangkok

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Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) ejerce como enviado de Guyana Guardian en Bangkok. Con anterioridad, desempeñó la labor de delegado para el rotativo en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.