Cruzada en el despacho oval con pastores evangélicos que rezan por Trump y EE.UU.
Asedio frente al régimen de los ayatolás
“Oramos para que continúes dando a nuestro presidente la fortaleza que necesita para dirigir a nuestra gran nación mientras volvemos a ser una nación bajo Dios”, dijo el predicador encargado de la oración

Imagen de la plegaria de ayer en el despacho de Trump en la Casa Blanca

El despacho oval, expresión máxima del poder terrenal humano, se transformó en el Reino de Dios. La espada y la cruz.
La imagen ya es icónica por repetida, con el presidente Donald Trump sentado en el despacho y los invitados en pie, rodeándolo, congraciándose con él y, por la colocación, dando la impresión de que se someten a su voluntad.
En medio de esta especie de cruzada contra el régimen islámico de Irán, el mandatario estadounidense se vio arropado este jueves por una cohorte de pastores y líderes evangélicos que rezaron por el presidente, las fuerzas armadas y Estados Unidos como si todo fuera una unidad indisoluble.
“Rezo por tu gracia y tu protección sobre él. Rezo por tu gracia y protección sobre nuestras tropas y sobre todos nuestros hombres y mujeres que sirven en nuestras fuerzas armadas. Y Padre, simplemente oramos para que continúes dando a nuestro presidente la fortaleza que necesita para dirigir a nuestra gran nación mientras volvemos a ser una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos. Pedimos tu bendición celestial sobre él, en el nombre de Jesús. Amen”, dijo el predicador encargado de la oración, recibida con un “Amen” coral.
Trump ha participado en este tipo de plegarias en otras ocasiones, pero esta vez alcanzó un efecto viral por el momento en que se ha producido, en pleno ataque en el Golfo Pérsico contra los infieles según la creencia de no pocos de esos que se reunieron en la Casa Blanca, en esa sala que brilla más que sol por la proliferación de objetos dorados.
La difusión en las redes sociales de esas oraciones de los evangélicos junto a Trump en este momento de conflicto bélico propició que surgieran elogios, pero también severas críticas a esa iniciativa.
“Ésta es la razón por la que necesitamos la separación de la iglesia y el Estado, para que estos lunáticos no nos hagan volar por los aires debido a sus creencias”, subrayó un usuario de Reddit. “En qué circo se ha convertido Estados Unidos”, reiteró otro. Hubo quien se sorprendió de que se diera publicidad a algo privado como es el rezo.
La conversión del presidente de Estados Unidos resulta curiosa si se le compara con aquel promotor inmobiliario y showman televisivo que fue, nada practicante de la fe, favorable al aborto, casado y divorciado en dos ocasiones, infiel reconocido por los hechos y por si mismo, quien sostuvo que el luchó su particular Vietnam para no contagiarse con el sida en la década de los ochenta.
El denominado nacionalismo cristiano, representado en el despacho oval, ha sabido perdonar todos esos antecedentes para sacar rédito de un presidente que ha comulgado con sus pensamientos de ultraderecha a cambio de votos. Estos grupos evangélicos le dieron un apoyo masivo en las elecciones del 2016, 2020 y 2024.
En diversas intervenciones en este segundo mandato, Trump ha enfatizado el papel perdurable del cristianismo en la identidad de Estados Unidos, la defensa inquebrantable de su administración de los valores basados en la fe y su compromiso de proteger la libertad religiosa.
“El nacionalismo cristiano se parece a la Biblia del patriota americano, que muestra cómo la historia de Estados Unidos conecta a las personas y los acontecimientos de la Biblia con nuestras vidas en un universo moderno”, definió Paul D. Miller, profesor de la Universidad de Georgetown y autor del volumen The Religion of the American Greatness: what’s wrong with Christian nationalism (2016).
En su trabajo señaló la “sorprendente” cifra de que el 65% de los estadounidenses cree que es bastante o muy importante que los ciudadanos sean cristianos para ser “verdaderos americanos”. Parten de la idea de que “Dios ha concedido un papel especial a Estados Unidos en la historia humana”, insistió.
“El nacionalismo cristiano es una mala teoría política, intolerante en la teoría y en la práctica, en desacuerdo con las características clave del experimento de Estados Unidos”, recalcó. “Lejos de promover la unidad nacional, siembra la división nacional. El nacionalismo cristiano es, en efecto, una política de identidad para los evangélicos tribales que confunden su cultura particular con la nación en su conjunto”, apostilló.
El propio Trump se ha descrito como el elegido del Señor tras sobrevivir al atentado que sufrió en julio del 2024 en Pensilvania, cuando una bala le rozó una oreja. En la plegaria del jueves, varios de los asistentes pusieron sus manos en los hombros y brazos del presidente, que mantuvo la pose de conexión divina, como si fuera la efigie de un mesías a quien expresar devoción religiosa.
Trump lleva unos meses en los que se cuestiona la vida después de la muerte, el cielo y el infierno. Incluso ha reconocido que tal vez hizo números para ir al averno. Pero este pasado mes dijo que tal vez debe ir al paraíso. Aunque confesó que no se ha comportado de forma perfecta, matizó: “He hecho mucho bien”.
