Internacional

Crece la preocupación en EE.UU. Por el agotamiento del arsenal militar en la guerra de Irán

Guerra en Oriente Medio

Un informe del Consejo Nacional de Inteligencia concluyó el mes pasado que es improbable un cambio de régimen en Teherán mediante una campaña de bombardeos masivos

Lanzamiento de un misil Tomahawk desde el destructor de misiles guiados clase Arleigh Burke USS Thomas Hudner, en el marco de la Operación Furia Épica.

Lanzamiento de un misil Tomahawk desde el destructor de misiles guiados clase Arleigh Burke USS Thomas Hudner, en el marco de la Operación Furia Épica.

Departamento de Defensa / AFP

La guerra ilegal de Estados Unidos en Irán puede tener un precio muy elevado para Washington. Más allá de los seis primeros soldados estadounidenses muertos en la operación, del descrédito de algunos aliados internacionales que no fueron avisados, de la traición de Donald Trump a una de sus principales promesas de campaña, o del riesgo para sus aliados en este gran conflicto regional, le saldrá muy caro al Pentágono en términos de impacto económico y militar.

Trump insiste en que la guerra durará “el tiempo que sea necesario”, hasta cumplir unos objetivos que han ido cambiando en sus declaraciones públicas a lo largo de la primera semana de guerra: el cambio de régimen, la destrucción del programa nuclear y de misiles de largo alcance, y la eliminación del sistema de milicias proiraníes. Pero un informe clasificado del Consejo Nacional de Inteligencia, desvelado ayer por el Washington Post, concluyó el mes pasado que EE.UU. Probablemente no logre derrocar al régimen iraní mediante una campaña de bombardeos masivos como la actual.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos

“Tenemos un suministro prácticamente ilimitado de municiones de grado medio y medio-alto, que estamos usando en Irán”

La Casa Blanca asegura que la guerra podría alargarse un mes, pero el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dobló esa estimación en su última comparecencia, avanzando que el Pentágono está preparado para aguantar la astronómica operación militar todo el tiempo que requiera. El conflicto, en el que Washington ha atacado más de 3.000 objetivos en una semana, ha vuelto a despertar los temores de que las reservas de misiles puedan agotarse y eso deje a EE.UU. En una posición de debilidad ante futuros ataques de China y Rusia, especialmente si Pekín decide atacar Taiwán y Moscú intensifica su guerra contra Ucrania.

“Tenemos un suministro prácticamente ilimitado de municiones de grado medio y medio-alto, que estamos usando, por ejemplo, en Irán, y que usamos recientemente en Venezuela”, afirmó Trump el viernes, intentando calmar los ánimos tras reunirse en la Casa Blanca con ejecutivos de siete importantes contratistas de defensa del Pentágono. Anunció que habían acordado cuadriplicar su producción de lo que llamó armamento de “clase exquisita”, en aparente referencia a sofisticados sistemas de defensa aérea y misiles de crucero. Dijo que el aumento llegaría “lo más rápido posible” hasta “los niveles más altos de cantidad”, aunque no quedó claro cuánto tiempo tardaría ni dio cifras concretas.

Los misiles que está usando EE.UU. Para defender a sus bases y aliados en la región, los Patriot y los THAAD, tienen un coste individual de millones de dólares, y están siendo utilizados para interceptar drones iraníes de unos 20.000 dólares cada uno. “Esa no es una ecuación favorable si se mantiene con el tiempo”, alertó esta semana Antony Blinken, secretario de Estado durante la Administración de Joe Biden, un presidente que ya afrontó problemas de escasez de arsenal en su ayuda militar a Ucrania. “Estas cosas no tienen un suministro infinito y los tiempos de producción son muy largos”, avisó el demócrata, contradiciendo el idealismo bélico de Trump.

Washington afirma que el mayor costo de la guerra es el inicial, pues el Pentágono se está enfocando en diezmar las capacidades balísticas iraníes, apuntando a los lugares donde se encuentran el arsenal y las plataformas de lanzamiento. Para ello, está usando sus armas de mayor alcance, incluidos los misiles de crucero Tomahawk, que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, lleva tiempo pidiendo a su aliado para poder amenazar a Rusia con ataques en sus profundidades. EE.UU. Está mermando así su arsenal más costoso y sofisticado, que además es más lento de producir.

Los funcionarios de la Administración Trump señalan que las defensas aéreas y los lanzadores de misiles de Irán han sido destruidos casi al completo, con lo que EE.UU. Ha logrado la superioridad aérea que andaba buscando al inicio de la operación. Esto permitirá al Pentágono reducir su empleo de las armas más poderosas y comenzar a lanzar desde el aire bombas de precisión menos costosas, aunque con ello corre el riesgo de poner en peligro la vida de los soldados que piloten los aviones de combate en el espacio aéreo iraní.

No hay datos públicos y fiables de las reservas de arsenal estadounidense, un secreto guardado a cal y canto para evitar que esa información llegue a los enemigos. Pero es indudable que esas reservas son menores después de las intervenciones militares de Trump en el último año en Venezuela, Nigeria, Yemen, Siria, Irak, Somalia y en aguas del mar Caribe.

“Nuestro estado de municiones solo mejora a medida que aumenta nuestra ventaja”, declaró Hegseth el jueves, invalidando la preocupación de los legisladores que, tras una reunión a puerta cerrada en el Capitolio con funcionarios de la Administración, alertaron del riesgo de agotamiento de los misiles estadounidenses. Ayer, Trump anunció que Irán iba a sufrir “pronto” el ataque más letal hasta la fecha, después de que el presidente iraní, Masoud Pzeshkian, dijera que la exigencia del republicano de una “rendición incondicional” era “un sueño que nuestros enemigos se llevarán a la tumba” y de que su ministro de exteriores, Abbas Araghchi, avisara de que “si Trump quiere una escalada, eso es lo que tendrá”.

Javier de la Sotilla Puig

Javier de la Sotilla

Washington

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