Ocho días de guerra y caos en Oriente Medio
Asedio frente al régimen de los ayatolás
Trump promete más dureza contra Irán, que se disculpa ante los países del Golfo

El humo envuelve los edificios en Tiro, ciudad del sur del Líbano castigada por el ejército israelí

“¿De qué lado ha sido el bombardeo? ¿A este lado de la frontera o en el otro?”. La pregunta formulada por un grupo de periodistas en Metula, el enclave israelí rodeado a tres bandas por Líbano, condensa una semana en la que Oriente Medio ha implosionado en todos los frentes.
La diplomacia murió el sábado 28 de febrero. A primera hora de la mañana, Israel y Estados Unidos lanzaron un ataque conjunto sobre el régimen iraní, tras semanas de preparaciones militares en el golfo Pérsico y en el Mediterráneo. Uno de los protagonistas de esta guerra, el ayatolá Ali Jamenei, fue asesinado junto a parte de su familia en un bombardeo israelí en su residencia de Teherán a primeras horas de conflicto.
La operación culminó en la noche del 5 al 6 de marzo, cuando se lanzaron alrededor de un centenar de bombas sobre ese mismo complejo. Un analista militar israelí describió la estrategia con una metáfora: el objetivo es “romper la columna vertebral del enemigo y tomar cada una de las vértebras para quebrarlas por separado”, es decir, desmantelar progresivamente la estructura de mando del régimen iraní.
El ataque inicial también acabó con decenas de altos cargos de la República Islámica. Sin embargo, el presidente Masoud Pezeshkian y otros líderes como el ministro de Exteriores, Abás Aragchi o Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, continúan al mando después de una semana en el que la coalición occidental ha descargado su potencia de fuego sobre el país chií.
La diplomacia murió el sábado 28 de febrero: a primera hora, una bomba asesinó al ayatolá Alí Jamenei
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) asegura que sus fuerzas han golpeado más de 3.000 objetivos en Irán y han destruido 43 buques de guerra, mientras que los muertos en el país persa superan al menos las 1.332 personas en el mayor reto al régimen desde la Revolución Islámica en 1979.
La teocracia persa, vertebrada por la Guardia Revolucionaria, resistió el primer envite y cumplió con la amenaza de sus líderes: centenares de misiles balísticos volaron contra los países del golfo Pérsico que albergan bases norteamericanas. Las potencias árabes, asentadas en la riqueza del petróleo, vivieron bombardeos en ciudades consideradas seguras. Hoteles de lujo en Dubái, refinerías en Arabia Saudí y embajadas de EE.UU. Ardieron por el impacto de los drones; el estrecho de Ormuz, una de las principales vías de tránsito de hidrocarburos del mundo, cerró completamente.
Irán ha lanzado más de 400 misiles balísticos y casi 1.000 drones contra países árabes del Golfo desde el inicio de la operación Furia Épica, bautizada así desde Washington. Los ataques han alcanzado a los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo -Arabia Saudí, Baréin, Kuwait, Omán, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos-, además de Jordania, Irak y Omán.
Según fuentes regionales, la campaña iraní en esta región se ha desarrollado en fases: primero bases militares, después infraestructuras civiles y aeropuertos; instalaciones energéticas y, al final otros objetivos, como la embajada estadounidense en Riad. Dubái, uno de los hub internacionales y puente aéreo entre Europa y Asia, intentó ayer recuperar su actividad. Pero un último Shahed iraní se lo impidió horas después.
Se agotan las armas iraníes, pero también las baterías antiaéreas utilizadas para neutralizarlas
Desde Teherán, Pezeshkian pidió perdón a los países árabes por los ataques, y aseguró que detendría la ofensiva. A pesar de ello, Irán continuó lanzando drones durante el sábado y, según el portavoz del parlamento persa, Mohamed Bagher Ghalibaf, “mientras continúe la presencia de bases estadounidenses en la región, los países no disfrutarán de paz”. Expertos militares aseguran que puede estar agotando sus armas, pero el ritmo de lanzamientos agota también las reservas de baterías antiaéreas, mientras Washington anuncia grandes inversiones en interceptadores (algunos podrían llegar de Ucrania).
El impacto de la guerra se ha dejado sentir en el tráfico marítimo. En el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo, el tránsito de petroleros ha caído casi a cero desde el 2 de marzo. Más de 150 barcos están fondeados a la espera de poder cruzar el estrecho.
La otra táctica de Teherán, dispuesto a inmolarse en esta guerra, ha sido activar sus aliados en la región. La milicia chií Hizbulah, debilitada tras dos años de ataques israelíes, metió a Líbano en la contienda con una andanada de proyectiles sobre el norte de Israel.
Tel Aviv ha respondido con virulencia inusitada: más de 250 muertos, centenares de heridos y decenas de miles de desplazados. Los suburbios del sur de Beirut, bastión del grupo armado, han sido evacuados, al mismo tiempo que el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, prometió convertir esta zona, Dahiye, en un paisaje tan desolado como Gaza.
Hizbulah se ha inmolado en defensa del régimen iraní, y con ello ha metido al Líbano en la contienda
Las tropas israelíes han invadido el sur del país, donde combaten cuerpo a cuerpo con Hizbulah, cuyo hilo umbilical conecta directamente con Teherán. Si el régimen cae, su control de parte de Líbano acabará por completo.
En todo este caos, Beniamin Netanyahu emerge como el gran interesado en esta guerra. Durante dos décadas, el actual primer ministro ha señalado a Irán como “la principal amenaza a la existencia de Israel”. La guerra de los 12 días de junio de 2025 fue sólo un entrenamiento. Con la mayoría de la población a favor y una oposición que cierra filas en torno a él, está dispuesto a llevar a cabo una campaña de semanas. Su objetivo es fulminar a su enemigo acérrimo y conseguir libertad para operar a placer en un Oriente Medio.
Los israelíes han trasladado su vida a la extensa red de búnkeres, en un país preparado mental y logísticamente para la guerra. La Cúpula de Hierro intercepta con gran efectividad -por el momento- las oleadas de misiles balísticos iraníes, que cada menos de una hora hacen saltar todas las alarmas antiaéreas.
El balance de víctimas es bajo, comparado con Irán y Líbano: al menos 11 israelíes han muerto en esta guerra. Irán ha amenazado con utilizar armas más destructivas para romper el escudo aéreo. El viernes, el cielo de Tel Aviv se iluminó con las estelas de un misil Jaibar que fue interceptado. El proyectil está pensado para romperse en 80 piezas y que la metralla hiera más localizaciones.
Netanyahu aparece como el vencedor de esta guerra: la de junio del 2025 fue solo un entrenamiento
El viernes, Donald Trump exigió la “rendición incondicional” de Irán, apenas horas después de que Pezeshkian mencionara esfuerzos de mediación para poner fin a la guerra. Pero los comentarios de Trump descartaron cualquier retorno a la diplomacia a corto plazo. Tampoco ha definido EE.UU. Cuál será el futuro de Irán. ¿Quién piensa en ello?
Mientras Oriente Medio arde en una guerra que ya ha superado en escala a Irak en 2003 y cualquier conflicto en la historia de la región, las bombas continúan en Metula. Un grupo de vecinos toma café en la terraza, a pesar de estar a corta distancia de la artillería de Hizbulah. Están seguros de que “la guerra acabará pronto”, algo de lo que dudan todos los analistas del mundo. Sólo hay una certeza inapelable: Donald Trump no ganará el Nobel de la Paz este año.
