Los “expats” que viven en los Emiratos por razones fiscales no inspiran pena en el Reino Unido
Asedio frente al régimen de los ayatolás
Más de 250.000 británicos residen en Dubái para no pagar impuestos y evitar los inviernos fríos y lluviosos

Un Airbus A-380 de Emirates se prepara para aterrizar en Dubai

A Dubái los inmigrantes no llegan en patera, con una mano delante y otra detrás, arriesgando su vida, burlando a la policía fronteriza, escalando una valla coronada con alambre de púas, atravesando el desierto y pagando todos sus ahorros a los traficantes. A Dubái los inmigrantes llegan en la suite con cama doble que hay en la nariz de los aviones de Etihad Airlines, en las cabinas de primera clase que tienen su propia ducha o, si están más abajo en el escalafón social, en business con su mini bar y todo el caviar que puedan comer.
Porque aunque unos y otros podrían ser considerados inmigrantes económicos, aquí también hay clases. Una cosa son los que buscan una vida mejor en un lugar lejano donde seguramente van a ser insultados o mirados con desprecio por el privilegio de trabajar como mulas, pero qué se le va a hacer, y otra los expats (futbolistas de la liga saudí, influencers , youtubers , banqueros, gestores de fondos de inversiones, profesionales liberales que pueden hacer su oficio por internet, agentes de la propiedad inmobiliaria, inversores de criptomonedas...) Cuyo objetivo es no pagar impuestos y, al menos en el caso de los británicos, evitar los inviernos fríos, lluviosos y miserables de estas islas.
El líder liberal demócrata Ed Davey ha propuesto que los británicos que sean repatriados paguen un impuesto especial
La diferencia entre expat e inmigrante es bastante semántica, pero básicamente se resume en que los primeros son occidentales de buena posición que pueden regresar a sus países de origen cuando quieran y ven su exilio como voluntario y temporal, y los segundos son por lo general pobres con opciones vitales mucho más limitadas, a quienes se les exige que se integren en las culturas del país de adopción y se les echa la culpa de los problemas (falta de vivienda, sanidad saturada, aulas saturadas, delincuencia, deterioro de las infraestructuras). Unos son vistos como un plus, otros como una carga a vitar si es posible.
Dubái es un perfecto caso de estudio. De sus cuatro millones de habitantes (seis millones si se incluye toda el área metropolitana, con los emiratos de Sharjah y Aiman), un 92% de la población son extranjeros, de los cuales un 38% indios, un 17% paquistaníes, un 7% de Bangladesh, otro 7% filipinos, un 5% iraníes, un 4% egipcios, un 3% nepalíes y de Sri Lanka, un 2% chinos y un 1.66% de países occidentales, entre ellos un cuarto de millón de británicos. No hay que tener mucha imaginación para saber quiénes tienen las piscinas y quiénes las limpian y hacen masajes a sus dueños.
De sus cuatro millones de habitantes de Dubái, un 92% son extranjeros
La geopolítica nunca había interesado especialmente a los expats de los Emiratos Árabes Unidos (de los que forman parte Dubái, destino favorito de los occidentales, y Abu Dabi), y habría que ver cuántos sabían antes de esta guerra que tenían entre otros vecinos a Irán. Lo que sí sabían es que no hay impuesto sobre la renta ni hereditario, los pisos son caros pero el servicio barato, la delincuencia casi nula, los veranos muy calurosos pero con aire acondicionado en todas partes, y que las cosas funcionan.
Cerca de 200 misiles en una semana y un promedio de 100 drones diarios, que han dañado hoteles y rascacielos, han roto de repente la imagen de paraíso estable y seguro, y dado a los expats un curso intensivo de dónde está Dubái en el mapa. Pero en Gran Bretaña su suerte no inspira ninguna pena, sino más bien schadenfreude , esa palabra alemana que significa alegría por las desgracias de los demás. ¿No os habéis marchado? ¡Pues ahora toca fastidiarse!
El líder liberal demócrata Ed Davey ha propuesto que los expats que quieran regresar a casa en los vuelos organizados por el Gobierno para repatriar a los británicos a quienes el conflicto ha pillado en Dubái (varios cientos de miles entre los residentes en el emirato, y los turistas que estaban allí o sus vuelos hacían escala) tengan que pagar un impuesto especial, y la reacción del público ha sido favorable a la idea. Los privilegiados que presumían en las redes sociales de una vida regalada con chóferes y niñeras, yendo en febrero a la playa, visitando la sucursal local del Louvre,acudiendo a premios de Fórmula 1 y teniendo a Cristiano Ronaldo de vecino, no inspiran precisamente pena.
Cerca de 200 misiles en una semana y un promedio de 100 drones diarios han roto la imagen de paraíso estable y seguro
Los británicos en Dubái se dividen en dos grupos, los que ya llevan tiempo establecidos y los que han llegado en el último año y medio escapando de los impuestos del laborismo. Entre los novatos ha cundido más el pánico, y algunos incluso están pagando un cuarto de millón de dólares para escapar en aviones privados. Pero los veteranos se han aplicado esa expresión tan inglesa de keep calm and carry on (mantén la calma y sigue), y cuelgan en Instagram fotos suyas en los refugios anti misiles de los sótanos de sus edificios, con botellas de champán y latas de foie gras que les llevan riders que trabajan 60 horas a la semana por cuatro duros. No llores por nosotros, Inglaterra. Eso sí, esperemos que la cosa no vaya a más y no se devalúen nuestras casas y nuestras acciones.
