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El renacimiento de la energía atómica en EE.UU.

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Gracias al respaldo de ambas agrupaciones políticas y la incorporación de las empresas tecnológicas más relevantes, la nación busca triplicar su potencial atómico para el año 2050.

Los 'data center' y la economía digital disparan el consumo eléctrico. En la imagen, aires acondicionados para enfriar los servidores del centro de datos de Ashburn, Virginia. 

Los centros de datos y la economía digital aumentan el consumo de electricidad. En la imagen, sistemas de refrigeración destinados a enfriar los servidores del centro de datos de Ashburn, Virginia. 

JIM LO SCALZO / EFE

Recientemente, EE.UU. Se ha sumergido en una competición veloz para revitalizar la energía nuclear, un recurso que anteriormente se consideraba excesivamente caro, pausado o complejo políticamente como para ocupar un lugar protagonista en la infraestructura energética. El factor determinante no ha sido el respaldo gubernamental, dado que tanto el presidente Biden como el presidente Trump favorecen el crecimiento de la energía nuclear, sumado a un consenso entre ambos partidos dentro del Congreso. El impulso fundamental radica en la percepción cada vez mayor de que EE.UU. Encara un incremento histórico en el consumo de electricidad, una tendencia impulsada por una inteligencia artificial que requiere gran potencia, el fomento de la reindustrialización (en un contexto donde las fábricas consumen más energía) y el requerimiento de fuentes estables y reducidas en emisiones para consolidar un sistema eléctrico actual.

Las grandes firmas tecnológicas ya no se mantienen distantes; se han involucrado plenamente en el sector nuclear, inyectando capital en desarrolladoras y pactando contratos de suministro para asegurar gigavatios de potencia. Las metas del Gobierno y los intereses de las empresas, que anteriormente divergían, se encuentran ahora alineados al considerar la energía nuclear como una respuesta indispensable.

Por espacio de dos decenios el requerimiento de energía en EE.UU. Permaneció invariable, aunque ahora aumenta un 2,2% cada año y se prevé que se agilice todavía más debido a la IA, los vehículos eléctricos, las bombas de calor y la reindustrialización.

Ahora bien, el camino hacia el futuro no es ni sencillo ni coherente. El sistema energético estadounidense está profundamente desarticulado. Las políticas energéticas estatales, las organizaciones regionales de transmisión y un marco regulatorio fragmentado dificultan la implementación de una estrategia energética nacional.

EE.UU. No muestra una estructura uniforme, sino que representa una amalgama de entornos comerciales al por mayor en competencia, monopolios con integración vertical y organismos de nivel federal y estatal que coinciden entre sí. Bajo este escenario, el propósito de multiplicar por tres o hasta por cuatro la potencia nuclear hacia la mitad de la centuria resulta simultáneamente motivador y abrumador.

Aumento de la demanda: las razones por las que el consumo de electricidad se disparará de forma repentina

Durante casi dos décadas, la demanda de electricidad en Estados Unidos se ha mantenido relativamente plana. Mejoras en la eficiencia energética, un crecimiento económico más lento y la traslación de la industria pesada al extranjero han mantenido el consumo casi sin cambios, a pesar del auge de las energías renovables. Esa etapa está llegando a su conclusión.

El principal factor de la demanda (y el más evidente) reside en la expansión de la inteligencia artificial y los centros de datos que le sirven de base. La formación de extensos modelos lingüísticos o la puesta en marcha de avanzados sistemas de aprendizaje automático demandan un flujo inmenso y permanente de energía. Firmas como Amazon, Google, Meta y Microsoft proyectan decenas de infraestructuras nuevas, cada una con un requerimiento eléctrico similar al de una población de escala intermedia.

Las grandes tecnológicas consumen gran parte de la nueva demanda energética a nivel global 
Las grandes corporaciones de tecnología consumen una parte considerable de la actual demanda energética a nivel global. Ricardo Rubio / Europa Press

El consumo de electricidad ha crecido cada año en un factor de 2,2, y se prevé que se acelere aún más. A pesar de suponer mejoras sustanciales en la eficiencia, la demanda podría elevarse hasta 50 GW de capacidad máxima para 2030. Asimismo, la mayoría de las grandes empresas de datos persiguen metas de cero emisiones de carbono. En este contexto, la energía nuclear resulta particularmente adecuada para cubrir la demanda, pues proporciona generación continua sin emisiones de carbono.

La transición de carburante es el segundo componente estructural. Pese a suprimirse las ayudas estatales para la mayoría de los automóviles eléctricos, cerca del 5% de los coches nuevos y gran parte de los autobuses y ciclomotores recientes son eléctricos. Aunque esta cifra es muy inferior a la estimada hace un año, cada unidad eléctrica añadida eleva la demanda de energía. El descenso en las ventas previstas frenará la expansión de la infraestructura de carga, lo que aumentará el suministro nocturno en las viviendas. Ese comportamiento impulsará aún más la generación constante durante las 24 horas del día.

El propósito de EE.UU., más que manejar una demanda constante durante la transición hacia las renovables, es incorporar cientos de gigavatios de energía confiable y limpia

El proceso de electrificar los sistemas térmicos está cobrando velocidad. El uso de bombas de calor se extiende por inmuebles de viviendas y negocios, debido en parte a que requieren una superficie similar a la de los equipos de aire acondicionado actuales. Aquellas plantas de producción que solían utilizar calderas de origen fósil investigan actualmente opciones basadas en electricidad. Dicha transición incrementa las demandas máximas durante el invierno en los estados del norte y eleva la demanda energética global.

En tercer lugar, la política industrial está reconfigurando la geografía de la demanda eléctrica en Estados Unidos. Los incentivos federales para la fabricación de semiconductores, la producción de baterías y el aumento de proyectos desarrollados dentro del territorio estadounidense están atrayendo de nuevo a industrias de alto consumo energético. En diversas regiones se están planificando instalaciones que demandan energía constante y de gran capacidad. Son exactamente estos tipos de carga los que mejor se alinean con la energía nuclear: estable, concentrada y libre de emisiones.

En conjunto, esos impulsores de la demanda indican una transformación profunda. EE.UU. Ya no discute cómo manejar una demanda estable mientras transita hacia energías renovables variables. Ahora el objetivo ha cambiado rápidamente, y lo que se busca es incorporar cientos de gigavatios de suministro confiable y limpio en las próximas dos décadas.

Ambición pública

Reconociendo dicha tendencia, el Gobierno federal prosigue agilizando sus labores. En el 2021, el gobierno de Biden fomentó el subsidio de planes experimentales de reactores de última generación con miles de millones de dólares, avales de deuda e incentivos tributarios que integraban la energía nuclear. Al concluir el 2024, Biden comunicó una guía táctica para triplicar la potencia nuclear del territorio hacia el 2050. Iniciando con los 100 GW ya operativos de los reactores de agua ligera de gran escala, el esquema estimaba para mediados de la centuria casi 300 GW de generación nuclear inédita. Esta táctica no se ceñía solo a los reactores tradicionales de gran envergadura, sino que abarcaba reactores modulares pequeños (SMR), microrreactores, incrementos de capacidad en plantas activas y la puesta en marcha de sitios inactivos. La finalidad expuesta era consolidar un esquema de energía con emisiones netas nulas, mientras se protegía el tejido industrial para la energía nuclear avanzada.

Bélgica es de los últimos países occidentales en impulsar desde la legislación la vuelta de las centrales nucleares 
Bélgica se cuenta entre los países occidentales que últimamente han incentivado, a través de sus leyes, el retorno de las instalaciones de energía nuclear. JOHN THYS / AFP

Tan solo medio año más tarde, el presidente Trump promulgó decretos que solicitaban un rumbo todavía más ambicioso: multiplicar por cuatro la potencia atómica hasta llegar a los 400 GW para el año 2050. Sus mandatos buscan acortar a dieciocho meses los tiempos de tramitación de permisos de la Comisión Reguladora Nuclear, demandar que haya un mínimo de diez reactores de gran tamaño edificándose en el 2030 e incrementar el potencial productivo a escalas no registradas desde mediados del siglo XX. Dichas disposiciones asocian además claramente la expansión nuclear a la seguridad nacional, sosteniendo que el liderazgo estadounidense en el sector nuclear es fundamental para mitigar la subordinación ante rivales externos y participar con éxito en la competición por la inteligencia artificial.

Aunque las dos administraciones han divergido en su enfoque político, el mensaje permanece consistente: la energía nuclear debe pasar de la periferia al núcleo del sistema energético estadounidense.

Alineación en el sector: las grandes corporaciones tecnológicas apuestan por el poder nuclear.

Lo que hace este momento tan inusual es la alineación entre las metas del Gobierno y los intereses específicos de las empresas. Las compañías tecnológicas que anteriormente adquirían energía renovable para cumplir sus promesas de sostenibilidad ahora están migrando hacia la energía nuclear. En marzo de 2025, Amazon, Google y Meta suscribieron un acuerdo global para triplicar la capacidad nuclear mundial para 2050. Concretamente, han firmado contratos de compra de electricidad con desarrolladores pioneros de fisión y fusión, invertido directamente en capital para nuevos proyectos, financiado la ampliación de la potencia de reactores operativos y la reactivación de reactores ya desactivados. Necesitan cada megavatio disponible.

Las administraciones de Biden y Trump han coincidido en el mismo mensaje: la energía nuclear debe pasar de los márgenes al núcleo del sistema energético estadounidense

El motivo es de carácter práctico. La disponibilidad de corriente eléctrica constituye la mayor traba para expandir los centros de datos, aunque no representa el recurso de mayor precio. Los procesos de inteligencia artificial admiten cierta flexibilidad, si bien requieren una operatividad continua para rentabilizar al máximo unos chips de alto coste. La energía nuclear brinda el beneficio combinado de ser ecológica y gestionable. Al asociar su imagen empresarial y su porvenir económico a la energía nuclear, las firmas tecnológicas demuestran que no es una tendencia efímera, sino un requerimiento del sector. Su implicación proporciona además a los promotores acuerdos de adquisición extensos que resultan esenciales para asegurar el financiamiento de obras con gran demanda de inversión. 

Ventajas: por qué la energía nuclear vuelve

Las ventajas de la energía nuclear, que en su momento quedaron en segundo plano por los sobrecostes y las preocupaciones de la opinión pública, han recuperado su relevancia. Su impacto ambiental es mínimo, especialmente en cuanto a emisiones de carbono. Una central nuclear moderna libera aproximadamente 6 gramos de CO2 por kilovatio-hora durante su ciclo de vida, la menor cifra entre todas las tecnologías de bajas emisiones y significativamente inferior al gas natural o el carbón, según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE).

El aspecto más beneficioso de la energía nuclear es su gran fiabilidad. Sus plantas mantienen factores de utilización por encima del 90%, superando con creces a las fuentes renovables intermitentes. Esta firmeza disminuye la fluctuación de precios en los mercados de energía. Ante subidas repentinas en el gas natural, la producción nuclear conserva costes estables, protegiendo así a las compañías de servicios y a los usuarios.

La energía nuclear aporta la doble ventaja de ser limpia y gestionable. Las empresas tecnológicas, al ligar su identidad corporativa y su futuro financiero a esta fuente, afirman que no se trata de una tendencia efímera

El funcionamiento constante resulta especialmente valioso en una red que avanza hacia un mayor porcentaje de energía eólica y solar. La energía nuclear ofrece un soporte estabilizador que disminuye los costos totales del sistema y la dependencia de almacenamiento a gran escala, así como de centrales fósiles de respaldo inactivas o condensadores síncronos que comprometen la eficiencia.

Intereses geopolíticos

La reciente atención de EE.UU. Hacia la energía atómica trasciende el suministro eléctrico interno. Se vincula igualmente con el prestigio internacional. Aquellas naciones que pretenden reducir emisiones o extender sus sistemas de energía seleccionan actualmente entre los modelos de reactores propuestos por EE.UU., Corea del Sur, Rusia y China. Cualquier transacción implica años de compromisos de suministro, convenios de mantenimiento y cooperación geopolítica.

Al evidenciar su aptitud para autorizar, edificar y gestionar reactores de vanguardia en suelo propio, EE.UU. Consolida la confianza en sus ventas al exterior. El veto actual de EE.UU. A la compra de uranio ruso junto al apoyo financiero para un sector de enriquecimiento local muestran dicha visión estratégica. Los decretos de Trump igualmente subrayan la importancia de la protección nacional y el liderazgo en tecnología.

Bajo esta perspectiva, la implementación nuclear del país representa una estrategia tanto energética como de relaciones internacionales. El poder cubrir el aumento en el requerimiento eléctrico local y, simultáneamente, comercializar modelos seguros en el exterior asegura beneficios financieros y geopolíticos.

Desarticulación: el reto de la gestión energética en Estados Unidos

Aun con la coincidencia de los elementos que estimulan el consumo y la manifiesta intención gubernamental, EE.UU. Encara un impedimento sistémico: su desarticulada administración energética. Contrariamente a múltiples naciones que coordinan el abastecimiento eléctrico de forma centralizada, la potestad en EE.UU. Se halla repartida entre las entidades estatales, los mercados de zona y las instituciones federales.

Existen cerca de 3.000 compañías de electricidad en EE.UU.. A esto se añaden los mercados de energía, fragmentados en zonas administradas por operadores de sistemas independientes (ISO) u organizaciones regionales de transmisión (RTO) y áreas donde todavía prevalecen las compañías eléctricas de integración vertical. Ciertos territorios operan mercados al por mayor de libre competencia donde los productores de energía actúan de forma autónoma respecto a las entidades eléctricas que proveen el servicio a los usuarios. Dentro del noreste, ISO-New England y New York ISO se encargan de coordinar el suministro. California administra su mercado de manera particular. En el sudeste y diversos sectores del oeste, las firmas eléctricas convencionales proyectan y desarrollan la infraestructura bajo el control normativo estatal.

Mapa de los estados de Estados Unidos, claves en el renacimiento del átomo en el país 
Mapeo de las zonas de Estados Unidos, esenciales para el renacimiento de la energía nuclear en el país. Archivo

Las administraciones estatales poseen un impacto diverso en la estructuración del sistema. La mayoría de ellas solicita que las operadoras eléctricas presenten planes de recursos integrados para su validación en periodos de 3 a 5 años. Gran parte de los estados dispone de normativas sobre carteras de energía renovable o ecológica. Ciertos territorios impulsan activamente la energía nuclear mediante bonos de cero emisiones o apoyos económicos directos. Otros impiden el desarrollo de nuevas plantas nucleares, aunque este escenario se transforma a medida que diversos estados suprimen sus restricciones. Establecer una nueva central implica transitar por evaluaciones ambientales estatales, la resistencia de la comunidad y, usualmente, dilatados conflictos legales. El efecto es una combinación heterogénea donde la visión nacional debe coexistir con normativas de índole local.

Los planes del gobierno federal, ya sean de Biden o de Trump, no pueden enfocarse solo en la construcción de nuevas plantas. Tienen que coordinarse con los mercados de zona, los organismos reguladores de los estados y la población local. Dicha desunión ralentiza la puesta en marcha e incrementa los precios. En el ámbito de la energía nuclear, cuya rentabilidad se basa en cronogramas fijos y fuertes inversiones de dinero, esta falta de certeza es muy dañina.

Obstáculos concretos para la expansión de la energía nuclear

Más allá de la gobernanza, surgen barreras prácticas. La cadena de suministro de componentes nucleares se ha debilitado tras décadas de inversión insuficiente. Solo unas pocas instalaciones en todo el mundo fabrican piezas forjadas pesadas, vasijas de reactor y bombas especializadas. Ampliar la capacidad a cientos de gigavatios exige reconstruir la infraestructura industrial. Esta reconstrucción demandará años, y se requieren pedidos anticipados para que las empresas justifiquen la inversión.

Un impedimento adicional radica en el potencial constructivo. EE.UU. únicamente ha finalizado un par de reactores de escala masiva durante la presente centuria. El personal especializado compuesto por soldadores, fontaneros, ingenieros y directores de obra ha ganado edad, mientras que la instrucción de nuevos reclutas es escasa. Preparar a una camada reciente tomará años y exigirá la colaboración entre gremios, instituciones académicas y planes gubernamentales.

A diferencia de muchos países que organizan el suministro eléctrico a nivel nacional, la autoridad en Estados Unidos está repartida entre los estados, los mercados regionales y las agencias federales

El otorgamiento de permisos, si bien resulta fundamental para la protección, continúa siendo tedioso. La Comisión Reguladora Nuclear, orientada por el objetivo de facilitar el empleo fiable de la energía atómica para el bienestar social, se encuentra optimizando los trámites de autorización al suprimir pasos innecesarios. No obstante, todavía existen bastantes tareas pendientes. Aunque los análisis de las solicitudes se acorten a dieciocho meses, las disputas legales podrían extender los tiempos previstos.

Visiones: una reaparición bajo términos determinados.

EE.UU. Ahora se halla en un momento decisivo. Los impulsores de la demanda son robustos, las señales políticas coinciden y los actores del sector demuestran un firme compromiso. La energía nuclear, antes vista como un relicario del pasado, emerge repentinamente como un pilar fundamental del futuro energético del país.

No obstante, el progreso no está asegurado. Resulta indispensable reorganizar las redes de abastecimiento, capacitar a los trabajadores, dinamizar los esquemas legales sin perjudicar la protección y superar la fragmentación entre los estados y el Gobierno federal. De no resolverse tales impedimentos, el objetivo de triplicar o cuadruplicar la capacidad podría malograrse.

No obstante, la unión de la demanda, las normativas y el respaldo sectorial logran que la situación actual se desmarque de las etapas previas de entusiasmo nuclear. El resurgir del átomo ha dejado de ser una reflexión académica para transformarse en una solución útil ante una era renovada de consumo de electricidad. La aptitud de EE.UU. Para responder a este reto definirá no solo el carácter de su infraestructura eléctrica propia, sino también su jerarquía en el panorama energético global.

Adam Stein ejerce como responsable de innovación nuclear dentro del Instituto Breakthrough (Washington DC)

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