La segunda cuestión de confianza a la que se somete Jaume Collboni para aprobar el presupuesto municipal tiene un aroma muy distinto a la primera, expuesta el 27 de marzo del 2024, cuando el PSC todavía deshojaba la margarita, con BComú y Junts, sobre quién podía ser su socio de gobierno. También entre los socialistas, sobre todo el teniente de alcalde de Economía Jordi Valls, la paciencia y la experiencia han hecho callo en todo este tiempo, hasta el punto de que a año y medio de las elecciones no han dado pábulo a un diálogo con los comunes que a todas luces no iba a prosperar por la concatenación de líneas rojas que se tenían que cruzar por ambos lados. El de este miércoles ha sido un pleno extraordinario que resume bien lo que llevamos de mandato: un gobierno surfeando sobre una soledad nunca vista en el Ayuntamiento y una oposición mojando pan en un aislamiento que, les guste o no, por ahora no tiene alternativa. Con todo, si el resto de grupos no presentan un remplazo para el alcalde en un plazo de 30 días, los números del 2026 se aprobarán de manera automática.
No vayan a pensar que esto es el Congreso de los Diputados, donde el odio que se regalan las bancadas ante los micros de la cámara tiene continuidad en los pasillos y en la vida pública. Aquí, en Sant Jaume, quien más quien menos, todos suelen saludarse cuando se cruzan en dependencias consistoriales o cuando coinciden en un acto en cualquiera de los 73 barrios de la ciudad. Esta cordialidad, sin embargo, no es óbice para que luego se azoten de lo lindo en la sala de Carles Pi i Sunyer, donde se celebran los plenos.
Jordi Martí, líder de Junts en Barcelona, ha vuelto a recordar a Collboni que no ganó las elecciones
Jordi Martí, al que el alcalde ha estrechado la mano antes del inicio de la sesión, le ha recordado a Collboni que esta es la tercera cuestión de confianza a la que se somete. No salen las cuentas porque han sido solo dos. La tercera, ha precisado el líder de Junts en Barcelona, se produjo incluso antes de que el PSC asumiera el poder, ya que fueron los neoconvergentes quienes ganaron las elecciones, con Xavier Trias perdiendo el cetro, podría decirse que de manera dramática, en un pleno de investidura que tuvo un giro de guion de última hora tras el acuerdo entre PP, BComú y los socialistas. “Fueron unos votos fríos, sin un proyecto político compartido”.
Hoy venimos a ratificar una vez más, señor Collboni, que usted no tiene la confianza de la ciudadanía”
Martí ha insistido en la idea que ha convertido en el eje de su oposición, esto es, un gobierno que vive en la inopia -”desconectado de la realidad de la ciudad”, ha resumido- y que solo se preocupa de “fiestas inaugurales y de compartir tik toks simpáticos”. “Ustedes están solos; con ustedes, Barcelona pierde”, ha zanjado Martí. Gemma Tarafa (BComú) también ha sido dura a pesar de que su grupo se ha abstenido en la votación final. Ha insistido en la metáfora de ese tren de la izquierda que circula por el portal del PSC con propuestas de vivienda, ejes verdes, decrecimiento turístico, y ha blandido una cierta apatía e indiferencia, que en la vida real es pasotismo pero en política es como un guante en la cara en época medieval. Valls le ha respondido con agilidad: “No vale la pena subirse a ese tren si se puede estrellar”, en referencia a las causas judiciales abiertas contra, por ejemplo, la pacificación de Consell de Cent.
Tarafa y Valls, en el pleno de la semana pasada que dejó claro que los presupuestos se facturarían por la vía de la cuestión de confianza
“Ya se lo avanzo: usted no tiene nuestra confianza”, ha aseverado Tarafa. Y luego ha añadido: “Las expectativas no eran muy altas. Nos ha decepcionado más su inacción que su acción; son el gobierno de la nada”. Y a pesar de tanto desplante, abstención comunera, probablemente, quién sabe, más para no figurar en la foto con Junts, PP y Vox que como gesto de buena voluntad hacia el PSC.
A Jordi Castellana (ERC) le ha tocado el difícil papel de responsable socio externo de Collboni pero sin que se note demasiado. Por eso, tras conceder que cada vez es más difícil vivir en Barcelona, ha sacado del bolsillo algunas de las partidas que con su voto favorable al presupuesto verán la luz durante el 2026. A saber: inversiones en equipamientos deportivos, más dinero para vivienda y rehabilitación, ampliación del Bicing, la cración de la T-Cultura (ya se lo prometió Collboni en las cuentas del 2024 y ahí sigue, en stand by) o la ampliación de la tasa turística que recogen las ordenanzas fiscales aprobadas semanas atrás, en ese caso sí, con el voto favorable de BComú.
Las expectativas no eran muy altas. Nos ha decepcionado más su inacción que su acción; son el gobierno de la nada”
El PP ha afeado al PSC que solo busque acuerdos con determinados grupos municipales. Daniel Sirera (recuerden: Collboni es alcalde gracias a sus cuatro votos) ha acusado a Collboni de comandar la ciudad desde la ideología y de “renunciar a acuerdos amplios”. “La ciudad merece volver al espíritu de los grandes pactos. Gobernar no es elegir con quién se pacta, sino decidir para quién se trabaja”, ha zanjado el líder conservador, que ha tendido su mano a los socialistas (la futura modificación de la ordenanza del civismo puede ser una opción) a pesar de su voto negativo al presupuesto.
Daniel Sirera (PP) le ha pedido a Collboni ampliar el espectro para alcanzar acuerdos más allá de la izquierda
Gonzalo de Oro-Pulido (Vox) ha reclamado “un alcalde que pise la calle y, una vez más, ha aprovechado sus minutos para señalar a la inmigración de buena parte, por no decir todos, de los males que padece la capital catalana: “Cuando un barcelonés va al Ayuntamiento a pedir ayuda ya hay un recién llegado que les pasa por delante”. Y un mensaje para el alcalde: “Ha conseguido destruir lo que levantaron las generaciones anteriores”.
El alcalde ha cerrado el pleno sin bajar al barro. Se ha ofrecido para pactos de cara al futuro (la ya citada ordenanza de civismo es, posiblemente, el gran acuerdo que le puede quedar al mandato) y se ha limitado a elogiar la propuesta de presupuesto que dentro de un mes se aprobará de manera automática. Con esta son cinco las cuestiones de confianza activadas en Barcelona desde el 2011, por cuatro prórrogas y seis aprobaciones por la vía ordinaria. Para las cuentas del 2027, a la puertas de las elecciones, ya pueden dar por garantizada una nueva prórroga. Son las cosas de gobernar con 10 de 41 ediles.

