Las Claves
- Un pararrayos con forma de mano del Cristo de Sant Climent de Taüll protege actualmente la cúpula del MNAC.
- El artista Antonio Ortega y
Una serie de dispositivos de protección contra rayos resguarda el MNAC. No obstante, una de estas piezas no es un captador convencional. Consiste en un elemento que imita la mano del Cristo de Sant Climent de Taüll, la pieza de mayor relevancia en el museo. Esta singular protección celestial se halla encima de la cúpula que corona la famosa Sala Oval. Fue creada por el artista Antonio Ortega, trabajando conjuntamente con el Grup d’Estudi.
Un cartel informativo en la terraza del Palau Nacional detalla la historia de este curioso pararrayos. De esta forma, el elemento se alza sobre la cúpula, que funciona como una base de gran tamaño. Fue colocado en noviembre de 2021 para homenajear al célebre Cristo y su mano en alto, siendo una de las representaciones más icónicas del museo.
El pantocrátor de Sant Climent de Taüll con la mano de Cristo alzada
Esta figura de Cristo en majestad representa una de las creaciones más insignes del románico. Lidera un grupo de pinturas situadas en la bóveda del ábside, las cuales se fechan a partir de la bendición del templo. El testimonio inicial que se conoce sobre la iglesia es justamente el día de su consagración, el 10 de diciembre de 1123. La mano de Dios, transformada hoy en pararrayos, sobresale como el componente más relevante. Esa fecha figuraba grabada en un pilar próximo al ábside.
El templo se sitúa en el pueblo de Taüll, dentro del municipio de Vall de Boí. Los frescos se llevaron a comienzos de la centuria pasada al actual MNAC, junto a diversas piezas del románico provenientes de otros templos. La finalidad consistía en resguardarlas de potenciales saqueos, tras descubrirse transacciones comerciales de variados objetos de arte dirigidas hacia Estados Unidos. Con tal fin, el Institut d’Estudis Catalans (IEC) coordinó un viaje arqueológico destinado a hallar los bienes que debían preservarse. Entre los integrantes de dicha comitiva se encontraba el arquitecto Josep Puig i Cadafalch.
Su extremidad derecha se encuentra en ademán de bendecir, en tanto que la izquierda sujeta un ejemplar de las escrituras donde se lee en latín “Ego sum lux mundi”, cuyo sentido es “Yo soy la luz del mundo”. Cerca de la zona del cuello, se aprecian asimismo los caracteres griegos alfa y omega, que dentro del simbolismo cristiano aluden al inicio y al término.


