Las Claves
- La exhibición de trenes históricos de TMB en Glòries finaliza tras recibir a noventa y tres mil visitantes durante su estancia.
- Cinco unidades
Visualicen recorrer el Louvre junto a Delacroix, Rubens, Rembrandt y Caravaggio. Esa fue básicamente la sensación de ayer en la exhibición de trenes históricos de TMB, que finalizaba su estancia (por la carpa de Glòries han pasado 93.000 personas desde el 15 de noviembre) destinando su cierre exclusivamente a los trabajadores de la entidad. Por tanto, entre los presentes abundaban expertos que conocían cada detalle del material expuesto, cinco unidades que resumen 100 años de transporte subterráneo. Un periodo en el que la innovación técnica ha progresado muchísimo, del mismo modo que lo han hecho los viajeros.
Inicialmente surge lo evidente; la memoria de los convoyes donde el conductor representaba la fuerza e ingenio de cada suceso. “Te encargabas de todo menos de las puertas. Para eso había una persona que controlaba e iba abriendo y cerrando”, rememora Antonia, una experimentada operaria que dirigió trenes durante casi 15 años. Se trataba de una época en la cual resultaba imposible desviar la vista del túnel, contando con escaso tiempo para beber un poco de agua en el instante del acceso y descenso de viajeros en las estaciones.
Familias de trabajadores de TMB, ayer, en la exposición
Brincando de vagón en vagón, dos pequeños de mirada clara demuestran un gran conocimiento acerca del suburbano de Barcelona. Identifican la ruta por la que arribaron, distinguen las tonalidades de cada trayecto y, lógicamente, están al tanto de que su progenitor maneja un tren de la L5. Ambos aspiran a pilotar trenes, si bien su mamá aparenta poseer ideas distintas. Se encuentran dentro de un convoy de la serie 1100, operativo desde 1974 hasta el 2009, junto a Laura, una conductora novel con raíces ferroviarias: descendiente directa y pariente de empleados de TMB, un escenario curioso aunque habitual dentro de la empresa. Explican que actualmente la digitalización y automatización predominan, que la butaca resulta bastante más confortable y que, pese a los avances técnicos, debido a la configuración curva de diversas paradas, su labor continúa siendo vital. Están de acuerdo en que, por encima de la maquinaria, la transformación principal reside en el usuario. Concretamente, en la educación de quienes viajan. Antonia está totalmente de acuerdo al 100%. Veamos.
Nuevos tiempos
Los conductores de trenes alertan que los viajeros exhiben una agresividad creciente y una carencia de civismo conforme avanza el tiempo.
La experimentada conductora afirma que los pasajeros de antaño solicitaban todo con cortesía y cuidaban los vagones. “Ahora se ha perdido un poco el respeto por todo, pero supongo que lo que pasa en los vagones del metro es una muestra más de cómo ha cambiado la sociedad en general”. Andreu y Laura muestran su conformidad. “Antes había más educación. Han pagado un billete y parece que tienen carta blanca para hacer lo que quieran”. “Hay cierta sensación de impunidad”, comenta Juan, marido de Antonia y veterano chófer de autobús.
Agustín y Josefina recorren la gigantesca carpa, integrantes de esa oleada de inmigrantes que se trasladaron a Barcelona durante las décadas de los 50 y 60. Gran parte de ellos lo hizo por ferrocarril, concretamente en el célebre Sevillano. Aunque no son empleados de TMB, ya habían procurado acudir en jornadas previas, pero las extensas filas los desanimaban. Les han permitido el acceso, por lo que se encuentran allí de manera anónima. Agustín rememora el histórico temporal de nieve de 1962. “Llegué en metro desde Hospitalet a Glòries y tuve que andar hasta la Olivetti, donde trabajaba, con nieve hasta las rodillas. Pero el metro fue de maravilla”.
Último día de la muestra de trenes clásicos de TMB
A la hora del almuerzo, TMB lleva a cabo una entrega de premios. Si el afortunado no está en el sitio, se le telefonea. El obsequio mayor lo obtiene Mariángeles. Se trata de un viaje a Oporto. Ella contesta y no puede creerlo. Su confusión es tal que se abre con quien la llama: “Es que estoy en el Carrefour”.
Concluye la exhibición; los vagones retornan a las cocheras. A la expectativa, quién sabe, de que alguna vez consigan exponerse en el Museo del Transporte de Barcelona.
