Barcelona presume de nombre en el Tibidabo y la gente se sube a sus letras para hacerse fotos
Nueva atracción ciudadana
El alcalde Jaume Collboni inaugura la nueva composición en el mirador a las puertas del histórico parque de atracciones

Algunas de las primeras fotografías tomadas con las letras instaladas en el mirador del Tibidabo

Donald Trump enturbió el planeta una vez más y Barcelona amaneció nublada, brumosa y gris, sobre todo aquí, en el Tibidabo, a las puertas de su histórico parque de atracciones. De manera que el alcalde Jaume Collboni no tuvo otro remedio que recordar algunas de sus miserias a esta oscura sombra que poco a poco se apodera del mundo, poner sobre la mesa la ilusión que al parecer siempre caracterizó a esta urbe donde vivimos y recordar que nuestros abanderados son la paz, la empatía, la solidaridad, la fraternidad...
Estamos en la muy lúdica inauguración de las letras de la palabra Barcelona dispuestas en este magnífico mirador. Barcelona se suma de esta manera a la moda de plantar en algún lugar el nombre de la correspondiente población para que la gente se haga fotografías muy monas. De un tiempo a esta parte las instalan por todas partes, en multitud de lugares, en España, Europa, el mundo... La mayor parte de la gente aprovecha estos tinglados para hacerse con un recuerdo más bien convencional. Otros, sin embargo, tratan de jugar con las letras de marras de un modo travieso. Por ejemplo, en Tortosa puedes inmortalizarte en un picarón orto ¿y qué letras evocarán mejor el verdadero espíritu de Barcelona? ¿ona? ¿cel? ¡bar! Sin duda alguna, la be, la a y la erre parecen las más representativas. Sin embargo, todo está cambiando a toda velocidad ¿hablaremos próximamente de Brunchcelona?
¿Qué letras evocan mejor el verdadero espíritu de Barcelona? ¿ona? ¿cel? ¡bar! ¿hablaremos pronto de Brunchcelona?
La verdad es que la ciudad que se desparrama desde mirador del Tibidabo se incorpora más bien tarde a esta moda tan ligada a las redes sociales. Los pueblos del Maresme lucen sus topónimos de esta guisa desde hace muchos años. Es que Barcelona nunca fue muy dada a presumir de su nombre en el espacio público. Pero los últimos tinglados navideños ya adelantaron un cambio de tendencia. Además, Barcelona se suma a esta historia marcando escuela –no podría ser de otro modo, la verdad–, con unas letras que se iluminan colocadas de una manera muy bien calculada para alimentar la interactuación con el visitante, el diálogo entre el ciudadano y la ciudad. Al menos así lo vino a explicar Josep Miàs, el arquitecto responsable de esta composición.
Te asomas a la A y tienes unas vistas privilegiadas de las torres Mapfre. Al parecer la C te muestra el límite del mar. Lo que ocurre es que como este sábado Barcelona amaneció nublada, brumosa y gris por culpa de Donald Trump apenas se ve un pimiento más allá de las narices. La realidad se antoja difusa. No hay manera de diferenciar un narcopiso de un apartamento turístico ilegal ¿es ese mi coliving? Ah, no ¡es un trastero!
Además, la gente hace lo que le da la real gana. Políticos y técnicos plantean iniciativas, y después los administrados van y le dan a la cosa en cuestión la función que les parece pertinente. “¡Señora, baje al niño de la A! ¿no ve que la va a romper!”. ¿Al final el alcalde Collboni no tendrá más remedio que incorporar un anexo a la nueva ordenanza de civismo de Barcelona? ¡prohibido subirse a las letras! ¿qué contrapartidas pedirán los concejales de Junts para apoyar la reforma de la reforma? ¿defenderán los comunes el derecho a encaramarse?
¿Y recuerdan ustedes las láminas de agua de la nueva plaza Glòries instaladas para refrescar el ambiente? En cuanto azotaron las primeras olas de calor del año pasado los chiquillos la convertieron en una piscina pública. A la postre el Ayuntamiento tuvo que vaciarla porque la instalación carece de las depuradoras pertinentes y aquello era en realidad una marranada. Nadie pensó que a los chavales les daría por chapotear con una profundidad de tan pocos centímetros. Al final es la gente la le da vida a las cosas, independientemente de los planes de los administradores, aunque sea encaramándose.

