Palamós i Sant Joan: dos localidades bajo una misma denominación.

Cambios en la toponimia

La localidad del Baix Empordà arranca el procedimiento para incorporar a su nombre oficial el del núcleo de Sant Joan, que gozó de autonomía hasta 1942.

Palamós i Sant Joan

En primer plano aparece el vecindario de Sant Joan, y en la distancia, la línea costera de Palamós contemplada desde los búnkeres del Puig del Molí de Vent. 

Pere Duran/Nord Media

Las Claves

  • En 1942 el régimen dictatorial integró Sant Joan de Palamós en Palamós para permitir la expansión territorial y de servicios.
  • Una consulta ciudadana reciente aprobó con el cincuenta y cuatro por ciento de los votos añadir Sant Joan al nombre oficial.
  • Algunos residentes critican el cambio de nombre

Durante 1942, bajo el régimen dictatorial, la población de Sant Joan de Palamós dejó de ser autónoma, condición que mantenía desde 1800, al ser integrada en el colindante núcleo de Palamós. Los motivos que impulsaron a esta segunda localidad a solicitar dicha unión fueron variados. En primer lugar, la falta de terreno disponible en una población con deseos de expansión. El perfil industrial de Palamós, rodeado por el puerto y el mar, abarcaba un área reducida de 1,14 km2, superando una densidad de 5.000 hab/km2. Por el contrario, la rural Sant Joan, con 141 hab/km2, poseía una superficie once veces superior y, en consecuencia, disponía de gran amplitud para el crecimiento de infraestructuras, tal como sucedió posteriormente. Fue precisamente en suelo de Sant Joan donde se ubicaron finalmente el hospital, el mercado municipal o las dependencias de la Guardia Civil, entre otras instalaciones.

Se argumentó asimismo la incorporación por razones de higiene pública, con el fin de suministrar agua corriente y red de saneamiento a Sant Joan y proteger a Palamós ante las crecidas causadas por el desborde de la riera Aubi que atravesaba Sant Joan. La unión de ambos municipios, que conformaban un espacio ininterrumpido y un solo núcleo urbano, junto a la circunstancia de que el 80% de los trabajadores de Sant Joan de Palamós desempeñaban sus labores en centros fabriles de Palamós constituyen razonamientos adicionales planteados por Palamós, de acuerdo con lo expuesto por David Pavón en la investigación El procés d’agregació de Sant Joan de Palamós a Palamós.

Una de las calles del barrio de Sant Joan.

Una de las calles del barrio de Sant Joan.

Pere Duran/Nord Media

Quien fuera alcalde de Sant Joan en aquel tiempo, Pere Adroher, apenas tuvo margen para actuar o pronunciarse. “Fue a ver al gobernador civil en Girona y le obligaron a ser alcalde, ya se sabe qué pasaba en aquella época si te oponías y cuando lo nombraron la fusión ya estaba en marcha”, relata su hija Margarita Adroher.

Aun tras esta unión, los habitantes de Sant Joan, en particular los más veteranos, han mantenido siempre la identidad con el municipio que existió. “Toda la vida, la gente de aquí ha dicho: ‘vamos a Palamós’”, señala el carnicero Josep Bajona. Confiesa, no obstante, que esta emoción se ha desvanecido un tanto a causa de la juventud y los últimos movimientos migratorios. “Ojalá eso sirva para invertir un poco más en el barrio, que está dejado de la mano de Dios”, comentaba hace poco la vecina Maria del Carmen Díaz. Olga Grassot, que ejerce su profesión en Palamós y habita en Sant Joan –donde nació su madre– contempla con agrado la variación del topónimo. “Es una forma de recuperar la memoria histórica”, sostiene.

Por lo común, gran parte de los residentes de esta zona aplauden que el consistorio comience las gestiones para sumar la denominación de Sant Joan a la nomenclatura de Palamós. “Se ha hecho justicia”, comenta Josep Anton Alonso, quien ejerció como máximo responsable de la Associació de Veïns de Sant Joan. Se trata de un vecindario que mantiene su templo, el de Santa Eugènia de Vila-romà, el camposanto y cuenta con festividades locales propias. Aún conserva la estructura del viejo consistorio, que anteriormente albergó los colegios de antaño y donde actualmente se planea una construcción residencial. La encargada de la biblioteca de El Caliu, Maria Panella, se muestra satisfecha con la resolución. “Incluyendo el nombre, nos hacen sentir mejor acogidos”, afirma. “Ojalá algún día volvamos a tener ayuntamiento propio”, manifiesta.

La Associació de Veïns de Sant Joan promovió el sondeo acerca de integrar la denominación de Sant Joan en el nombre oficial de la localidad. “Se creó un agravio en su momento, anexionando el pueblo sin tener en cuenta el nombre; Sant Joan perdió su identidad pública que, 83 años más tarde, volverá a recuperar” manifiesta Carles Sala, quien encabeza la organización.

La asistencia a la consulta local para cambiar el nombre no superó el 10%, con un margen extremadamente estrecho entre el ‘sí’ y el ‘no’.

El plebiscito tuvo lugar el 23 de noviembre. La opción afirmativa triunfó en la interrogante ¿Deseas que la designación oficial de la localidad de Palamós incluya el apelativo de Sant Joan para que pase a llamarse Palamós y Sant Joan? Aunque lo logró con una diferencia ajustada y una escasa concurrencia. De un padrón de 17.083 individuos, únicamente acudieron 1.650 residentes, lo que representa el 9,65% del conjunto. Un total de 897 personas (54,4%) apoyaron la propuesta, mientras que 752 (45,6%) se manifestaron en desacuerdo.

Entre quienes rechazaron la propuesta figura el residente Manel Albalat, quien no comprende que se modifique el nombre de una localidad tras un proceso con tan baja concurrencia y un margen tan estrecho. También alega motivos históricos para su negativa. “La historia no se puede cambiar con menos de un 10% de participación y una diferencia de poco más de cien votos; no se puede cambiar de esta manera un nombre, el de Palamós, vigente desde su fundación, en el siglo XIII,” argumenta. “Tan poca gente no puede cambiar la historia”, añade.

La nonagenaria Margarita Adroher, una de las hijas del último alcalde que tuvo Sant Joan de Palamós.

La longeva Margarita Adroher, una de las sucesoras del regidor final que encabezó Sant Joan de Palamós.

LV

Diferentes habitantes, al igual que Eneko Garayeta, califican el plebiscito de “absurdidad”. “Hay cosas más importantes que hacer al pueblo”, manifiesta. Ciertos individuos no son tan categóricos pero confiesan que les resultará complejo adaptarse al apelativo actual. “Es demasiado largo, me suena extraño”, indicaban dos vendedores de la calle Major.

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Agencias
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Las gestiones para realizar la votación ciudadana no refrendaria se iniciaron en 2024, momento en que el Pleno acordó unánimemente otorgar la palabra a la ciudadanía. Aun con una diferencia reducida, el Ayuntamiento de Palamós, bajo el mando de ERC y PSC, validó a mediados de diciembre el comienzo del proceso para modificar la denominación. La totalidad de los ediles, a excepción del representante de Vox, quien optó por la abstención, respaldaron el inicio de los procedimientos burocráticos. La alcaldesa Maria Puig (ERC), residente de la zona de Sant Joan, manifiesta con claridad que consiste en “de una inclusión y no de una sustitución del topónimo; la identidad de Palamós seguirá existiendo, pero ahora hacemos un camino compartido”.

“Tan poca gente no puede cambiar la historia”, afirma un residente de la oposición; varios ciudadanos consideran que “se ha hecho justicia”

El texto ratificado durante la sesión plenaria insta a la Generalitat a confeccionar los dos reportes requeridos para autorizar más adelante la modificación de la denominación. Dichos documentos deben ser redactados por la dirección general de la Administració Local y por el Institut d’Estudis Catalans (IEC), que deberá analizar si el nombre del municipio concuerda con la toponimia catalana, si presenta fallos gramaticales o si genera ambigüedad respecto a los nombres de otras localidades. El proceso completo podría extenderse por encima de los doce meses.

Recientemente se han procesado diversas variaciones en los apelativos de Sant Carles de la Ràpita, que se convierte en la Ràpita; Castell-Platja d'Aro a Castell d'Aro, Platja d'Aro i s'Agaró; el caso de Masarac, ubicado en el Alt Empordà, a Masarac i Vilarnadal, o la Bisbal de Falset, que adoptará la designación de la Bisbal de Montsant.

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