Vigencia de La Odisea

Veles e bens

Vigencia de La Odisea
Felip Bens
Escritor y periodista

Las Claves

  • La Odisea de Homero constituye una pieza histórica fundamental que permite analizar la realidad actual ante el próximo estreno de Christopher Nolan.
  • El trayecto de Ulises

Más allá de representar un monumento literario inmenso, La Odisea constituye una pieza histórica, cultural, antropológica y marítima sin igual. Y, pese a su longevidad, sigue resultando útil para descifrar acontecimientos de la época actual. Ante la noticia del debut en julio de la cinta orquestada por Christopher Nolan, el interrogante resulta forzoso: ¿se limitará a ser un gran espectáculo de acción o sabrá capturar la huella espiritual de la imperecedera creación de Homero?

Las sirenas y su irresistible canto tientan a Odiseo en su viaje a casa. Oleo de J.W. Waterhouse (1891).

Las sirenas cautivan a Odiseo con su música envolvente mientras realiza su viaje de regreso. Óleo realizado por J.W. Waterhouse (1891).

LVE

La travesía de Ulises representa bastante más que una simple serie de criaturas, hundimientos, romances, riesgos y sucesos asombrosos. Oculta un impulso fundamental: el anhelo de explorar el Mediterráneo y sus costas, llegando a las columnas de Hércules, que constituía el entorno total identificado por los helenos. De organizarlo. Ulises vuelve a Ítaca, aunque durante el trayecto, extenso y complicado, busca comprender el estilo de vida en distintos archipiélagos y urbes, si sus pobladores resultan afables o beligerantes, si practican el intercambio mercantil y la obligación divina de recibir y cuidar al visitante, si buscan forjar vínculos y compartir saberes, si respetan a las deidades y les ofrecen sacrificios, entre otras cosas. A lo largo de esta marcha se encuentra con los adversarios de aquel cosmos que se está construyendo y del cual descendemos. Cíclopes, antropófagos y colosos repudian ese progreso cultural, habitan en la periferia e intentan aniquilarlo.

Siempre creí que la diplomacia, en su definición más cruda, representaba únicamente una táctica de sometimiento. En tal aspecto, La Odisea y sus figuras centrales poseen una vigencia absoluta. Se percibe una armonía ficticia entre ellos, pero Agamenón es quien ejerce la autoridad. Y si alguien intenta contradecirlo, ya se conoce el resultado: Troya termina en llamas. Literalmente. Asimismo, todos se proclaman seguidores de las divinidades del Olimpo, aunque no les preocupa incitar su enojo. Y, como Agamenón entiende bien, nadie resulta inalcanzable. Ni él mismo, engañado por su cónyuge y el amante de esta, tras haber vencido en Troya y alcanzado el rango de individuo más influyente de la tierra.

La realidad contemporánea se encuentra saturada de hostilidades, y Europa —sucesora inmediata de la cultura griega que ayudó a cimentar Occidente— desempeña un rol progresivamente menos protagonista. La regla imperante, tanto antes como después de Troya, continúa siendo la voluntad del más poderoso. De igual modo, los progresos brotados de los restos de la Segunda Guerra Mundial se antojan hoy letra muerta.

Sin embargo, diariamente se hallan más cíclopes al acecho. Apenas queda rastro de diplomacia. Solo hay guerra, genocidio, resentimiento y pretensiones totalitarias.

La Odisea continúa cuestionándonos, 34 siglos tras los sucesos que relata. El nacimiento de Grecia, forjado en las costas de Troya tapizadas de cuerpos luego de una década de conflicto, pudo significar, transcurridas varias centurias, el inicio de una Europa fuerte y decidida a afianzar y difundir globalmente los principios del estado del bienestar. Tal fue la impresión momentánea durante la etapa de integración europea. Parecía que una realidad diferente resultaba factible, guiada por el intelecto en lugar del salvajismo. No obstante, surgen cada vez más cíclopes al acecho. Apenas queda diplomacia. Solo persisten la guerra, el genocidio, el rencor y los anhelos totalitarios. 

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