Las Claves
- La obra conmemora seiscientos años del pueblo gitano en España, desde el salvoconducto de Alfonso V de Aragón en el año 1425.
Resulta imposible comprender el pasado de España omitiendo al pueblo gitano. No obstante, por centurias se ha redactado ignorando su presencia. El año 2025 marca el aniversario número seiscientos del arribo registrado de grupos gitanos a la península ibérica, un hito que exige reexaminar una de las omisiones más profundas de la historiografía española. Pueblo Gitano. 600 años de historia y cultura en España trasciende la mera publicación de aniversario: constituye una corrección integral a la narrativa tradicional, un texto que cuestiona de forma frontal el recuerdo compartido del país.
Publicada por la VIU Editorial y la Fundación Secretariado Gitano, con la coordinación de Gonzalo Montaño, Joan M. Oleaque y Arnau Vilaró, esta obra congrega a escritores y escritoras del pueblo gitano de diversas esferas —académica, social, artística y política— bajo una meta idéntica: narrar su propio relato. No lo hacen desde la añoranza ni el victimismo, sino mediante la defensa de su legítimo derecho a la palabra.
Esta obra es inquietante al poner de manifiesto el hostigamiento jurídico, el racismo sistémico y la marginación latente.
Esta obra resulta ser un volumen inquietante. Debido a que exige admitir que la crónica del pueblo gitano en España no representa un relato secundario, sino una narrativa esencial definida por el hostigamiento jurídico, el racismo sistémico y la marginación organizada. Además, invalida una noción muy establecida: que los gitanos han permanecido “al margen” de la comunidad española, cuando ciertamente fueron desplazados a ese límite por determinación de las esferas de mando.
La evidencia inicial que certifica la estancia del pueblo gitano en la península consiste en un pase con fecha del 12 de enero de 1425. Alfonso V de Aragón lo suscribió, otorgando a Juan de Egipto Menor y a su comitiva el permiso para transitar sin restricciones por las tierras de la Corona. Por varios decenios, se vio a los gitanos como peregrinos, caminantes amparados por el poder civil y religioso. Esa España tardomedieval todavía admitía —con ciertas dudas, aunque sin hostigamiento organizado— la pluralidad de culturas.
Esa fugaz etapa de permisividad concluyó de manera tajante al finalizar el siglo XV. La edificación de la nación moderna, enfocada en la vigilancia del territorio, la uniformidad cultural y la “limpieza de sangre”, hizo del pueblo gitano una cuestión política. Ismael Cortés lo expone con nitidez: el estilo de vida gitano —errante, soberano, carente de vínculos feudales— eludía los sistemas de supervisión del mando y, por tal motivo, fue objeto de criminalización.
La Pragmática de 1499, emitida por los Reyes Católicos, señala el comienzo de un hostigamiento jurídico sin igual. Desde ese punto, el Estado español inició una labor legislativa orientada no hacia actos particulares, sino hacia una identidad propia. En escasos tres siglos se establecieron 28 pragmáticas antigitanas que suprimieron el nomadismo, el idioma, la forma de vestir, las labores tradicionales y, en última instancia, la posibilidad de perdurar como un grupo humano singular.
La Pragmática de 1499, establecida por los Reyes Católicos, señala el comienzo de un hostigamiento jurídico nunca antes visto.
Un acierto fundamental de la obra es evidenciar que el antigitanismo en España no resultó ser únicamente social o cultural, sino eminentemente legal. La normativa se transformó en el mecanismo primordial de marginación. El fin no era la inclusión de los gitanos, sino obligarlos a su extinción: ya fuera por medio de la asimilación absoluta o a través de la penalización.
Las leyes los vincularon de manera constante con la ociosidad, la criminalidad y el riesgo para la sociedad. El mero acto de transitar, congregarse colectivamente o emplear su propio idioma resultaba en castigos físicos, exilio o trabajos forzados en galeras. La vida nómada —un modelo de estructura económica y social— acabó convertida en un acto delictivo.
Esa sucesión de hechos terminó en uno de los instantes más trágicos de la trayectoria hispánica: la Gran Redada de 1749. Diseñada por el marqués de la Ensenada y validada por Fernando VI, la maniobra tenía como fin apresar al unísono a toda la comunidad gitana de la nación. Varones, mujeres, ancianos e infantes fueron extraídos de sus viviendas al despuntar el día, divididos por género y remitidos a penales, arsenales y talleres.
La intención de la Gran Redada de 1749 resultaba clara: evitar la procreación del pueblo gitano y desarticular su estructura como colectivo social.
El objetivo era claro: impedir la reproducción del pueblo gitano y disolverlo como grupo humano. Hoy no habría dudas en calificar aquel plan como un intento de genocidio. Sin embargo, sigue siendo un episodio prácticamente ausente de los manuales escolares.
A la represión ejecutada por el Estado español se añade un drama todavía más ignorado: el exterminio gitano bajo el nazismo. Francisco Suárez Montaño señala que por encima de quinientos mil gitanos de Europa resultaron masacrados en los centros de aniquilación, siendo objeto del mismo razonamiento racial que devastó al pueblo judío.
No obstante, mientras el Holocausto judío mantiene un papel protagónico en el recuerdo europeo, el exterminio gitano continúa sumergido en un denso mutismo. El escritor relata su recorrido por el pabellón gitano de Auschwitz: desierto, sin concurrencia, desatendido incluso en el principal monumento al espanto de la pasada centuria. Dicha omisión, asegura, no es fortuita. Representa la confirmación de que el antigitanismo persiste activo incluso en el ámbito de la memoria.
El exterminio gitano bajo el nazismo sigue permaneciendo oculto tras un silencio total.
Una de las temáticas centrales de la obra consiste en el estudio de la supresión cultural. Iván Periáñez-Bolaño detalla de qué manera el veto al idioma romaní y la obligatoriedad de integrarse culturalmente constituyeron tácticas intencionadas para fracturar el legado de identidad. El habla no representa únicamente un canal comunicativo, sino un modo de percibir, razonar y habitar la realidad. Agredir el lenguaje significaba arremeter contra el recuerdo colectivo.
Aun con todo, la herencia gitana logró persistir. No mediante volúmenes escritos o centros educativos, sino a través de la tradición oral, las melodías, el entorno familiar y la creatividad. Dentro de este marco, el flamenco asume un sentido político de gran peso. No se trata únicamente de una categoría musical, sino de un medio para expresar el padecimiento, la falta de hogar y la lucha constante.
No obstante, la cultura gitana persistió. No mediante textos ni en los entornos académicos, sino a través del lenguaje, las melodías, el ámbito familiar y la expresión artística.
Tere Peña y Gonzalo Montaño examinan la forma en que el flamenco, estrechamente ligado a la vivencia gitana, ha sufrido una apropiación que lo ha privado de su trasfondo histórico. Transformado en un bien de consumo, frecuentemente ha perdido su esencia recordada. No obstante, continúa representando una de las contribuciones más significativas de la comunidad gitana al patrimonio mundial.
Tal como evoca Suárez Montaño, la creación artística gitana constituye el arte de la consolación: un contrasentido doloroso, el de una comunidad hostigada que ha brindado alivio estético y sentimental al entorno social que la excluía.
Esta obra no se restringe únicamente a lo ocurrido anteriormente. Examina la manera en que aquel relato de hostigamiento continúa influyendo en la actualidad. Fabián Daniel Sánchez trata la evolución de la validación legal de la comunidad gitana durante el periodo democrático, destacando las mejoras alcanzadas a partir de la Transición. No obstante, señala que la aceptación normativa no ha logrado erradicar las disparidades económicas reales.
Lola Cabrillana critica un modelo de enseñanza que por mucho tiempo ha servido como una herramienta de separación. Miguel Ángel Vargas examina el hogar y el entorno vecinal como lugares en los que se aglutina la marginación. Zonas señaladas, planes de urbanismo ineficaces y un recelo compartido entre los organismos oficiales y el pueblo gitano que mantiene vigente el ciclo de la exclusión social.
La idea resulta evidente: las disparidades de hoy en día no derivan de una presunta “falta de adaptación”, sino que son el resultado inmediato de siglos de determinaciones políticas.
Es claro deducir que las disparidades de hoy en día constituyen el resultado inmediato de siglos de determinaciones políticas.
Una de las secciones más impactantes de la obra es la escrita por Pastora Filigrana. Su examen sobre el feminismo romaní desafía cualquier estereotipo. Las mujeres gitanas se han visto obligadas a combatir una presión dual: el patriarcado propio y el racismo ajeno. Y han logrado esto elaborando una narrativa singular, cuestionando tanto el machismo como aquel feminismo hegemónico que frecuentemente las utiliza o las trata con condescendencia.
El feminismo romaní que brota de la obra es marcadamente político y sumamente inquietante. Defiende sus prerrogativas sin abandonar su esencia y demanda ser oído, rechazando cualquier tipo de tutela.
Pueblo Gitano. 600 años de historia y cultura en España no constituye una práctica nostálgica ni una venganza personal. Representa una validación de su propia realidad. Por centurias, la historia gitana ha sido narrada por terceros, frecuentemente bajo el sesgo o la burla. Esta obra sugiere transformar dicha dinámica y reconocer que el recuerdo colectivo funciona como un espacio de disputa ideológica.
La premisa que impregna este trabajo es tajante: el antigitanismo no constituye un error de antaño, sino un sistema que continúa vigente. Las legislaciones evolucionan y las narrativas se transforman, pero perdura la noción de que el pueblo gitano es un “otro” perpetuo.
El planteamiento principal que atraviesa toda la obra es categórico: el antigitanismo no representa un suceso lejano de tiempos pasados, sino una dinámica que continúa operando.
Transcurridos seiscientos años desde aquel salvoconducto de 1425, la exigencia continúa siendo la misma: la prerrogativa de integrarse plenamente en el relato de España. No como una mención secundaria, ni como mero costumbrismo, sino como un verdadero protagonista histórico.
El libro puede descargarse gratuitamente pinchando en este enlace.


