Las Claves
- El libro Valencia, luz y ceniza de Raquel Bada y Rosa Fuster ofrece un tributo lírico y social sobre la ciudad valenciana.
- La obra
«Barraca» equivale a fortuna en el idioma árabe. Me planteo si ese fue el motivo por el que Blasco Ibáñez bautizó así una de las piezas más afligidas de la literatura de Valencia, cuyo nombre percibo ahora como: “La suerte. La suerte de unos pocos.”
Observo mi urbe después de finalizar el libro «Valencia. Luz y ceniza», y mi mirada se siente nublada —tal vez empañada—, igual que si la jornada estuviera comenzando. Imagino que tal sensación surge al hallar de nuevo aquello que pensabas dominar por completo. Es un volumen publicado por la editorial Tintablanca que va más allá de la simple guía de trayectos para transformarse en un tributo lírico, social y de memoria a la urbe de Valencia. Adentrarse en este texto permite identificar las huellas de antaño al tiempo que se camina, con cautela, por una Valencia que continúa narrándose entre el brillo solar y el rastro de las llamas.
Portada del libro Valencia, luz y ceniza
A lo largo de este recorrido por las letras, hallamos que Valencia constituye una urbe redactada por múltiples relatos, narrada hoy mediante el rastro imborrable del recuerdo. Por sus hojas transitan personalidades célebres de sobra conocidas, autores que legaron expresiones, pinceladas o conmociones en el imaginario común: Sorolla, María Beneyto, Patti Smith, Antonio Machado, Joan Fuster, Jaume Roig, Antonio Fillol, José Estellés, Goya, Luis Cernuda, Octavio Paz, Elena Garro… junto a otros cruzan el relato discretamente, conversando con la Valencia de hoy; dotándola de mayor lirismo, si es que resulta posible.
Esta excursión transita por los rincones más significativos –desde un punto de vista afectivo– de la urbe. El itinerario se inicia en La Albufera –ya que “Todo empieza en la tierra. En las manos que la parten. En ese vínculo silencioso entre campo, agua y una cultura que en el arroz encontró su reflejo”–, prosigue a través del barrio del Cabanyal y nos muestra el Cauce del Río Túria como una cartografía emocional de la localidad. La escritora afirma: “Rosa Fuster –ilustradora de este volumen– me contó que durante meses se orientaba con el río. No conocía aún las calles, pero sabía que si llegaba al cauce, encontraba su lugar. El Turia como brújula. Me pareció precioso porque yo también he vivido el jardín como mapa, como refugio, como espacio de encuentro y, a veces, de escape.”. Encuentro llamativo que Rosa, la dibujante, tenga justamente ese apellido: Fuster.
Dentro de esta obra, la perspectiva detallada sobre lo poético y lo estético de Raquel Bada –autora, relatora y responsable de Bamba editorial– emplea un relato sugerente con el fin de entrelazar el recuerdo y la actualidad, expresando verbalmente ese sentimiento de pertenencia que portamos los valencianos. Asimismo, se alimenta del resplandor creativo de Rosa, el cual permite que el lenguaje adquiera vitalidad, estructura y tonalidad.
La denominación alude a esa dualidad que ostenta Valencia: es justamente su resplandor –tan propio– el que resalta las fisuras, proyecta las sombras y otorga claridad a los restos. Cada fragmento parece redactado desde una perspectiva capaz de querer sin adornos, que transita por vías, memorias y ausencias con el mismo cuidado con el que se contempla una lesión en proceso de sanación. Existe hermosura, ciertamente, aunque también fuego. Existe pasado, pero carente de pompa. Y fundamentalmente aparece un tono que comprende que las urbes, al igual que los individuos, se edifican tanto a partir de lo luminoso como de lo consumido.
Explorar esta creación consiste en desplazarse pausadamente por un espacio habitual y descubrir que, pese a haberlo contemplado en repetidas ocasiones, nunca lo habíamos captado de verdad.
Una muestra clara reside en la narrativa culinaria, la cual traslada la esencia sagrada de las costumbres de cocina al presente, mediante figuras destacadas como Ricard Camarena, Quique Dacosta, y hábitos tales como la práctica del esmorzaret y el cremaet a modo de cierre.
Una imagen auténtica de la pasión fallera que únicamente se comprende desde el interior: “Más de una vez me han preguntado —también durante este libro— qué nos pasa a los valencianos con el fuego. «Quiero entenderlo», insisten. Pero me temo que trasciende un poco lo racional, la lógica. Admito que puede que sea difícil si no se ha vivido Valencia desde siempre. Si no has crecido con el estruendo como banda sonora de marzo, con el olor a pólvora pegado a la ropa. Hay algo muy enraizado que no necesita explicación. Incluso cuando la fiesta se desborda, cuando las calles parecen campos de batalla. Incluso entonces, comprendemos. Cuando la mascletà rompe el cielo a las dos en punto, cada día de marzo, comprendemos. Cuando la despertà nos arranca del sueño con petardos y pasacalles, también comprendemos (...)”
Recorrer esta obra es transitar con calma por un sitio familiar y notar que, a pesar de haberlo observado tanto, jamás lo habíamos percibido realmente.
Valencia, luz y ceniza. De Raquel Bada y Rosa Fuster. Tintablanca, 2025