Las Claves
- Mariano Roca de Togores acuñó el término terreta para una región que ha crecido poblacionalmente un 37,5% recientemente.
- Val
Resultó ser Mariano Roca de Togores, reconocido vate, estadista e integrante de la RAE, el que hace cerca de dos centurias denominó a la región de Alicante como “la millor terreta del món”. Inconscientemente, ese varón de Albacete, establecido en Orihuela y muerto en Lekeitio, que portaba con honra la distinción de marqués de Molins, dio inicio a la difusión de un vocablo que bastantes valencianos emplean actualmente como sinécdoque, sustituyendo el conjunto por el fragmento. Ni el pretérito Regne, ni el actual País ni la desabrida Comunitat. No existe denominación formal que cuente. Para estos es la terreta. Sin más.
Turistas en la plaza de la Reina de València
La belleza de su entorno natural y la abundancia de luz solar han popularizado esa denominación presuntamente afectuosa. La vitalidad financiera, a pesar de la subordinación desmedida a las actividades terciarias, igualmente ha impulsado el arribo masivo de residentes extranjeros. De este modo, en el lugar donde hace 30 años residían cuatro millones de personas, en la actualidad conviven cinco millones y medio. Se trata de un crecimiento muy destacado, del 37,5%, que sobrepasa el 35% de Madrid y el 28% de Catalunya, duplica el 18% de Andalucía y sextuplica el 6% del País Vasco. Sin mencionar a Galicia, que durante dicho lapso ha visto reducida su población en un 5%.
Contrariamente a lo que se pueda pensar, la urbe no se ha expandido de forma tan acelerada: València contaba con 750.000 residentes en 1995 y no alcanzó la cifra de 800.000 sino hasta superada la crisis sanitaria. A partir de ese momento, no obstante, ha acogido a una gran cantidad de inmigrantes, llegando casi a las 850.000 personas. Sin embargo, al observar los datos con mayor detalle y examinar este incremento poblacional, se percibe que en la metrópoli viven 5.000 nacionales menos que hace un lustro y 60.000 foráneos más que en aquel periodo.
Los efectos de dicha inclinación se notan cotidianamente: el aumento en los costes habitacionales, la expansión de negocios que buscan una supuesta sofisticación internacional usando carteles en lengua inglesa, las principales cabeceras mundiales que destacan a València como el destino perfecto para residir debido a su meteorología, su cocina o su oferta cultural «dinámica»... Una serie de factores que modifican el paisaje de la ciudad de forma acelerada, de manera similar a lo que ocurre en otras metrópolis de Europa.
Pocos jóvenes valencianos mantienen el anhelo de hacerse mayores en su localidad natal. Una amplia mayoría no conseguirá declamar el famoso “ací em pariren i ací estic” de Estellés.
Escasos jóvenes de València confían en poder pasar su vejez en su urbe. Gran parte de ellos no logrará cantar el célebre “ací em pariren i ací estic” de Estellés. València se ha transformado en un destino para turistas que ignoran el pasado histórico de la zona, para quienes València representa únicamente otro sitio de España, carente de identidad particular, y el idioma autóctono resulta una antigüedad incómoda que dificulta los carteles. Así, siguiendo este camino, “la millor terreta del món” está extraviando su alma y convirtiéndose, sencillamente, en un rincón cualquiera del planeta.