Las Claves
- Alzira prepara los 750 años del fallecimiento de Jaume I manteniendo la creencia popular de que el monarca murió en dicha localidad.
- El historiador
Alzira alista los preparativos para celebrar los 750 años del fallecimiento de Jaume I mediante una extensa programación de eventos culturales, educativos y populares. Muestras artísticas, recitales, recorridos de historia, representaciones, ornamentos en el alumbrado y enseñas en las fachadas marcarán a lo largo de varios meses este hito que la cabecera de la Ribera Alta asume con orgullo. Dentro del pensamiento común de la población, fuertemente consolidado, se mantiene una creencia heredada por siglos: Alzira fue el lugar donde expiró el monarca conquistador, creador del Reino de València.
No obstante, el pasado —al ser analizado con metodología y contrastado estrictamente con los orígenes documentales— relata una realidad distinta. Los archivos de la Edad Media, los relatos de la época y las actas de cancillería ratifican de forma definitiva que Jaume I falleció en la urbe de València el 27 de julio de 1276. De este modo lo ha destacado hace poco el experto en medievo y Cronista de la Ciutat de València Vicent Baydal en su texto «Jaume I va conquerir València i va morir a València», editado en la revista Lletraferit, en el cual organiza y resalta una serie de evidencias que eliminan cualquier incertidumbre.
El debate sobre el sitio del fallecimiento de Jaume I ha cobrado un nuevo impulso con la proximidad del año 2026, designado oficialmente como el Any Jaume I.
El asunto, más allá de representar una mera exactitud territorial, inicia una discusión de gran envergadura: aquella que contrapone el vigor de los relatos transmitidos verbalmente con la firmeza de los registros históricos, e incita a meditar acerca de la forma en que se forjan los recuerdos compartidos y las identidades de cada lugar.
El debate acerca del sitio donde falleció Jaume I ha cobrado un nuevo impulso ante la proximidad del año 2026, designado formalmente como Any Jaume I para conmemorar los 750 años de su deceso. Hasta en la sesión plenaria de la Diputación de València se mencionó fugazmente este tema, lo que demuestra cómo la convicción de que expiró en Alzira permanece vigente en gran parte de la población valenciana.
No consiste en un planteamiento secundario ni de creación actual. Por mucho tiempo, ha sido difundida por comunicadores, relatores regionales e incluso por expertos, frecuentemente con cautela, exponiéndola como una teoría razonable. Dicha narración ha hallado espacio en textos científicos, notas de prensa y diversas expresiones culturales de hoy. La costumbre resultó tan constante que, durante un periodo extenso, se consideró coherente con los registros documentales.
No obstante, como señala Baydal en Lletraferit, la historia no se construye con tradiciones de buena fe, sino a través de fuentes verificadas.
La base fundamental para recrear las jornadas finales de Jaume I consiste en su relato personal, El Llibre dels fets. En dicha obra, el mismo soberano narra de qué manera, al iniciarse la época estival de 1276, durante el apogeo de la insurrección sarracena en el Reino de València, empezó a experimentar una grave dolencia. Partiendo de Xàtiva optó por dirigirse hacia Alzira:
Nos invadió un poco de desánimo, así que partimos de Xàtiva y nos dirigimos a Algezira.
Estuvo durante diversas semanas en la cabecera de la Ribera Alta. Su condición física empeoró de forma gradual y en ese lugar, del 20 al 23 de julio, efectuó cambios significativos en su última voluntad, los cuales fueron rubricados in Algicira. Durante aquellas jornadas renunció al trono en favor de su descendiente y sucesor, Pere, a quien dijo adiós con total lucidez sobre la inminencia de su fallecimiento.
El mismo monarca consideró seriamente la opción de fallecer en Alzira y estableció órdenes detalladas acerca de su sepultura temporal.
El monarca mismo consideró de forma explícita la opción de fallecer en Alzira y estableció pautas detalladas acerca de su sepultura temporal, hecho que ha servido como uno de los fundamentos en los que se ha apoyado la costumbre de la zona. No obstante, tal como recalca Baydal, el escrito no concluye en ese punto.
El Llibre dels fets resulta claro sobre un aspecto fundamental que por bastante tiempo fue ignorado o minimizado. Jaume I partió desde Alzira y arribó a València. Él mismo lo dejó plasmado por escrito:
Teníamos el propósito de acudir a Poblet, […] y habiendo ya salido de Algezira y encontrándonos en València, se nos agravó la dolencia y plugo a Nostre Senyor que no finalizáramos el mencionado trayecto.
En otras palabras, el monarca no falleció en Alzira ni durante el trayecto, sino tras su arribo a València. El final del Llibre dels fets, según señala Baydal, escrito ya en tercera persona, resulta aún más determinante:
En este lugar de València, en el año de mil doscientos setenta y seis, sexto kalendas augusti, el distinguido Jacme […] dejó este mundo.
Para el experto en el medievo, este fragmento, por cuenta propia, tendría que haber resultado suficiente siempre para concluir la disputa. No obstante, la costumbre oral, fortalecida mediante documentos posteriores y la duplicación sin juicio, terminó instaurando una narración diferente.
El experto señala tres causas fundamentales en el surgimiento de la noción de un deceso en Alzira. El motivo inicial es obvio: el extenso periodo final del monarca en la población fluvial y la circunstancia innegable de que allí renunció a la corona y estableció su testamento.
La segunda referencia proviene de un origen tardío y de escasa credibilidad: una incorporación de la centuria XV a las Històries de Pere Tomich, la cual sostiene sin presentar evidencia que «otros comentan que falleció en la localidad de Algezira». Según señala Baydal, el mismo Tomich comete errores respecto a otros decesos monárquicos, contando el del descendiente de Jaume I, Pere el Gran, a quien ubica de forma equivocada en Vilafranca del Penedès.
La tercera pieza es la costumbre ligada a la Creu Coberta de Alzira, un monumento gótico localizado en las cercanías de la urbe, al lado del viejo sendero hacia València. El relato popular afirma que se construyó en el sitio preciso donde el monarca enfermó gravemente o falleció. No obstante, no hay ningún escrito de la época que confirme esta versión. Es en realidad un crucero de camino, cuya relación con Jaume I se circunscribe únicamente al terreno de la transmisión verbal.
Ante tales planteamientos, los registros que ubican el fallecimiento de Jaume I en València resultan, según afirma Baydal, «abundantes, nítidos e irrefutables». Al relato autobiográfico se añade la evidencia del sepulcro de Poblet, identificado mediante reproducciones previas a su devastación en 1835, en las cuales se apreciaba con total claridad obiit Valentiae.
Ante estas interpretaciones, las crónicas que localizan el deceso de Jaume I en València resultan, según indica Baydal, «abundantes, nítidas e irrefutables»
Además, existen otros detalles. El investigador Joaquim Miret detalló con gran precisión el recorrido postrero del soberano basándose en los archivos de la Cancillería Real. Durante el 23 de julio, Jaume I rubricó escritos en Alzira. No se mantienen registros correspondientes a las jornadas del 24 y 25. El 26 de julio, un día antes de fallecer, validó en València diversos textos administrativos que actualmente se encuentran en el registro 22 de la Cancillería.
Incluso el registro de su hijo y sucesor, Pere el Gran, es inequívoco:
En el Anno Domini Mº CCº LXXº sexto, en Valentiae, el dominus infans obtuvo el mando tras el fallecimiento de su progenitor, el VI kalendas augusti.
Según Baydal, este escrito clausura de forma concluyente toda controversia lógica.
El historiador Ramón Muntaner también ofrece indicios acerca del fallecimiento de Jaume I.
A estas evidencias se agrega el testimonio de Ramon Muntaner, quien escribió tiempo después, pero tenía once años cuando Jaume I falleció. Su narración es pormenorizada y afectiva:
«Mientras se encontraba en la ciudad de València […] lo llevaron al Reial, y allí se confesó frecuentemente y comulgó».
Muntaner narra asimismo la conmovedora aflicción comunitaria que experimentó la urbe a lo largo de cuatro jornadas, mediante desfiles, lamentos y manifestaciones externas de pesar que difícilmente habrían tenido lugar si el monarca hubiera fallecido lejos de València.
Reconocer que el deceso de Jaume I tuvo lugar en València no aminora de ninguna forma el peso histórico de Alzira. Más bien al revés. Según enfatiza Baydal en Lletraferit y en sus ponencias de actualidad, la localidad constituyó uno de los enclaves esenciales del Reino de València en el transcurso del siglo XIII.
Jaume I acudió a Alzira en más de doce veces, permaneció allí por periodos prolongados y resultó ser uno de los escasos municipios donde mandó edificar un hogar personal, la Casa Reial. En Alzira organizó Cortes Generales durante una etapa complicada del vínculo con su descendiente Pere, transformando la urbe, temporalmente, en el centro administrativo de la Corona de Aragón.
En aquel sitio transcurrió el mes final de su existencia —exceptuando las dos últimas jornadas—, allí renunció al trono y redactó su voluntad testamentaria, dejando una impronta imborrable que integra la esencia histórica de la urbe.
Vicent Baydal en la presentación de uno de sus liros
Vicent Baydal recalca que el asunto no tiene que enfocarse como un enfrentamiento entre València y Alzira, sino más bien como una muestra de madurez historiográfica. El legado oral integra el acervo cultural, aunque no es capaz de reemplazar a los documentos cuando estos resultan evidentes.
El Any Jaume I brinda, en este aspecto, una ocasión inigualable: conmemorar el profundo lazo de Alzira con el monarca conquistador sin dejar de lado la precisión histórica. Admitir que su fallecimiento no ocurrió en ese lugar no resta valor a la narración; la potencia, al ubicarla dentro de su contexto verdadero.
Jaume I accedió a València el 9 de octubre de 1238. Pasados treinta y ocho años, el 27 de julio de 1276, perdió la vida en la citada población. En el intervalo de ambos momentos transcurre la historia del iniciador del Reino de València.
Alzira tiene la posibilidad —y la obligación— de continuar conmemorando su protagonismo en dicho relato. No obstante, tal como señala Baydal, al contrastar el saber popular con los registros históricos, en esta ocasión los documentos se expresan con nitidez: Jaume I tomó València y falleció en València.


