Las Claves
- Las madres de los niños accidentados en Indonesia regresaron a Valencia mientras el padre del menor desaparecido continúa en el extranjero.
- El naufragio en el Parque Nacional de Komodo
Las progenitoras de los niños que iban a bordo de la embarcación de recreo siniestrada el 26 de diciembre en el Parque Nacional de Komodo ya han vuelto a España, aunque el padre del pequeño que no pudo ser localizado tras el operativo de rastreo de quince días continúa todavía en Indonesia.
Las mujeres buscan reposar junto a sus parientes en Valencia tras el siniestro que se saldó con tres víctimas mortales, un adulto y dos menores, dos sobrevivientes, una mujer y una niña, y un niño de 10 años que sigue sin ser localizado, Quique, hijo de la sobreviviente y de una antigua pareja.
Por ahora no se ha considerado la opción de continuar con el rastreo del menor que aún sigue sin ser localizado.
De acuerdo con testimonios de los parientes impactados por el siniestro en Indonesia, el antiguo compañero de la superviviente permanece en el sitio, y constituye el único miembro de los grupos familiares que aún no ha regresado a España.
Los restos de Fernando Martín y de los dos infantes que fueron localizados han sido cremados en Indonesia, tras realizarse allí un breve acto conmemorativo.
Actualmente no se ha contemplado la opción de continuar el rastreo del menor que sigue sin aparecer mediante recursos particulares, tras la decisión de Indonesia de concluir este viernes las labores de localización del pequeño.
Las brigadas de rastreo inspeccionaron minuciosamente a lo largo de un periodo de dos semanas el lecho marino y la superficie del mar.
Hace quince días, el 26 de diciembre, la embarcación turística donde se trasladaba el pequeño con sus parientes zozobró en el Parque Nacional de Komodo. El descanso navideño de la familia, cuyos miembros adultos se casaron hace menos de un año, acabó en una desgracia cuando el navío KM Putri Sakinah se fue a pique en la isla de Padar cerca de las 20:30 hora local del 26 de diciembre (12:30 GMT).
Las brigadas de localización exploraron detalladamente a lo largo de quince días las profundidades y la superficie del mar, junto con las orillas de múltiples islas que forman este sector turístico, célebre como paraje de buceo y hábitat de los dragones de Komodo.
Luego del hundimiento, que se sospecha fue causado por el choque inesperado de tres olas de gran tamaño que hicieron zozobrar la nave en pocos segundos, fueron puestas a salvo dos españolas -madre e hija- además de los cuatro tripulantes, incluyendo al capitán y a un guía del lugar.
El 29 de diciembre, los equipos de emergencia hallaron los restos de una niña de 12 años a aproximadamente un kilómetro del área del naufragio; este último domingo se localizó el cadáver del adulto, a poco más de 2 kilómetros de dicho punto.
Este martes se hallaron los restos de un pequeño de 9 años, encontrados cerca de la armazón del navío accidentado, a unos 14 kilómetros del punto del suceso. En bastantes casos, fueron los pescadores quienes divisaron los cuerpos y alertaron a los equipos de rescate.
Los fallecidos en el siniestro son Fernando Martín, antiguo jugador y técnico del conjunto femenino B del Valencia CF; su descendiente, Mateo, de 9 años; y Lía, de 12 años, hija de la pareja de Martín, Andrea Ortuño, que fue socorrida tras el accidente junto a otra de sus niñas, de 7 años.
Aunque la operación se dio por terminada, los responsables señalaron que realizarán un monitoreo extra de los datos que brinden nuevos indicios sobre la ubicación del extraviado, dado que cientos de embarcaciones parten diariamente desde Labuan Bajo y diversos pescadores trabajan en esas aguas.
Los oficiales vincularon al principio el naufragio a un fallo mecánico, si bien posteriormente comentaron a EFE que pudo originarse por un “inusual e impredecible” suceso marítimo que generó el fuerte oleaje que habría volcado la embarcación.
La Policía responsable del asunto indicó que las pesquisas continúan “abierta”, tras haber identificado como presuntos culpables de una probable imprudencia con consecuencias fatales al capitán y al jefe de máquinas del navío accidentado, cargo que conlleva penas de hasta 5 años de reclusión.
