Comunidad Valenciana

Mossén Sorell: de mercado tradicional a espacio gourmet, la conversión de València se acentúa

Transformación social

El mercado que se quedó con apenas cuatro paradas activas busca una segunda vida en el Carme, un barrio marcado por la turistificación

Un grupo de personas disfruta de un aperitivo en el mercado de Mossén Sorell 

Un grupo de personas disfruta de un aperitivo en el mercado de Mossén Sorell 

Ajuntament de València

Encarnita, con la ayuda inestimable de su marido Rafa, era el alma del mercado de Mossén Sorell. Diseccionaba el pescado y quitaba todas y cada una de las espinas para alivio de los más pequeños. Pequeños como los de la Escoleta del Carmen que cada año acudían al cercano mercado acompañados de Pilar a ver todo tipo de pescados, frutas, verduras, el género de la carnicera o los buenos embutidos de una de las paradas que más tiempo resistió a la transformación que vive València y sus mercados.

Y es que tras la marcha de Encarnita, que primero estuvo muchas semanas de baja por una enfermedad y cuando volvió ya colgó el cartel de se traspasa, el mercado empezó su declive. La pescadería se traspasó, pero las nuevas propietarias apenas pudieron dar continuidad al negocio y, poco a poco, las paradas que permanecían abiertas fueron quedándose vacías. 

Tras el verano de 2025, solo cuatro de los 12 puestos ejercían la venta de manera habitual, de los que cuales, explican desde el Ayuntamiento de València, dos estaban ya dedicados a la actividad de bar. Una situación que obligó a los propietarios de los puestos a reinventarse y reclamar al Consistorio un nuevo modelo comercial con la idea de apostar por un espacio gourmet. Una fórmula que permite la degustación de los productos comprados en el propio mercado y que se adapta a los nuevos tiempos de más turistas y menos compradores.

En la que fuera pescadería de Encarna y Rafa ahora hay conservas de calamares, ventresca o zamburiñas. Los pollos, conejos, longanizas y fiambre de la carnicería de al lado han sido sustituidos por ordenados paquetes de jamón de muy buena calidad envasado al vacío. Mientras que las frutas y verduras de uno de los puestos han dejado paso a botellas de vino que esperan ser descorchadas. Las estupendas tapas de la Barra de Boni y los elaborados platos de Vinostrum son el buque insignia del nuevo proyecto en cuyo negocio se han embarcado también los hijos del histórico político asesinado por ETA, Manuel Broseta, como adelantó eldiario.es

La llegada de la familia Broseta ha facilitado el cambio de modelo de mercado

Precisamente el aterrizaje de la conocida familia valenciana ha sido clave para tener una mayoría suficiente con la que pedir al Ayuntamiento el cambio de modelo. Luis Palomar, titular de Vinostrum, la vinoteca que abrió en el mercado en 2008, justifica el cambio en la necesidad de “dinamizar y resucitar” un espacio en pleno centro histórico “en el que la venta tradicional había muerto”.

La transformación de Mossén Sorell no es más que el reflejo de los cambios que vive una ciudad como València, con un centro histórico donde cada vez hay más servicios para turistas y visitantes y menos comercio local. La hostelería eso sí, se ha hecho fuerte y va ganando espacio en bajos y, ahora también, en un pequeño mercado de barrio.

La transformación de Mossén Sorell es un reflejo de un centro histórico con cada vez más negocios para visitantes y menos comercio local

De hecho, será este tipo de locales los que impidan el cierre definitivo de este espacio que parecía condenado. Explican fuentes municipales que Mossén Sorrell, tras los permisos dados por el Ayuntamiento, será el segundo proyecto de mercado gastronómico tras el del Grau. Este, después de permanecer ocho años cerrado, cuentan desde la Delegación de Comercio y Mercados, se abrió con un modelo mixto de venta y consumición in situ de los productos que se venden en cada parada. 

Una fórmula como la de Mossén Sorrell que les permite, cuenta Luis Palomar, abrir algunos festivos o no cerrar todas las tardes. De hecho, la idea es poder alargar los viernes y sábados hasta las 12 de la noche. Eso sí, insisten desde el Consistorio, la ampliación del horario del mercado más allá del del personal municipal y la utilización de mesas y sillas para el consumo dentro del recinto están condicionadas a la contratación de los respectivos servicios por parte de la asociación de vendedores.

Un fenómeno que sigue creciendo pero que todavía, señalan las mismas fuentes del gobierno local, no se ha impuesto en grandes mercados tradicionales como el Central, Cabanyal o Russafa. En el caso del Central, objetivo de los miles de turistas que visitan la ciudad, el debate entre los comerciantes de toda la vida y los que buscan nuevas oportunidades de negocio explotando el boom de visitantes, es evidente. Así, muchas de las nuevas paradas se dedican a comida preparada y lista para ser degustada ode productos de degustación conviven con la parada del tendero de toda la vida en una ciudad cada vez más gentrificada. Veremos por cuánto tiempo.

Hèctor Sanjuán

Hèctor Sanjuán

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Licenciado en Periodismo (2005) y Ciencias Políticas y de la Administración (2012). Redactor de Guyana Guardian en la Comunidad Valenciana desde enero de 2021. Antes, en El Mundo. Ha participado en varios libros sobre la Comunidad Valenciana