Comunidad Valenciana
Salvador Enguix Oliver

Salvador Enguix

Periodista

La fractura valenciana

Diario de València

Esta semana política valenciana ha sido un pequeño tratado, casi pedagógico, sobre una de las patologías más persistentes de nuestra comunidad: la incapacidad de sus principales actores para actuar de forma coordinada cuando están en juego intereses estructurales fundamentales. No hablamos de una anécdota ni de un desencuentro menor, sino de un síntoma profundo de esa enfermedad que convierte a algunas periferias en territorios políticamente mudos, incapaces de hacerse oír allí donde realmente se deciden las cosas.

Palau de la Generalitat Valenciana Valenciana
Palau de la Generalitat Valenciana ValencianaGVA

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, ha invitado a los síndics de los grupos parlamentarios a mantener reuniones bilaterales. Un gesto, en apariencia, de apertura institucional. Sin embargo, el contexto y las ausencias lo convierten en algo muy distinto. Compromís, el grupo más reivindicativo en materia de financiación autonómica, ha anunciado que no acudirá. El PSPV sí lo hará, pero expresando su malestar por una ausencia clamorosa: Pérez Llorca no ha convocado una reunión bilateral con Diana Morant, secretaria general del PSPV y ministra del Gobierno de España, algo que Mazón sí hizo en su momento.

Mientras tanto, el president cede disciplinadamente a la estrategia nacional del PP para rechazar la propuesta del Gobierno sobre un nuevo modelo de financiación autonómica, al tiempo que ignora —o posterga indefinidamente— la petición reiterada de la patronal y de los sindicatos para abrir una negociación bilateral con el Ejecutivo central. Todo ocurre en paralelo, como si no tuviera relación. Pero la tiene. Y mucha.

Esta semana presento mi ensayo Las periferias mudas en La Nau de València, junto a Joan Romero y Enric Juliana. El libro aborda dos dinámicas que se refuerzan mutuamente: cómo el centralismo creciente erosiona la cohesión territorial y empobrece a determinadas periferias; y cómo, al mismo tiempo, las élites locales de esos territorios —políticas, empresariales, sindicales, civiles— fracasan una y otra vez en su capacidad de condicionar las decisiones del Estado que las afectan directamente. La financiación autonómica es el ejemplo más evidente, pero no el único.

Las periferias no son mudas por naturaleza. Se vuelven mudas cuando sus élites renuncian a hablar juntas, a coordinarse, a incomodar al poder central cuando es necesario

Lo ocurrido estos días en la Comunitat Valenciana es la traducción exacta de ese diagnóstico. De un lado, un president que se pliega a la lógica de partido, el PP, aunque eso suponga desactivar una reivindicación transversal y ampliamente compartida por la sociedad valenciana. De otro, una oposición fragmentada, incapaz de convertir esa debilidad del Consell en una palanca de presión real. Y en medio, unas organizaciones empresariales y sindicales que lanzan mensajes razonables, incluso urgentes, que se pierden en el ruido político sin encontrar un espacio efectivo de negociación.

El resultado es conocido y medible. La Comunitat Valenciana pierde año tras año posiciones respecto al PIB medio español. Nos empobrecemos en términos relativos. Somos una comunidad infrafinanciada, con menos recursos para servicios públicos, para inversión productiva, para políticas de cohesión, que un largo listado de autonomías. Y, sin embargo, seguimos comportándonos como si este fuera un problema secundario, gestionable a golpe de gestos simbólicos o de declaraciones retóricas.

Lo más grave no es la discrepancia —que es consustancial a la democracia—, sino la ausencia de una mínima cultura de acción conjunta cuando el interés general lo exige. No hay una mesa común (hace tiempo que se desactivó la Plataforma per un Finançament Just). No hay una estrategia compartida. No hay una voz valenciana reconocible en Madrid. Hay, en cambio, una suma de tácticas cortoplacistas, cálculos partidistas y silencios estratégicos que, combinados, nos debilitan. Y fractura, una profunda fractura.

Las periferias no son mudas por naturaleza. Se vuelven mudas cuando sus élites renuncian a hablar juntas, a coordinarse, a incomodar al poder central cuando es necesario. La valenciana es hoy una periferia que habla mucho, pero dice poco; que convoca reuniones, pero evita las decisivas; que identifica bien el problema, pero se muestra incapaz de construir la fuerza política y social necesaria para afrontarlo.

La valenciana es hoy una periferia que habla mucho, pero dice poco; que convoca reuniones, pero evita las decisivas; que identifica bien el problema, pero se muestra incapaz de construir la fuerza política y social necesaria para afrontarlo”

Esta semana no ha pasado nada excepcional. Precisamente por eso debería preocuparnos. Porque lo excepcional sería lo contrario: ver sentados en una misma mesa al Consell, a la oposición, a los agentes sociales, reclamando de manera conjunta lo que nos corresponde. Hasta que eso ocurra, seguiremos descendiendo en la estadística, empobreciéndonos en silencio y confirmando, una vez más, que las periferias mudas también se gobiernan… pero siempre desde fuera.

Salvador Enguix Oliver

Salvador Enguix Oliver

Periodista

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Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de Guyana Guardian desde 1991

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