Comunidad Valenciana
Agnès Noguera

Agnès Noguera

Consellera Delegada de Libertas 7

Las dos letras L en el escudo de València y el recuerdo de Pérez Casado.

Desde la calle Caballeros

¿Conocen la razón por la que el blasón de la urbe de València se muestra custodiado por un par de letras L?

A fin de localizar la explicación resulta preciso viajar casi ocho siglos atrás, hasta 1237, fecha en la cual Jaume I de la Casa de Aragón completó la ocupación de la urbe. El soberano no únicamente se apoderó de València por la vía militar, sino que le concedió un ordenamiento legal singular: el Costum, la compilación dels Usatjes, las prácticas y normas que coordinaban la existencia citadina y las prerrogativas de su gente. Ese Costum representó la base de Els Furs, validados oficialmente por Jaume I en 1261 y que determinaron por mucho tiempo el carácter político y legal del Reino de València, hasta su derogación por los decretos de Nueva Planta en 1707.

Ricard Pérez Casado en imagen de archivo con su libro “Viaje de ida, memorias políticas” en la librería de Publicacions de la Universitat de València
Una imagen histórica de Ricard Pérez Casado al lado de su creación “Viaje de ida, memorias políticas” en la sede de Publicacions de la Universitat de València.Propias

El núcleo de la autoridad —civil, castrense y eclesiástica— permaneció ubicado en el mismo emplazamiento que ocupaba desde tiempos remotos: la presente plaza de la Virgen y el comienzo de la calle Caballeros. En ese punto se solaparon el foro romano, la catedral visigoda, la mezquita mayor y, por último, la catedral cristiana de los reyes de València.

No obstante, el siglo XIV resultó ser una época difícil. La peste negra y los brotes posteriores mermaron considerablemente a los habitantes; la Guerra de la Unió puso en confrontación a la urbe contra los abusos del poder real; ocurrieron ataques contra la morería y, posteriormente, contra la judería. Como cierre, València debió soportar un par de sitios por parte del rey castellano Pedro I, apodado el Cruel, dentro del contexto de la disputa mantenida con Pere II de Aragón, identificado en Valencia como Pere el Cerimoniós: la denominada guerra dels Dos Peres.

Pere III de Catalunya-Aragó, el Cerimoniós
Pere III de Catalunya-Aragó, el CerimoniósRetrato atribuido a Gonçal Peris

La urbe aguantó. En un par de oportunidades. Y aquello no resultó un hecho insignificante. Pere el Cerimoniós —igualmente evocado como el del punyalet— otorgó a València la distinción de doblemente leal tras haber contenido, en dos momentos distintos, a los ejércitos de Castilla. Al mismo tiempo, se consolidó la consideración hacia la autoridad civil por parte del citado monarca. De este suceso provienen las dos letras L que custodian desde aquel tiempo el emblema heráldico de nuestra capital. No constituyen una simple decoración: representan una manifestación de identidad.

Pere el Cerimoniós —igualmente evocado como el del punyalet— otorgó a València la distinción de doblemente leal por haber contenido con éxito, en un par de momentos, a los ejércitos castellanos.

Ese concepto de València como una población íntegra consigo misma, con sus organismos y con sus habitantes recorre las épocas hasta alcanzar nuestros días. Por tal motivo es ineludible mencionar, al referirse a emblemas y conciencia social, a Ricard Pérez Casado, fallecido hace poco tiempo. Cronista meticuloso y primer edil en una de las fases más determinantes de la València de hoy, logró comprender que una capital no se lidera solo mirando el ahora, sino desde la estima sincera por su trayectoria y la aspiración pausada de su destino.

Pérez Casado abogó por una València plural, ilustrada y conocedora de su pasado, distante tanto del costumbrismo superficial como de la amnesia deliberada. En cierta medida, personificó ese compromiso que manifiestan las dos L del escudo: fidelidad a la urbe auténtica, al entendimiento común y al decoro de las instituciones.

Las insignias cobran relevancia cuando logramos interpretarlas. Las letras L presentes en el blasón de València no se limitan a relatar un conflicto bélico de la Edad Media; nos señalan que esta urbe, al mantenerse leal a su esencia, ha logrado aguantar, renovarse y progresar. Tal vez esa sea la enseñanza más vigente de todas.